Una de las bandas fundamentales del stoner nacional vuelve a los escenarios el 13 de noviembre en C Art Media. Walter Broide, Gonzalo Villagra y Nico Bereciartúa inauguran una nueva etapa para un grupo que dejó una marca en el rock pesado argentino.
Entre el desierto californiano, la psicodelia de los setenta y el ruido de Buenos Aires, Los Natas encontraron su propio planeta. Riffs monumentales, bajos profundos y baterías capaces de transformar una canción en un viaje hacia lo desconocido.
Desde mediados de los noventa, la banda construyó una identidad que trascendió las fronteras argentinas y se convirtió en referencia para generaciones de músicos. Discos como Delmar, Ciudad de Brahman, Corsario Negro y Toba Trance ampliaron los límites del stoner y dejaron una marca en el rock nacional.
La importancia de Los Natas en la música argentina quedó documentada en Stoner argentino. Rock pesado y psicodelia (1995-2020), de Carlos Noro y Facundo Llano. Libro publicado en 2022 a través de Gourmet Musical Ediciones. La investigación reconstruye el nacimiento y desarrollo de una escena que encontró en Los Natas a uno de sus principales impulsores y abrió nuevos caminos para el rock pesado nacional.
En 2012, Pablo Lakatos eligió Corsario Negro como el mejor disco del stoner nacional en un ranking publicado por ArteZeta, donde Ciudad de Brahman también ocupó el tercer puesto. Ante el regreso de la banda, copiamos y pegamos aquella reseña, que capturaba como pocas la potencia y la originalidad de su música.
Corsario Negro: el disco que llevó el stoner argentino a otro lugar
1– Los Natas – Corsario Negro
Y sí, otra vez los Natas. ¿Les pareció raro que no hubieran aparecido antes?, por algo era. Y podemos parecer condicionados, porque lo estamos. Estamos condicionados por la música. Stoner hay en todo el mundo, y de a montones. Pero acá en argentina tenemos ESTONER, argento, y nos sale muy bien. Acá hay diez bandas que se pueden escuchar y atrás hay diez mil más que pueden encontrar en el under tocando todos los días en millones de locales y fiestas con grillas eternas. Pero si nos gusta tanto el estoner, si nos sale tan bien el estoner, si nos sale tanto estoner por todos lados, es porque a Los Natas los parió esta tierra. Su leyenda es grande, y seguramente siga creciendo, y cuando la gente pregunte “eh, y ¿tanto son?”, vos les vas a señalar tu copia de Corsario Negro, con ese Genhis Khan amazónico en la tapa y le vas a decir “Callate y quemá”.
Corsario Negro es donde los Natas llevaron el Stoner a un lugar al que nadie lo había ni llevado de vacaciones nunca. Realmente, no son muchas las cosas que suenan como esto en el mundo. Basta de analogías de porro y cosas que no tienen nada que ver. Acá hay metal valvular, de sonido antiguo. Metal que se mueve incoherentemente. El disco arranca como terminando, “2002” es una tremenda frenada de tres minutos de largo, como una nave espacial inmensa que cae sobre la tierra y rebota varias veces destrozando todo a su paso, antes de detenerse y deplegar la mejor música del mundo. Esa nave espacial, ese Hawkwind de nuestros tiempos, larga desde su escenario canciones como lava, que se deslizan lentamente hasta los bordes más sincopados del jazz; y por la efervescente combustión mutan en una forma nueva, inclasificable. Los mejores momentos del disco surgen en estas zonas. Esos momentos en que el estoner se estira y parece tomar otra forma, pero se mantiene. Atrás quedan nuestros preconceptos sobre el género, acá solo hay tiempo para que la música densa y agria convulsione, pase de marcha funeraria a desquiciada avalancha en segundos, corte con un interludio intrincado, minucioso y luego explote en el estribillo. Como en “Patas de Elefante”, a veces no hay estribillo, y a veces lo único que hay es estribillo. Al igual que en Ciudad de Brahman, las partes instrumentales son largas, preponderantes, y sería fácil decir que son lo mejor del disco, si eso fuera verdad. Pero no lo es.

Es un disco inmenso por la potencia de sus canciones, por la fortaleza de sus riffs, tan dinámicos como implacables, tan impenetrables como gaseosos; por la variedad de su música, que no se puede explicar ya que no hay nombres definidos para las músicas que estos señores alquimizan en este disco. Corsario Negro es un disco inmenso por lo enigmático: la música apuntaría al disco conceptual y sin embargo, los temas no parecen comunicarse, o si lo hacen, lo hacen a distancia, sin tocarse, sin relacionarse. Son once canciones iguales pero infinitamente distintas. Es el tercer disco de una banda que prometía muchas cosas en su trayectoria previa, pero no prometía inventar una música que tan profundamente anclada en el estoner fuera tan inmensamente otra cosa. Corsario Negro es un disco inmenso por que ningún disco del planeta tierra suena como Corsario Negro. Sí, es así de bueno.
Y si no, “El Cono del Encono”: estrofas incendiadas, como montañas de fuego, la voz de Chotsurian, gritos definitorios que son la sangre de esa montaña, y vos parado ahí, medio quemado, cantando con ellos apenas tres, cuatro palabras que te abrían un agujero negro en el alma por el que entrabas en contacto con el universo “Vive en la montaña donde siempre hace calor. Baja por los costados del camino, que es más veloz”. Después otro quiebre inesperado, y el jazz del que hablamos. Algo que ni en pedo es jazz, pero que tampoco es stoner, que tampoco es metal, que en dos segundos va a desaparecer bajo el machaque de la guitarra y el bajo. Algo que era infinitamente nuevo gracias a la conjunción de la música pesada con las metamórficas figuras y patrones de Walter Broide, detrás de esa batería hechizera. Más música y de vuelta una sorpresa. Guitarra sobre el vacío y de repente empieza el punk. Velocidad, como un despegue, desde las montañas desérticas hacia el espacio, hacia el cosmos, hacia otro cosmos, verde y demoníaco, animalesco, un universo paralelo al de Ciudad de Brahman.
Quizás nada sea más demostrativo que el paso de “Hey Jimmi” a “Contemplando la Niebla”. Una humareda se levanta delante nuestro. Humo espacial que vuela junto al polvo de siglos, depositado allí, inmóvil desde el Big Bang. Acordes traslúcidos que se suceden como el entramado de la tela de una viuda negra integaláctica, deliciosos patrones hipnóticos que nos enlazan, atraen, embelesan y enamoran. La tela se vuelve diáfana, pierde integridad, estrellas de vuelta en el fondo, como psicodélicos agudos, armónicos de una guitarra que no los puede cantar. Entonces unos instantes de silencio, una inesperada paz. “Wow, ¿ya terminó esto? Que rápido pasó no lo puedo creer, QUIERO MÁS” y en el instante que parece que el viaje se licuó en la esencia del universo, un riff demoledor nos agarra enteros como un gigante en su palma y nos devora. Aún falta la mitad del viaje, pero nosotros ya estamos convertidos, ya somos de Los Natas.
Una nueva etapa
“Su leyenda es grande, y seguramente siga creciendo”, decía Lakatos. Una frase que adquiere un nuevo sentido frente al regreso de Natas a los escenarios.

El 13 de noviembre, en C Art Media, Walter Broide en batería y Gonzalo “El Crudo” Villagra en bajo volverán a encontrarse sobre un escenario junto a Nico Bereciartúa en guitarra y voz.
El regreso también generó diferencias entre los integrantes históricos de la banda. Sergio Chotsourian, fundador de Los Natas, difundió un comunicado en el que expresó su indignación y tristeza por el anuncio del show, aseguró que no dio su consentimiento para la presentación y cuestionó que se promocione como el regreso del grupo.
Con una trayectoria que incluye RIFF, Viticus y The Black Crowes, Bereciartúa aporta una impronta vinculada al blues y al rock clásico. Su estilo abre nuevas posibilidades para un repertorio que siempre se caracterizó por la experimentación.

En una entrevista publicada el 2 de noviembre por Soy Rock, Broide contó que para este regreso recuperaron las afinaciones originales de varias composiciones, entre ellas la afinación grave en Do sostenido, y que comenzaron ensayando diez canciones hasta llegar a trabajar sobre unas 22. El baterista también explicó que la intención no es reproducir exactamente las versiones del pasado, sino volver a interpretarlas desde la experiencia musical actual de sus integrantes.

La banda prepara así un recorrido por distintas etapas de su discografía, que incluirá canciones que llevan casi dos décadas sin interpretarse en vivo.

Más que una reconstrucción del pasado, el concierto propone volver a escuchar esas canciones desde el presente, con una formación que conserva parte fundamental de su identidad y suma nuevas posibilidades musicales.//∆z

Más info: Natas se presenta el viernes 13 de noviembre de 2026 en C Art Media (Av. Corrientes 6271, Buenos Aires). Entradas disponibles a través de Passline.