TIME WARP: UNA SEMANA DESPUÉS

Esta nota pretende rescatar la discusión que desató la tragedia de Time Warp sobre la función del Estado en relación al consumo de drogas, la reducción de daños y la soberanía de los individuos sobre su propio cuerpo. ¿Qué libertad nos queda tras ese manto de hipocresía que impone el concepto de “salud”?

Por Alan Ojeda

[Link a Time Warp: ¿Qué pasó?]

La información sobre lo sucedido en la Time Warp es cada vez más caótica: entraron más de veinte mil personas, cortaron el agua y/o rellenaron botellas con agua corriente, desapareció una bolsa de drogas incautada en manos de Prefectura, la organización fue defectuosa en varios ámbitos. Los medios no tardaron en compararlo con un nuevo Cromañón. Los empresarios Conci, Gontad y Stinfale están en la mira, pero ahora cubiertos por el mediático abogado Burlando.

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Por otro lado, está lo que respecta a las acciones legales que están llevando a cabo el juez Sebastián Casanello y el fiscal Federico Delgado, junto a la repercusión que ha tenido en los medios, con sus pros y sus contras. El viejo cáncer del doñarosismo -Eduardo Feinmann, Pablo Vilouta, Alfredo Leuco o su lamentable hijo, Luis Majul e infinidad de personajes mediáticos más a los que les pagan para hablar como oyente de radio enojada- insiste con ese discurso estereotipado y sin argumentos que poco ha aportado en estas últimas décadas: “La droga mata” / “Viejo, hay que hacer algo” / “Esto es un viva la pepa” (sic), “Hay que prohibir los boliches” / “Hay que poner más seguridad”, etcétera. Hay noticias, como señalaba Bill Hicks en los 90s, que nunca escucharemos en TV. Cuando los escucho, no puedo evitar que venga a mi mente ese joven Andy Chango que, acostado en el estudio de América durante un programa de chimentos, le pregunta a Mauro Viale: “¿Alguna vez leíste un libro? Porque este programa es espantoso. En serio te lo digo”. Por otro lado, algo en la sociedad ha cambiado. Hay un grupo de gente capaz de discutir del tema como nunca se ha hecho en el país, solo que los medios difícilmente habilitan esa discusión de forma seria. No obstante esto implica algo: la Argentina está apta para dar el necesario paso adelante hacia el debate sobre consumo de drogas y reducción de daños, con o sin el Estado.  De hecho, Rosario ya ha tomado una primera medida de avanzada (aunque no suficiente): pondrá puestos de reducción de daños en las fiestas, donde los asistentes podrán testear sus drogas antes de consumirlas.

No hay más vuelta que darle: lo que más odian estos personajes es la inteligencia, y hasta diría que es lo que más temen. Los medios -más responsables que nunca de este momento- están en éxtasis por las noticias que circulan y el lucro que el tema produce. No se han cansado de repetir lugares comunes e introducir en la sociedad (ya decadente, ya arruinada, ya cómoda en su ignorancia) una buena cantidad de mentiras e información tergiversada: llamaron “la droga superman” a una pastilla que resultó no ser otra cosa que 94% éxtasis, droga de toxicidad relativamente baja; convocaron jóvenes que apenas pueden hilar tres palabras a hablar sobre el tema en vivo y usarlos como justificación para denigrar una cultura musical; dieron lugar a la opinión sin fundamento de cualquiera que quisiera cartonear algunos minutos de fama satisfaciendo la moralina pública. Desde Mauro Viale hasta aquí cabe hacer la misma pregunta: “¿Alguna vez leyeron algún libro?”. Será necesario profundizar este tema para poder discutir la reducción de daños y el regulacionismo sin caer bajo la lupa de aquellos a los que cualquier visión les parece apologética.

La canciller Susana Malcorra, en la sesión especial sobre Drogas en la ONU, dijo que es posible que el tema de la despenalización comience a tener carácter público y nacional en breve. ¿Es suficiente? El estado mantiene su posición de ponerle curitas a un mundo enfermo sin plantear lo que se debe, lo inevitable, lo que la sociedad merece: legalización, regulación y educación. En un texto que publicó el escritor y crítico Daniel Link en su blog Linkillo se puede leer: “En varios países el consumo de marihuana es ya legal. Es un primer paso. Pero no se trata sólo de vender productos aprobados legalmente y con controles de calidad eficaces, sino de una educación para el placer: una dietética de los placeres. Así como no es recomendable que los muy jóvenes anden cogiendo descontroladamente, tampoco lo es que consuman cualquier cosa sin supervisión alguna. En cuanto a las fiestas, no hay que prohibirlas, hay que liberarlas: liberarlas de la miserabilidad del negocio febril, recuperarlas como un espacio de felicidad común, comunitaria, ritual. Algarabía. Que pase algo diferente de la muerte a la que la sociedad, deliberadamente, nos condena”.

El poeta y crítico mexicano Octavio Paz ya había señalado que toda cruzada contra las drogas tiene un tinte inquisitorial, como si lo que se estuviera persiguiendo fuera una herejía. Es sorprendente el esfuerzo que ha hecho la cultura occidental por establecer una “utopía de la sobriedad” a medias, cargada de hipocresía y lobotomías legales. La historia es ejemplo suficiente para saber que la humanidad ha convivido con las drogas o –una palabra todavía más horrible por su carga ideológica- estupefacientes, desde el comienzo de los tiempos: ayahuasca, amanita muscaria, hongos psilocibiles, los cócteles mágicos de los rituales eleusinos, salvia divinorum y marihuana. Incluso podemos encontrar registros antiquísimos en la cultura hindú, donde los dioses consumen ese elixir divino que llaman soma. Los químicos capaces de alterar la consciencia conviven con la humanidad hace miles de años e incluso la preexisten. Acá está el quid de la cuestión. ¿Por qué hemos abandonado todo eso? ¿Por qué la cuestión sobre su uso ha sido zanjada tan fácilmente? ¿De qué tenemos miedo? No son las drogas las que se han vuelto malas, sino nosotros, que desconociéndolas, ignorándolas, demonizándolas y prohibiéndolas (mientras permitimos en nuestra alimentación diaria una buena cuota de cáncer, diabetes y enfermedades coronarias) hemos dejado a una humanidad a la deriva, ajena al conocimiento de cómo experimentar con su cuerpo. Aún hoy estas plantas forman parte de los rituales tradicionales de varias tribus originarias que todavía pueblan el planeta. Cómo serán de útiles (bien usadas) para un mundo enfermo como el nuestro, que cada vez más especialistas encuentran en la ayahuasca una forma para rehabilitar presos y curar adicciones; en los hongos una cura para la depresión; y en las plantas visionarias en sí una cura a la ausencia de trascendencia que hoy padecemos y que nos somete a un régimen de narcisismo absoluto. Esto qué tiene que ver con el éxtasis, preguntarán. Mucho, pero necesito que esperen, la idea es más grande.

Ayahuasca

Las drogas, en cada época, han ido de la mano con una necesidad, con una determinada visión de la vida: el desarreglo razonado de los sentidos de Rimbaud y la necesidad de acceder a lo real; el LSD y la “apertura de la consciencia” durante los años 60s y 70s; la cocaína y la ambición de éxitos en una sociedad de perdedores materialistas durante los 80s y parte de los 90s. El éxtasis, como fenómeno de consumo, es el lado B de la cocaína, su contracara. El éxtasis es un empatógeno, funciona como un antidepresivo muy potente. Frente al narcicismo y egocentrismo típico del cocainómano, el éxtasis moldeó una comunidad de individuos desplazados que se reunían (y se reúnen) a sentir, al menos una vez cada tanto, un amor desmedido, exento de miedo. ¿Qué tipo de sociedad estaremos viviendo que aquello que ingieren los jóvenes se llama “la droga del amor” o “la droga de los abrazos”? No creo que sea ajena a esto la elección social de una droga. No se elige de forma azarosa, no se la consume porque sí.  De hecho, cualquiera podría afirmar que la comunidad electrónica es de las menos violentas y más amistosas del mundo. Tal es la potencia del MDMA por la que, tanto antes de su prohibición como desde hace unos años, cuando comenzó a volver a utilizarse en investigaciones médicas para el tratamiento del estrés postraumático, se volvió fundamental.

Entonces, cuando discutimos legalización y regulación de todas estas drogas milenarias e incluso de las sintéticas que fueron creadas a principios y mediados de siglo, no estamos discutiendo sus posibles efectos nocivos. De hecho eso nunca es el verdadero punto de partida para el poder. Lo que está en juego es la educación del sujeto para la soberanía de sí, sobre su cuerpo. Ahí es donde aparece el fascismo que, velado por el discurso de la Salud (cada vez más lejana, cada vez más mentirosa) esa pasión que Nietzsche le endilgó al llamado “último hombre”, intenta decidir sobre el cuerpo del individuo. “De la piel para adentro, mando yo” reza un hermoso lema que pone límites al Estado y a cualquier tipo de intruso biopolítico que decida anular la libertad. Es por eso que los medios, la opinión pública y el Estado velan por encubrir esto. Las mal llamadas drogas no van a ser más nocivas de lo que ya son hoy bajo la ignorancia de quienes las usan y la mal intención de quienes las venden. El paco, la pasta base, la crystal meth, el crack, el cocodrilo y todas las “drogas para pobres” distan mucho de ser como las mencionadas más arriba (salvo la cocaína). Son venenosas consecuencias de haber prohibido y perseguido las primeras, de casi nula toxicidad, pero sumamente respetables por sus potentes efectos en la psiquis humana. El sistema, que hasta ahora nunca ha protegido a quien lo necesita, nunca velará por nosotros sin algún tipo de interés, sin algún tipo de usufructo. Si es así, entonces dudemos de su buena fe paternal al intentar cuidarnos. En alrededor de cincuenta años, lejos de protegernos, ha multiplicado el narcotráfico, los gastos en seguridad, las adicciones, las enfermedades de todo tipo (físicas y psicológicas), las guerras, la cantidad de drogas en circulación, las formas de dominación de la sociedad y la ignorancia.

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Esa misma ignorancia ha matado a estos cinco chicos en Costa Salguero y mantiene otros cinco internados graves; es la misma que seguirá matando en tanto el tema no se trate con la seriedad que corresponde. Hoy, más que nunca, son los jóvenes los que se merecen ese debate, esa educación tan necesaria, no solo para evitar la muerte, sino para conocer la vida. Chicos desde catorce años en adelante (edad de mis alumnos), se han mostrado hartos de la mentira de los adultos. ¿Cómo no va a ser cínica la juventud si fue criada con hipocresía? Hay que abandonar el miedo a hablar. Esta crisis que vivimos hoy en día, y que se expresa en el hecho de que una representante del Estado diga, ante la ONU, que estamos cercanos a debatir la despenalización, debe ser aprovechada. Quien se niegue (padre, madre, profesor, director, rector, periodista o político) deberá cargar en la conciencia con cada muerte nueva, que esta podría haber sido evitada, quizá, con la simple presencia de un libro o una buena charla. Ahora ¿puede nacer esa impronta del mismo Estado cómplice de las mafias que organizan los eventos y lucran con el consumo de miles y miles de jóvenes? Me imagino, por ejemplo, en un futuro (lejano o cercano) en el que las drogas sean legales… ¿Se imaginan ustedes quiénes serían los primeros accionistas de esas empresas? Creo que ahí está el problema. Esa es la doble moral que hoy en día pone a la vida a caminar sobre hielo fino. Hoy es nuestro deber, como sociedad, hacernos cargo de esta discusión y de su correcto tratamiento. No se debe permitir la liviandad, no hay que darle ni un centímetro de ventaja a ese periodismo mediocre e ignorante que, con gran libertad e impunidad, opina de lo que no sabe instaurando en la sociedad el miedo y el desconocimiento.

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Cabe preguntarse, en última instancia, por qué se consumen tantas drogas en esta época. Son, sin dudarlo, infinitamente más que las que consumió alguna vez la humanidad. En la antigüedad el estricto uso ritual limitaba perfectamente el consumo. Poco a poco, caminando hacia la modernidad, la secularización y la descontextualización de determinados consumos terminó por romper el equilibrio antes reinante, degenerando su uso en adicciones (existe antes en la historia la palabra borracho que la de adicto).

Como señaló Link en su ensayo, pidamos una educación para la vida, para el placer, y no para la muerte a la que tan acostumbrados estamos. La legalización del comercio y consumo de drogas poco tiene de apologético y mucho de solución directa: adiós narcotráfico, adiós drogas adulteradas, adiós criminalización, adiós ignorancia y, con suerte, adiós muertes evitables. La legalización implicará forzar a la sociedad a informarse y a saber, pero en ningún momento estimulará ni predicará el consumo (cosa que la sociedad actual hace con infinitos productos perjudiciales y, sin embargo, legales). Lo que ocurrirá será lo que Antonio Escohotado llama “normalización”. Legalizar las drogas parece, en perspectiva, como legalizar el sexo, algo absurdo. Es algo que está con la naturaleza del hombre e incluso antes de sus orígenes, solo que Oriente y Occidente han resuelto las cosas con visiones diametralmente opuestas, resultado de visiones metafísicas igual de opuestas. Esta, junto a las luchas por la identidad sexual, por el fin de fascismo (que no es otra cosa que una de las tantas expresiones del miedo y la ignorancia), por la igualdad y la equidad es, sin duda, una lucha por una vida más vivible, menos enferma y menos totalitaria. Todo individuo de la sociedad tiene el derecho de elegir sobre su cuerpo, sobre su consciencia y cómo experimentarla, y por eso hay que proporcionarle las herramientas necesarias para que, cuando lo haga, si es que decide hacerlo, ese momento no derive en una tragedia. Aún en la más totalitaria de las realidades, nadie podrá regular el deseo de todos los individuos que componen el mundo, porque el deseo parece ser, pese a todo, la única fuerza eterna que convive junto a la vida y a la muerte.//∆z

11 comentarios en “TIME WARP: UNA SEMANA DESPUÉS

  1. Excelente articulo! Este es el único medio donde pude leer sensatez sobre el tema.

  2. Además del contenido del artículo, que de por sí me resulta excelente, quisiera destacar -en este presente de periodismo mediocre y atado con alambre- lo bien escrito, pensado y diagramado que está. Por más Alan y menos Clarín.

  3. Excelente artículo que da una visión real y completa y abre el debate que merecemos como sociedad y como seres humanos libres.

  4. Leí con alguna atención la nota o artículo de este entusiasta Alan Ojeda, Si bien quien escribe este artículo, toca algunos puntos interesantes y apunta hacia la despenalización o legalización de las drogas como un punto importante (y lo es) en las consecuencias sociales y medico-legales del uso de drogas. Sin embargo no tiene en cuenta que es solo un punto del problema y que una droga sea legalizada no implica una solución a determinados problemas o consecuencias, además de ocultar aspectos de las consecuencias del consumo de ciertas subtancias, donde no todo es un “viaje” alegre.
    El problema es de gran complejidad y multifactorial y tal vez deberíamos comenzar por describir que es una droga, ya que en Argentina solo se considera como droga aquellas substancias químicas ilegales olvidando que existen numerosas drogas legales o ya “legalizadas”.
    Según la definición de la Organización Mundial de la Salud (OMS), que es la más utilizada en la actualidad, droga es toda sustancia que introducida en un organismo vivo por cualquier vía (inhalación, ingestión, intramuscular, endovenosa), es capaz de actuar sobre el sistema nervioso central, provocando una alteración física y/o psicológica, la experimentación de nuevas sensaciones o la modificación de un estado psíquico, es decir, capaz de cambiar el comportamiento de la persona, y que posee la capacidad de generar dependencia y tolerancia en sus consumidores.
    Ahora, según esta definición no solo la marihuana, cocaína, pasta base, éxtasis, o heroína son drogas sino también lo son el alcohol, el tabaco, la cafeína, y algunos fármacos.
    El concepto de droga entonces se refiere a que la modificación puede ser perjudicial o beneficiosa para el ser vivo, y que depende del tiempo de administración y de la dosis y de las características del propio ser.
    Para que una droga sea considerada como tal ha de cumplir las siguientes condiciones:
     Ser sustancias que introducidas en un organismo vivo son capaces de alterar o modificar una o varias funciones psíquicas de éste (carácter psicótropo o psicoactivo)
     Inducen a las personas que las toman a repetir su autoadministración por el placer que generan
     El cese en su consumo puede dar lugar a un gran malestar somático o psíquico (dependencia física o psicológica)
     No tienen en general aplicación médica y si la tienen, pueden utilizarse con fines no terapéuticos

    Como ejemplo baste el uso de una droga “legal” el alcohol, que quizás sea y es considerada por muchos autores como la más devastadora de las drogas. En efecto entonces la legalización de una droga no significa ausencia de efectos nocivos ni mucho menos, ni la solución de muchos problemas.
    Alan Ojeda dice, lee un libro….
    Acerca de la drogadicción y abuso de drogas Jerome H. Jaffe en el Libro Goodman y Gilman, “las bases farmacológicas de la terapéutica” dice:
    Hasta donde llega la historia escrita, todas las sociedades, ha utilizado drogas que producen efecto sobre el estado de ánimo, los pensamientos y los sentimientos. Además, siempre hubo individuos que se apartaron de lo acostumbrado en cuanto al momento, la cantidad y la situación en que las drogas podrían usarse. De ese modo el uso no médico de drogas y el problema del abuso de las mismas son tan viejos como la misma civilización.
    Problemas de terminología: Abuso de drogas es el uso, generalmente por autoadministración, de cualquier droga de un modo que se aparta de las formas médicas o sociales aprobadas dentro de una cultura dada. El término implica la idea de desaprobación social, y no describe necesariamente ninguna forma de uso de drogas, ni sus posibles consecuencias desfavorables.
    Como esta definición es en gran parte “social” no es para nada sorprendente que para cualquier droga en particular existe una gran variación en lo que se considera abuso, no solo de una cultura a otra, sino dentro de una misma cultura, según la época.
    Algunos ejemplos: En la sociedad occidental la intoxicación crónica de alcohol se considera en general abuso de drogas. En general en Argentina NO ya que en este País se considera droga solo a aquellas ilícitas y no se considera “droga” a aquellas que son lícitas. El uso de barbitúricos por prescripción médica para inducir sueño en sociedades como la de EEUU es permisible, pero la autoadministración de la misma cantidad para inducir euforia es considerado abuso.
    El uso de analgésicos opiáceos por prescripción médica para aliviar el dolor es perfectamente respetable, pero la autoadministración de las mismas drogas, en las mismas dosis para aliviar la depresión o tensión o para inducir euforia es considerado abuso.
    Hace décadas el uso de compuestos psicodélicos (alucinógenos, psicomiméticos) como el LSD era una práctica limitada a estudiantes universitarios y secundarios e investigadores activos. No era algo ilegal, ni se condenaba socialmente. Con la masificación de su utilización en los 60, la experimentación con drogas psicodélicas se hizo común y su utilización para esa época fue considerada abuso y su posesión, fabricación o venta un delito. Dentro de una misma sociedad el concepto varía con el tiempo.
    El USO NO MÉDICO DE DROGAS es un término menos peyorativo, pero tan generalizado que abarca conductas como el uso ocasional de alcohol, hasta el abuso de opiáceos, e incluye los comportamientos que pueden asociarse o no con efectos adversos. El uso no médico de una droga puede consistir en el uso experimental de una droga por curiosidad sobre sus efectos o por una moda imperante en determinados grupos. Puede implicar el uso casual o recreativo de cantidades moderadas de droga por sus efectos agradables o su uso circunstancial, en el cual se buscan ciertos efectos de la droga porque son útiles en determinadas circunstancias. Por ejemplo el uso de anfetaminas para aliviar la carga en conductores de camiones. Esto puede llevar a formas denominadas dependencia o uso compulsivo de drogas.
    Uno de los riesgos de las drogas para alterar el estado de ánimo y los sentimientos es que algunos individuos desarrollan eventualmente dependencia de una droga, siguen consumiéndola a pesar de efectos adversos, médicos y sociales y se comportan como si las drogas fueran necesarias en imprescindibles para su bienestar. La intensidad de esta necesidad varía desde un deseo de consumir la mismas, hasta el ansia o la compulsión de hacerlo.
    Existe permisividad y aceptación en determinado tipo de drogas, especialmente aquellas denominadas legales, por ejemplo el tabaco y el alcohol, ambas son drogas legales y ambas son socialmente aceptadas, sin que por ello pueda ocultarse el devastador efecto nocivo hacia la salud de ambas. Las afecciones pulmonares y respiratorias crónicas por el tabaco incluyendo Asma, Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica (EPOC), procesos bronquiales y la formación de cánceres de labios, lengua, laringe, pulmón y vejiga que afecta a sus consumidores.
    El alcohol otra droga socialmente aceptada, baste ver la cantidad de familias afectadas por el alcoholismo, los padres abusadores, niños y niñas violadas por familiares con consumo compulsivo de alcohol, las víctimas de accidentes de tránsito y las víctimas del propio descontrol del individuo.
    Baste instalarse un día en la guardia de un hospital y ver la cantidad de pacientes atendidos por consecuencias derivadas del consumo de alcohol: accidentes de autos, de motos, acuchillados, baleados, golpeados, o personas con intoxicación aguda. O ir a una sala de clínica y ver las consecuencias del consumo crónico de alcohol, como la cirrosis, várices esofágicas, insuficiencia hepática, hígado graso, trastornos crónicos de la personalidad, demencia de Korsakoff etc. De esta manera las consecuencias del consumo de alcohol son mayores que las del consumo de drogas ilegales.
    De este modo una droga “lícita” no considerada “droga” por ello en Argentina es tal vez la más nociva de las drogas. Baste recordar que el famoso mafioso Al Capone, comerciaba alcohol, substancia prohibida por aquellos tiempos en USA.
    Es particularmente dificultoso definir incluso medicamente adicción, y en qué momento el uso compulsivo de drogas se convierte en una adicción, y tener adicción no implica necesariamente dependencia física. Es posible depender físicamente de drogas sin ser adicto y en algunas circunstancias especiales es posible ser adicto sin sufrir dependencia física.
    El riesgo de la dependencia física o psíquica es uno de los riesgos del uso no médico de la droga, y estos riesgos varían grandemente dependiendo de la droga, la dosis y la vía de administración, el marco en que se la usa y el estado psicológico del consumidor.
    Como ya se dijo, las drogas acompañan al hombre desde la antigüedad, y de hecho las drogas hacen efecto en el cuerpo humano, pues este posee receptores químicos a los cuales estas drogas se acoplan para producir efecto, sin ello la droga en cuestión no haría efecto en el organismo. Quiere decir que el organismo, conoce desde su genética y está preparado para recibir ciertas substancias químicas que al acoplarse a estos, producen un efecto. A estas substancias químicas les llamamos drogas.
    De este modo la Morfina y la Heroína tienen receptores en cuerpo humano y los comparten (de hecho la Heroína es la diacetilmorfina, una morfina con dos acetatos) la morfina y sus derivados son drogas necesarias en el tratamiento del dolor crónico y en pacientes terminales.
    De hecho el organismo tiene las endorfinas, o sea morfinas endógenas elaboradas por el propio organismo y que es liberada por ej. En esfuerzos y hace que un organismo a la carrera pase de experimentar dolor a una sensación placentera. También la liberación de otras substancias químicas de tipo neurotransmisores denominados encefalinas, colabora con el control del dolor liberándose en las terminaciones nerviosas.
    Esto quiere decir que hay que legalizar la Heroína? En los 80 en los diarios de Berlín (así como en Argentina la cotización del dólar) se publicaba la cantidad de muertos por heroína, una droga en definitiva similar a la morfina de tan adecuado uso médico. De esta forma los diarios ponían, van 983 muertos por ej. Y esta cifra se actualizaba.
    Alan menciona la cocaína en los 80 y 90, tal vez en Argentina. Ya en los años 20 en Berlín se hablaba de la fiebre de la “nieve” que no era otra cosa que el consumo masivo con fines de diversión de la cocaína.
    De hecho Freud en Alemania para rescatar a un amigo de su dependencia de la heroína utilizó la cocaína para liberarlo de esta droga, creando el primer cocainómano que se conoce. Hasta entonces la cocaína era utilizada como un anestésico. Sigmund Freud la utilizó en sus pacientes y en el mismo tornándose un adicto. De hecho la cocaína era fabricada por los laboratorios alemanes Merck y se le llamaba la Mercka, no es difícil deducir porque se le dice “merca” en Argentina.
    Díganos entonces que la cocaína fue una droga absolutamente legal, un anestésico. Debe volver a ser legal ¿?, es toda una pregunta.
    El uso de drogas no solo es humano, sino de otros mamíferos, experiencias con monos a los cuales se les permite elegir entre alimentos y cocaína o morfina (que se aplican apretando una palanca) llevan a estos animales a la aplicación sistemática de la droga, dejando de lado los alimentos, hasta morir de efectos adversos o de inanición.
    Retomando el hilo de la legalización, estudios comparativos del uso de la heroína en USA, Inglaterra y Alemania, muestra que en USA donde la droga se adquiere en la calle el número de muertos anuales por toxicidad o por adquirir drogas impuras, es el doble que en Inglaterra o Alemania donde existen programas de administración médica de estas drogas. En efecto existen centros donde las personas que han desarrollado adicción a esta droga, se les administra en forma médica y segura. Lo cual es un punto a favor si no de la legalización al menos del consumo controlado en cuanto a la “pureza” química de la substancia.
    El tema es largo y complejo, y si bien la legalización puede ser un paso importante para terminar con determinados negocios de corrupción, narcotráfico, y penalización, al menos en el análisis de este autor, esconde, deliberadamente o no, los efectos adversos y potencialmente peligrosos de estas drogas.
    Casi todos los agentes farmacológicos comúnmente utilizados con fines subjetivos pueden clasificarse en 8 grupos. 1) Opiáceos, 2) Depresores del SNC, 3) Simpaticomiméticos del SNC incluyendo a la Cocaína, 4) Nicotina y Tabaco, 5) Cannabinoides, 6) Psiscodélicos (Alucinógenos, Psicomiméticos, psicotógenos) 7) Arilciclohexalaminas (feniciclina) y 8) Inhalantes (óxido nitroso, éter etílico, solventes volátiles)
    Debe tenerse en cuenta que cada droga puede o tiene potenciales efectos adversos, de los cuales los “cultores “ y defensores de estas en general omiten comentarlos. Las muertes por paro cardíaco de la cocaína, los brotes esquizofrénicos de las anfetaminas, las muertes por depresión respiratoria de la heroína la despersonalización a la que llevan las drogas psicodélicas.
    Lee un libro….
    En el libro y posterior película “Wir die Kinder von Zoo Banhof” cuya traducción sería “Nosotros los niños de la estación del zoológico” narra la vida de Christiane F. (Christiane Vera Felscherinow) una adolescente berlinesa, adicta a la heroína, introducida a esta en la “cultura de las discotecas de Berlín”
    En este libro, Christiane F describe las situaciones, las postergaciones, las terribles condiciones a la que se ve sometido un adicto, la lucha diaria por conseguir una dosis de heroína, la lucha de tener una dosis “preparada” para al despertar del día siguiente poder aplicarla.
    Describe su propia vida y de su grupo de amigos, donde se mezcla desde los “bajones” por la falta de droga, la sensación de muerte inminente ante la falta de esta, el shock médico al que llega al cuerpo en abstinencia conocido por los adictos como el síndrome del “pavo frío” o “Blue turkey” y la llegada a la prostitución y delincuencia para sostener la adicción. La muerte de cada uno de sus amigos. Christiane F es una de las pocas adictas a la heroína que se conoce hayan sobrevivido a esta droga un largo tiempo. Actualmente sometida a un programa de régimen de Metadona como reemplazo de la heroína, a los 55 años.
    Estos efectos en general no son comentados por los defensores de la misma y de la liberación del consumo de las mismas, quienes se limitan a decir que la droga es “mejor que el sexo”.
    Algunas investigaciones han tratado de establecer un ranking de peligrosidad de drogas, en general el listado establecido es el siguiente:
    1 Heroína
    2 Cocaína
    3 Barbitúricos
    4 Metadona
    5 Alcohol
    6 Ketamina
    7 Benzodiazopines
    8 Anfetaminas
    9 Tabaco
    10 Buprenorfina
    11 Cannabis
    12 Disolventes
    13 4-MTA
    14 LSD
    15 Metilfenidato
    16 Esteroides anabolizantes
    17 GHB
    18 Éxtasis
    Este listado le daría la razón a Alan de que el éxtasis es una droga de baja toxicidad, pero las muertes se produjeron por insuficiencia renal aguda, por rabdomiolisis producida por hipertermia, de este modo sin tener gran toxicidad es mortal por mecanismo indirecto.
    Hay que considerar que es diferente un consumidor habitual que tiene su propio “dealer” quien le suministra un producto en forma más segura, del “trendie” que asiste a una fiesta, con total desconocimiento pero con ganas de experimentar y compra una substancia que desconoce que es.
    Desconoce también sus efectos y el tiempo que tarda en producirse el mismo y toma más y más pastillas buscando el efecto, hasta que este se produce. Resultado, hipertermia, rabdomiolisis, falla renal aguda, muerte. Pasos muy sencillos.
    Inocultable la responsabilidad del estado, a sabiendas de que los organizadores de este tipo de eventos cierran la provisión de agua para vender la suya y saben, conocen o participan de la venta de subtancias que vaya uno a saber realmente que contienen. Como dice Alan y coincido el mecanismo establecido en Rosario o que se intenta establecer es un avance. También debe evaluarse la ventilación necesaria y si esto contribuye a evitar la hipertermia.
    Inocultable la responsabilidad de los organizadores que con el solo afán de lucro ponen en riesgo la vida de personas que buscaban divertirse, ya sea porque realmente les guste la “onda” o por el habitual en argentina yo voy porque van todos, y hago lo que todos hacen.
    El listado antes mencionado de peligrosidad de drogas, se considera válido para países europeos, sin embargo una comisión de científicos independientes coloca al Alcohol y el tabaco como dos de las más nocivas, debido a los trastornos familiares (maltrato a hijos y esposa por ej) y personales del consumo compulsivo de alcohol. Como el daño físico con cirrosis hepática, muerte por hemorragia digestiva, trastornos sexuales, trastornos de la personalidad y a los enormes gastos de salud que implica el tabaquismo, con su consecuencia de afecciones pulmonares, respiratoria y cáncer Esta última postura es aproximada a la realidad latinoamericana donde la pobreza y el nivel cultural potencian aspectos negativos del consumo de estas subtancias.
    En resumen un tema complejo, apasionante y que no debe ser tomado a la ligera, ni por los cultores del consumo quienes deliberadamente ocultan los aspectos potencialmente peligrosos del consumo de determinadas substancias farmacológicas, y de los que solo proponen la represión como método contra las drogas, ignorando que existe un porcentaje de la población que quiere, necesita o desea probar, experimentar o participar de un fenómeno social del consumo de subtancias y que lo va a hacer pese a todo y es el estado, las leyes y los ministerios de salud quienes deben proporcionar el nivel de seguridad necesario para evitar males mayores.
    Es la punta del “iceberg” y ni siquiera estamos hablando de aquellos adictos y ya “enfermos” del consumo de paco o de otras substancias que producen daños irreparables al Sistema Nervios Central y una incapacidad de incorporación a la sociedad en forma “normal”, apenas estamos hablando de aquellos que quieren divertirse.
    Lamentablemente en Argentina existe un buen número de expertos en todo y faltan en realidad expertos en “algo”. No hay reales expertos en fuego, en catástrofes, en problemáticas docentes o de salud y mucho menos en el tema de consumo no médico de drogas.
    Dado el aumento de consumo de diferentes drogas, subtancias químicas o como quieran llamarlas, en diferentes estamentos de la sociedad, algunos de ellos muy vulnerables, creo se hace necesario establecer un panel de expertos que analice el tema, promueva discusión en forma de intercambio de conocimiento entre médicos, autoridades y eslabones de la sociedad interesados en el consumo seguro del uso no médico de drogas y busque soluciones, prevenga potenciales daños e informe, fundamentalmente informe, tanto de la peligrosidad de efectos adversos de algunas drogas, el potencial de adicción y consumo compulsivo de algunas de ellas, como de la inocuidad de otras y el aumento del consumo seguro, conociendo los pro y las contras de cada una de ellas.
    Ocultar información en uno u otro sentido, no favorece soluciones reales a la problemática. Como tapar los ojos y oídos a la realidad de que el consumo está instalado para quedarse y es necesario elevar el nivel de seguridad necesario para una parte de la población que así como puede decidir cómo vivir, también puede decidir cómo morir, pero no morir por desconocimiento. La despenalización es un importante paso para evitar la criminalización, las drogas adulteradas y varios aspectos ya analizados por Alan con los que coincido. Pero es un paso en un problema multifactorial, complejo. Bienvenida la discusión, la puesta en vidriera de un tema en general ignorado, ocultado o deformado.

  5. En principio felicitaciones por el post, me parece muy acertado y a su vez excelente que haya gente que se tome el tiempo de contribuir a informar y concientizar de una manera realmente objetiva y abierta.
    Creo que es el momento (como bien se dijo) de actuar y de alguna manera transitar pero tambien transmutar esta tragedia para que no suceda ni una mas.

  6. Impecable Articulo! totalmente de acuerdo.. real crudo debatible sincero. Clarísimo!

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