Una mujer para amar

La primera novela de Paula Puebla, Una vida en presente (2018) editada por 17grises, es un relato crudo y sensible que muestra a través de la vida de una mujer sola la reivindicación de un oficio ancestral, y también evidencia uno de los grandes males de nuestra época. 

Por Agustina del Vigo

Una vida en presente (17grises, 2018) de Paula Puebla es una novela sobre las mujeres de esta era, las que no le temen a las críticas ni a vivir en contra de la corriente. Mujeres que pueden vivir solas, mantenerse a sí mismas y a sus hogares. Que también pagan altos precios -íntimos y sociales- por la autosuficiencia y la soledad.

María, la protagonista de esta historia, es tía, hermana, dueña de Beba (una gatita blanca), de un departamento reciclado en Av. de Mayo, y proveedora de placeres infinitos para quienes puedan pagarlos. Se gana el pan siendo escort de lujo: su vida transcurre entre camas con sábanas de seda, departamentos alquilados para el engaño, y recovecos donde se encuentran algunos de los malandras más importantes de Buenos Aires. Ella es una trotamundos que deambula como un espectro solitario entre el ámbitos de los ricos (ministros y políticos) y el de los pobres, aquellos que sirven al primer grupo, y quienes en definitiva, sostienen todos sus asuntos. También pasea por la clase media, donde tiene a su enamorado mediocre que jamás dejará a su esposa y que, sin embargo, le compra a ella un lugar donde vivir. Un amor egoísta y obsesivo que repugna, pero que se aprovecha, y que solo viene a reafirmar la depresión de haber conseguido una vida envidiable, pero dolorosamente vacía.

La autora escribe una novela propiamente porteña tanto en su lenguaje como en la descripción de los lugares que la protagonista transita. A medida que se avanza en la lectura, resuenan, cada vez más claras y fuertes, las pisadas de Los reventados (1974), novela de Jorge Asís, un ya clásico retrato sobre la sociedad porteña que describe cómo generaban dinero los “reventados”, esa fauna particular de Buenos Aires, en una sociedad sacudida por la vuelta definitiva de Juan Domingo Perón hacia 1973. Esta versión femenina de esa oda a la supervivencia urbana, se adentra, más bien, en el mundo íntimo de una mujer, constituido entre otras cosas por la soledad y algunos objetos muy precisos. Al narrarse el mundo de María, la autora abarrota el texto con las descripciones de objetos bellos, fabricantes también de un estatus ilusorio y esencialmente sostenido en la mirada de los otros. Dentro del estilo directo e irreverente (una prosa limpia, construida sobre frases cortas y ocasionales “palabras indebidas”) que marca el ritmo de la novela, llaman la atención las puntillosas descripciones indumentarias. Todo un catálogo de telas y colores se desglosa cada vez que María se prepara para salir a sus encuentros, transformándose en un procedimiento narrativo (un latiguillo) característico del texto. Como si la deconstrucción preciosista de la cartera de charol negro azabache, o el vestido de terciopelo rosa empolvado con cuello en pico que María usa para seducir, fuese a llenar el agujero negro de la depresión o el vacío insondable de un amor no correspondido.

Porque entre las aventuras que vive María también está la del amor. El amor hacia sus sobrinas, el único vínculo sano, y hacia su psiquiatra, el único hombre que podrá salvarla y también destruirla. El amor romántico, que es el único que no debiera proliferar en la vida de una prostituta, es, sin embargo, el que vendrá a definirlo todo.

Una vida en presente muestra a través de la vida de una mujer sola, de mediana edad, la reivindicación de un oficio ancestral, y también evidencia uno de los grandes males de nuestra época. Por un lado, la dominación de la sexualidad como un oficio que empodera, como la opción a un destino reproductor socialmente depositado, en general, en las mujeres. Pero también como la representación de un deseo ilimitado y femenino que vino, por fin, para quedarse. Por el otro, el yugo de los ataques de ansiedad bajo el que toda una generación, a la que también pertenece María, intenta salir adelante en estos tiempos que (nos) corren. Dos temas que aún hoy harían ruborizar a unos cuantos si asomase el tema en una conversación. Paula Puebla los toma y los deja sobre la mesa, accesible a toda mirada como la famosa carta robada de Edgar Allan Poe. El resultado: Una vida en presente, un relato crudo y sensible sobre la intimidad femenina; una de las mejores novelas de 2018. //∆z

Arecia_Mayo

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