La rabia que sentimos

Los Rusos Hijos de Puta dieron uno de los shows del año y presentaron su último disco en un Uniclub repleto junto a Krupoviesa y Mi Amigo Invencible.

Por Pablo Díaz Marenghi
Fotos de Iván Pinto e Inzendies PH

Terminaba la semana. Luego del feriado y del “adorable puente” que no existió costaba arrancar. Sin embargo, comenzada la medianoche muchos iban acercándose hasta Uniclub, en las inmediaciones del Abasto, a lo que sería la noche consagratoria de uno de los grupos que supo sacudir el under local en los últimos años. Los Rusos Hijos de Puta, que sorprendía ya desde su nombre en 2013 al lanzar su EP Hola hasta con su propuesta escénica. Este cuarteto de dos hombres y dos mujeres llega a 2015 con un disco larga duración que cristalizó todo el crecimiento y la euforia que venían desplegando a lo largo de sus shows en vivo. La rabia que sentimos es el amor que nos quitan (2015) funciona como un mantra; una declaración de principios gritada por los Rusos en la jeta del poder, los patrones, la yuta hija de puta y las estructuras imperantes. Los Rusos le cantan al amor, al sexo desenfrenado, a la pasión arriba del colectivo y a la liberación de los cuerpos. Con esa expectativa empezaba la fiesta del viernes 10 de julio. Una presentación que prometía fuego arriba del escenario y que supo terminar, bien entrada la madrugada, con la explosión necesaria ante semejante torbellino de furia rockera.

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Krupoviesa, la banda de Nicolás Lantos, abrió el telón con toda su psicodelia noise. Lo que para muchos era la propuesta de “un periodista que se muere por tocar” demuestra en cada escenario que pisa que es una banda con todas las letras y que se mueve desde la humildad y el respeto. Su propuesta es un elixir de psicodelia, grunge, punk y melodías pop cautivantes. Un aura a 107 Faunos transmutada con la oscuridad de los Misfits y tamizada por una ideología peronista. Son, como su último corte de difusión, Indie Estatal del bueno y lo demostraron desatando los primeros mosh de la noche.

MAI inzendies ph

¿Qué decir de Mi Amigo Invencible? Los segundos en salir a escena. Con un público ya fiel, que los sigue hace rato y canta todas sus canciones, los oriundos de Mendoza confirman su madurez escénica y prolijidad sonora en cada una de sus performances. Repasaron temas de sus últimos discos –La nostalgia Soundsystem (2013) y Relatos de un incendio (2011- y siguieron mostrando algunos temas nuevos que se vendrán en su nuevo album próximo a lanzarse en este año. Tempos folkóricos mixturados con guitarras bien indie, improvisaciones de Mariano Di Cesare junto al histrionismo de Mariano Castro en arreglos vocales y percusión conforman un estilo propio, una propuesta digna de ser escuchada que sacudió el Uniclub ya repleto que esperaba con ansias el plato fuerte próximo a venir.

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A eso de las 3.30 de la madrugada llega el turno de Luludot Viento, Julián Desbats, Flor Mazzone y Santiago Mazzanti de salir a escena y comenzar con el delirio que se vendría. Con la colaboración de Lucy Patanè, quien lucía un tapado negro a pesar del calor y quien fuera productora de su disco, los Rusos dieron un show demoledor digno de lo que acostumbran. Luludot se mueve con soltura en el escenario. Vistiendo uno de sus clásicos enteritos ajustados con colores psicodélicos, es la amazona lider de esta manada soviética y asi como entona un coro agudísimo en “Fan”, escupe rabia y canta como Johnny Rotten en “Lo pibe”. Desbats la secunda, respira cerca suyo, la chapa y le arroja todo su amor y deseo contagiando al público que desborda de pasión punk desenfrenada.

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Como supo definir Claudio Kobelt en una crónica de hace un tiempo atrás Los Rusos “…hacen gala de una pulsión carnal. Deseo, placer, rabia y destrucción parecen ser algunos de los ingredientes en esta pandilla salvaje que con vehemente ímpetu pone su cuerpo al servicio de melodías oscuras desbordantes de sangre, sudor y sexo”. Mientras Luludot saluda al público, agradece casi entre lágrimas por una noche inolvidable. Los cuatro afirman sobre el escenario que fue el mejor show de su carrera y musicalmente no parece haber argumentos para refutarlo (el sonido fue una aplanadora pese a no distinguirse bien las voces por momentos, cosa que a nadie de los presentes pareció importarle). La frutilla de este postre de delirio y rabia fue la “foto en tetas” propuesta por Luludot -en alusión a los flyers de #gatosytetas que circularon por las redes durante los últimos días- en donde la vertiente femenina termino exhibiendo sus pechos a todo el público presente (sólo una valiente se atrevió a acompañar desde el escenario) y coronaron así la noche posando para las cámaras. Tetas al aire, sonrisas, alientos etílicos y cuerpos transpirados: una síntesis de lo vivido en la presentación de uno de los discos de 2015. Todo aquello fue la ratificación de que Los Rusos Hijos de Puta no es una banda más y que la experiencia sensorial jamás se completará sin ver y escuchar su música en vivo. Todo aquello fue la rabia que sentimos.//z

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