Escena hardcore en Buenos Aires: existir más allá de lo establecido
Por Gerónimo Kener

En Villa Crespo y a lo largo de dos jornadas tuvo lugar el festival que reunió a lo mejor del género y sirvió como festejo de los veinte años del fanzine En el Desierto.

Por Gerónimo Kener
Fotos de Nazareno Acosta


“Existir independientemente de lo establecido es una retribución política”. Con esta frase de Ian Mackaye, cerebro detrás de Minor Threat y Fugazi, inicia el documental de Gastón Marín sobre La Cultura del Barrio, club antifascista ubicado en Villa Crespo. Allí conviven entrenamientos de boxeo, actividades sociales y recitales, siempre con el fin de generar alternativas. En esa ecuación ingresa el hardcore de la mano del fanzine En el Desierto, comandado por Federico Inchausti, quien coincide con los ideales del club.

Desde 2003 Inchausti organiza recitales casi sin parar, con la excepción de 2019 y 2020. La vuelta de los shows luego del momento más crítico de la pandemia no le traía buenos augurios, pero para su sorpresa la renovación dentro en la escena se dio naturalmente.

Para festejar los veinte años de su fanzine En el Desierto, Inchausti organizó un festival de dos días con bandas, dos escenarios, exposiciones de fotos, remeras y mucho más. Para él las cosas se pueden hacer de otra manera: en vez de vender entradas anticipadas mediante alguna ticketera, los tickets se vendieron en puerta el mismo día. Además de tener un precio accesible para que cualquiera pudiera pagar, el ingreso se dio con un alimento no perecedero como donación para Amigues por las calles, una comunidad que reparte donaciones y viandas para personas en situación de calle.

El sábado 22 de abril fue la primera fecha. El portón amarillo de La Cultura del Barrio, abierto de par en par, se vio atravesado por una numerosa cantidad de jóvenes y Lazos de Amistad fueron los encargados de iniciar el primer día: la banda entregó una dosis de hardcore punzante y clásico al presentar su EP Se están llevando todo. Casi al final de su set, el cantante Matías Costas avisó que venía algo distinto: de repente, el bajista Daniel Aguero y el baterista Nicolás Césare dejaron sus instrumentos para agarrar un micrófono, rapear un tema nuevo correspondiente a su futuro disco y dejar en claro que en su propuesta había lugar para todos los géneros.

Minutos después, un sonido potente llegó desde el sótano: Amargaditos Go Home lo dio todo mientras la gente se amontonaba en el pequeño espacio. La banda señala a Fun People como una de sus influencias principales y, pasando con suerte los veinte años, los oriundos de Laferrere tienen una energía descomunal y cada canción tiene una impronta de hardcore distinta. El público se las ingenió para armar rondas de empujes y patadas al aire en un lugar que es un poco más grande que una habitación, mientras el bajista movía su instrumento de arriba a abajo como suele hacer Freaky Franz de Turnstile. Ya para el final pidieron por Federico Inchausti, quien iba por todo el club organizando que no faltara ningún detalle: cuando bajó, se calzó la guitarra y tocó un tema como invitado.

Nuevamente en la parte de arriba fue el turno de Kobe FC, quienes desarrollaron un hardcore emotivo y melódico. El cuarteto presentó su EP Nadie Es Una Isla (2022) ante un público que escuchó atentamente y protagonizó un gran pogo hacia el final.

¿Fútbol americano y hardcore? Sí, Mariscal X hizo su debut oficial luego de algunas presentaciones. Este es un proyecto especial y familiar: Federico Inchausti en guitarra, Pauli (su mujer y voz de Distante) en bajo y la aparición estelar de su hijo El Pelu, el pequeño Tom Brady, como cantante (la peculiaridad es que el joven vocalista tiene apenas once años). Fue un show de solo cinco minutos, corto, efectivo y sin más, que hizo explotar de euforia a la gente y provocó un calor como si el clima de verano hubiese regresado. “Cuarto intento, me la voy a jugar”, gritó sin parar el pequeño cantante: no debe haber mayor satisfacción que, a su manera, tu hijo siga tus pasos.

Mientras la distorsión se cruzaba con los aplausos, el pequeño Brady le cedió el micrófono a Antonella de Fix Me, Federico cambió la guitarra por el bajo y comenzó el set de Descaro. Hardcore veloz y conciso en otros cinco minutos que generó una explosión de pogo, al punto de que incluso El Pelu se acercó tímidamente a tirar patadas al aire junto a un chico con la remera de Distante que lo cubrió de posibles empujones. EL show terminó y la gente huyó despavorida hacia arriba, como buscando aire y descanso.

Para bajar un poco las revoluciones, fue entonces el turno de Rosedal de Rosario. Desde el vamos, el grupo tuvo una distinción con las bandas que habían tocado hasta el momento: el teclado liderado por Victoria Chairo. Para terminar de definir su sonido, a eso se suman dos guitarras y las voces mezcladas entre el guitarrista Matías Orsi, Chairo y Connie Abeille (quien, además, es la bajista del grupo). Su propuesta es un shoegaze moderno y melancólico que se llevó la atención de los presentes en el contexto de un show sólido en el que tocaron temas de su disco debut Portal (2018) y el EP Universo Paralelo (2020).

Apenas terminó Rosedal, la gente se apuró para bajar nuevamente al sótano y asegurarse un lugar. Un chico le pidió a su amigo que le marcara una x grande en su mano con un fibrón negro. ¿Por qué la x? Por el Straight Edge, el movimiento que tiene la posición de no tomar alcohol y tampoco consumir drogas, una manera determinada de afrontar los vaivenes del mundo. El festival, el público y los grupos apoyan este movimiento, y uno de ellos es Distante, la banda que surgió en la pandemia y lleva los valores del Straight en la piel. Con Bold como influencia directa, los temas pasaron sin respiro y las letras invitaron a reflexionar, pero no a imponer: para ellos, la escena debe ser un espacio positivo y sin prejuicios. Durante el show, la gente se adueñó de las canciones y, por momentos, del micrófono: los gritos se hicieron eco en la frase “Que nadie te diga cómo tenés que pensar”. Durante 2022 hicieron veintinueve recitales y en 2023 ya llevan varios más, por lo que seguramente sea otro año de bastante actividad.

La banda que cerró el primer día fue Rosamonte, una agrupación de jóvenes con facilidad para pasar de un hardcore furioso al shoegaze. Hace un año que vienen tocando en vivo y su sonido fue evolucionando, algo palpable en los temas de su disco Inevitable (2022), que tienen la capacidad de generar pogo y bailes por igual (una canción como “Hey”, por ejemplo, puede ser el contraste perfecto de sensaciones). A lo largo del recital, también se dieron el gusto de hacer el cover “Blue By You” de Turnstile, una de sus grandes influencias, y, entre aplausos y agradecimientos, se dio por finalizada la primera fecha.

Para el segundo día muchos y muchas volvieron a acercarse para repetir otra jornada de disfrute en la que también hubo caras nuevas. La gente se amontonó en la puerta de La Cultura del Barrio y rápidamente los chicos de Álamo ingresaron al recinto, se calzaron los instrumentos y arrancaron con un show que desató el mosh. La banda originaria de la zona oeste del GBA levantó la temperatura mediante riffs crudos y, como ellos mismos dicen, con tintes de grunge.

Luego se presentó Neokira, que viene de lanzar su EP Nuestra Convicción (2023), y, al igual que Álamo, son jóvenes que forman parte de una nueva generación de hardcore con furia y energía que renovó la escena. Fue una de las bandas con mayor utilización del doble bombo en la batería, que añadió matices rítmicos al sonido de un grupo con mucho futuro por delante. Más tarde llegó el momento de Dust, una banda con grandes influencias del hardcore neoyorquino, tanto musicalmente como estéticamente. Cuentan con varios años en la escena, por lo que tienen experiencia de sobra, y durante su presentación recorrieron las canciones de su último EP Colapso (2022).

En ese momento de la segunda jornada finalmente aparecieron los invitados internacionales. En el sótano, por ejemplo, subió al escenario Incinerar, cuarteto proveniente de Chile que comparte los ideales del festival ya que son straight edge y antifascistas. Sus letras relatan vivencias políticas del país trasandino y su propuesta es mucho más metálica, con riffs de guitarras que recuerdan en parte a Slayer. Fue su primera visita a la Argentina con tres shows y seguramente sea no sea su última vez en Buenos Aires.

Warren, por su parte, se formó en 2016 y, al igual que Kobe FC el día anterior, fue la banda de hardcore melódico de la fecha: agresivos cuando quieren y melancólicos por momentos, dentro de sus influencias están el emo y el post hardcore de los 2000 (tal vez sean de los mayores exponentes de estos subgéneros en el país actualmente). El mejor momento de su show llegó con el riff de guitarra de “Peste a Derrota”, que se convirtió en coro de cancha e invitó a seguir los pasos a futuro de un grupo en constante crecimiento. Rancho Aparte, banda de Berisso formada en 2017 que tiene una mezcla de ataque filoso al sistema con un sentido del humor atípico que los distingue, fue la encargada de cerrar el sótano. Se trata de un grupo que tiene estribillos memorables que el público cantó sin parar, algo que brilló en “Hermanadas y fuertes” (en la que invitaron a Pauli de Distante y a Antonella de Descaro). En un gran cierre y ante el pedido insistente del público, tocaron “Si te vas” de Shakira obviamente en clave hardcore punk.

Federico Inchausti presenció el final de Rancho Aparte, subió las escaleras y agarró el micrófono para iniciar el set de Excusas, banda que no tocaba hacía cinco años y que marcó el cierre del festival. “No me esperaba que hubiera tantos jóvenes apoyando el straight edge, luchando por un mundo mejor, por otro mundo”, lanzó Inchausti lleno de felicidad por lo generado junto a su fanzine. Como él mismo dijo, el hardcore debe ser horizontal, y así fue a lo largo de las dos jornadas en las que cada banda tocó con el apoyo de sus pares en los pogos y en el canto. En diálogo con ArteZeta, Inchausti resumió el espíritu de lo vivido de la siguiente manera: “Invité a las bandas que me gustaría ver, que tengan ganas de conocer gente y de difundir su música. Que todo sea horizontal, sin barreras entre músicos y público, que quieran un mundo mejor a través del arte”.