El pasado 9 de Mayo se estrenó Spring Breakers, la última obra maestra de Harmony Korine. Capitalismo salvaje y fiestas picantes en las deliciosas costas de Florida hacen de esta película una espectacular visión decadentista del nuevo nihilismo toxicómano.

Por Ignacio Barragan

 -¡Mamá! ¡Mamá! ¡Espero que la ultima película esté buenísima como las de “High School Musical”! ¿Después me compras helado a la salida? ¿Dale? ¿Dale?

Pobre niña, pensé…, no tiene ni idea quién es Harmony Korine.

Decenas de niños alborotados y bien perfumados junto a sus madres entran al cine. Es el estreno de “Springbreakers”, el último absurdo de Korine que tiene como protagonistas a actores bastante poco usuales en su filmografía. Claro, Selena Gomez y Vanessa Hudgens son dos chiquillas que se hicieron famosas por ser un producto de Disney que se comerció a gran escala, donde Nación, Familia y Propiedad son el trasfondo de amores adolescentes y canciones melosas. Es por eso que la escena que me encontré en aquel cine pedorro me pareció tan maravillosa: Todos aquellos niños y sus madres estaban a punto de ver algo que no se esperaban.

“Spring Breakers” es una película intensa desde el primer minuto. Una introducción al asunto ilustrada por jóvenes en la playa junto a tetas llenas de birra dan comienzo a esta película fascinante donde el dubstep y el trance and roll juegan de local. El argumento es simple: cuatro niñas de ciudad se van de vacaciones de primavera, allí todo es droga y diversión hasta que caen en cana… de ahí en más van a haber más drogas y más acción con una cantidad de tiros interesante. La iluminación de la película es genial y el uso del fluor como color disonante se logra de maravilla en un relato lleno de irrupciones y saltos de página. Y a decir verdad, para ser una película que se adecue a las exigencias del mainstream, “Spring Breakers” sabe utilizar todos los matices de cámaras que el dinero pueda lograr.

Al igual que el depravado sociopata de Hunter S. Thompson se dopó de ácido hasta las pelotas para investigar acerca de la verdadera esencia del sueño americano en Las Vegas, parece ser que Korine intenta realizar un experimento parecido pero en Florida. Aquella idea de realización interior junto a desbordes orgiásticos es desarrollada bastante bien en el filme dando la impresión que hay toda una juventud en este preciso momento deseando encontrar la cima de la gloria o el “vive rápido, muere joven” en todas partes de Estados Unidos.

Por lo tanto no hay mucho más para decir de esta obra debido a que está sujeta a múltiples interpretaciones, así que no se pierdan la última película de uno de los mejores directores del cine independiente. Si bien Harmony Korine ya no es mas aquel skater paquero que hizo “Gummo” y le robaba plata a Meryl Streep para jalar un toque, (una seca no se le niega a nadie Meryl) ahora es un cuarentón que logra una reflexión y una osadía más que valorable en lo que fue su pasado mas próximo, las drogas y el reviente. Una crónica pop de la era pos-facebook, una obra impresionista de la cocaína o como quieras llamarlo, es la síntesis de “Spring Breakers”.

No puedo dejar de pensar en todos aquellos niños que vieron cosas que no debían ver a aquella edad. Pero sin embargo me pone contento que aquel objetivo de envenenar a los jóvenes que se planteó Korine al comienzo de su carrera con el guión de “Kids” aun se cumpla. Al igual que Sócrates, Korine es un ser excepcional que plantea más preguntas que respuestas en sus películas y estamos muy contentos con eso.//z

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