Los verdaderos ganadores

Bestia Bebé copó el Teatro Vorterix por primera vez junto a Las Ligas Menores, Los Charmanders y Tani. Crónica de un triunfo que revalidó los títulos de un gran campeón.

Por Pablo Díaz Marenghi
Fotos de Nadia Guzmán

La banda de Tom Quintans encabezó uno de los recitales más trascendentes de su breve historia. El Vorterix fue el escenario de una velada que los consagró como una de las bandas más convocantes de la escena independiente actual. Las llamas de aquella tragedia, además de generar una crisis institucional sin precedentes en la ciudad de Buenos Aires, ocasionaron una mutación en el rock local: Se empezó a hablar de “Rock Post Cromañón”. Las audiencias se fragmentaron, al compás de un fenómeno de escala global. Los músicos empezaron a dar shows en lugares más chicos, en formatos reducidos. Nacieron los cancionistas. Muchachos y muchachas que, guitarra al hombro, desnudaron sus canciones en algún bar de la periferia o en un centro cultural de barrio.

En los ochenta y noventa, las bandas que crecían en convocatoria pasaban de un Cemento a Obras. Hoy esto se reconvierte en función de los tiempos que corren. Las multitudes inquietas -parafraseando a El Mató- se pierden en infinidad de posibilidades de recreación cultural. Sólo el Indio Solari convoca a más de cien mil personas. En el medio, desde la interminable usina cultural que conforma la ciudad de La Plata, surgió un tendal de bandas que encontró en el sello Laptra su cofradía y en Bestia Bebé su corresponsal del barrio de Boedo. Bestia Bebé repasó casi todas sus canciones y no se arriesgaron a la disruptividad: canciones que ya todos conocen y que salen de memoria. Lo musical se rodea de lo afectivo y de lo ritual. “No nos podrán ganar, en este equipo estas vos” le cantan a su público, sellando un contrato irrompible.

Tani (3)

La noche arranca bien temprano y con no tanto publico, de la mano de Los Charmanders y su noise corrosivo, y de Tani, una propuesta pop lo-fi con un sonido que recordaba por momentos a No lo Soporto. El público es variopinto: muchachos con dreads, pulover de llama, chicas con campera de cuero, calzas, camisas a cuadros. Las tribus se enciman, conviven; sus límites se diluyen. Las Ligas Menores, el primer plato fuerte de la noche, comienza su show a las 21. Anabella Cartolano rasguea su Gibson SG y mueve los pies al compás del noise, con muchos sintes, baterías acompasadas y canta sonriéndole a la audiencia. El ambiente comienza a tomar más color. Mucho pogo y mosh bien cerca del escenario, como si se tratase de un concierto punk. “Accidente” y “Renault Fuego” marcan los picos más altos del frenesí de un público que sabía todas las canciones, en una clara muestra de la fidelidad a Las Ligas. Esta banda también merece ser destacada por su versatilidad. En una escena en donde abundan los hombres, las muchachas de las Ligas, bellas y fuertes, conforman una propuesta musical con pinceladas de los Moldy Peaches, Weezer y Pavement que es digna de ser oída.

Las Ligas Menores (1)

A las 22 arranca Bestia Bebé. El prólogo fue la canción introductoria a la serie animada de los “X-Men”. Una muestra más del culto a la nostalgia y la retromanía que acompaña a la banda. Todos somos hijos de los noventa, de las películas de acción, de los dibujos animados. Arrancan los primeros acordes al palo de “El más grande de todos” y luego un clásico: “Luchador de Boedo”, que desata el primero de tantos pogos. Es curioso lo que se genera en sus shows: la gente agita como si estuviera en un festipunk, como si un habitus punkrocker recorriera sus cuerpos y aflorara en sus conciertos. Después, una cuestión emocional, como si se tratase de la banda de sus amigos del secundario que van a ver hace años y en donde lo musical muchas veces queda de lado. No van a buscar complejos arpegios e interminables solos de guitarra. No buscan coros melodiosos. Buscan esos estribillos gancheros, cotidianos, esas historias de cancha, birra en la esquina, asado y fiesta en el barrio.

Bestia Bebé Vorterix (2)

Repasan todo su repertorio. Se los ve felices pero hablan poco. Agradecen al público pero se lo toman, a la vez, como un show más. Están tocando en un teatro relevante para la escena porteña pero parece no importarles demasiado. Al menos, no lo demuestran. Suenan todos sus clásicos como “Omar”, “El Gran Balboa”, “Lo quiero mucho a ese muchacho” y “Patrullas del terror” -con la infaltable colaboración del amigo de la banda Ronnie Crispo, que subió con la camiseta de la Selección y vociferó como nunca señalándose el número diez estampado en su espalda. También se subió al escenario a cantar medio de sorpresa Lucas Jaubet, cantante de The Hojas Secas, otro amigo de la casa. Porque eso era, a fin de cuentas, lo que estaba pasando: un encuentro de amigos.

Bestia Bebé Vorterix (14)

El final, como no podía ser de otra manera, es con “Wagen del Pueblo”, esa oda al auto viejo que “no existe un control policial que se anime a enfrentarlo”. Las letras ya son ultra conocidas por todos, hasta las canciones de su último disco Jungla de Metal (2015), que el público ya se aprendió. El show se pasa volando. Las canciones se tocan una atrás de otra casi sin respiro. No por nada podrían catalogarse como los más punk de la escena -una muestra: la intro de “No tengo nada” de Embajada Boliviana que Tom improvisó y que suele hacer en vivo. No serán los más virtuosos de la escena pero jamás les interesó serlo. Saben lo que hacen y son muy buenos en eso. Su forma de entender el rock, su estética do it yourself, sus letras que abrazan a la amistad y a la nostalgia, crearon una forma de hacer canciones. Por eso le cantan a “los perdedores”. Porque, como lo dice su música, son los verdaderos ganadores.//∆z

Tani (1) Las Ligas Menores (10) Las Ligas Menores (15)

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