El ritmo de la oscuridad

Melodías de oscuro tecnopop y chicos y chicas vestidos de negro habitaron el ZAS el pasado sábado por la noche con la presentación de Las Cosas, Mujercitas Terror y Mueran Humanos.

Por Cladio Kobelt
Fotos de Pablo Lakatos

El espíritu de Systers of Mercy y Clan of Xymox se percibía al comenzar la noche en el Zaguán Sur, donde finalmente se llevaría a cabo una fecha largamente esperada, por la conjunción de una banda pocas veces vista en nuestro país y de otra convertida en fiebre de culto y devoción. Esa oscuridad punk y rabiosa, a veces salvaje, a veces melancólica y a veces divertida, tendría su celebración.

Los primeros en subir al escenario fueron Las Cosas, una agrupación muy interesante que supo ganarse a los presentes a fuerza de ritmo e innovación. Completamente ajustados, sin fallas ni huecos, sorprendieron con una propuesta instrumental y bailable, casi hipnótica. Sus melodías tenían algo de épico, de triunfo, como la banda sonora de redención de aquellos que se caen y se levantan siendo más fuertes. El primer tema cantado llegó con Hernán Espejo, voz de Compañero Asma, como invitado. A esa altura, buena parte del público bailaba esos beats contagiosos cercanos a un Jungle sanguíneo, al kraut, la experimentación y los ritmos latinos. El show de Las Cosas terminó, y el mismo grupo que había llegado al escenario con un tibio aplauso, se retiraba con una merecida ovación. Si la noche comenzaba así…

Luego, fue el turno de Mueran Humanos. La oscuridad y el ritmo electro inundaron al Zaguán Sur en una penumbra certera y bailable. Dueños de un dark wave furioso, Carmen Burguess y Tomás Notcheff hicieron de esa noche un espacio mágico y atemporal, clave y vital. La guitarra cósmica de Notcheff y los sintes y voces de Burguess se fundían dulce y brutalmente creando una atmosfera densa y pesada, a veces opresiva, a veces liberadora. Cuando llegó el turno de Tomás en la voz, la suavidad synthpop se transformaría en un frenesí rockero, y el baile en pogo. Todo golpeaba fuerte generando una danza masiva, con un Zaguán a capacidad completa, que por momentos parecía aquella fiesta salvaje de Zion en Matrix: Reloaded, pero claro, mucho más dark. Gritos, sonidos psicodélicos y beats infinitos que alentaban a las fieras de la oscuridad, nunca tuvieron tanto ritmo. Las notas de bajo goteaban espesas, sangrantes, sobre el sonido, y unos martillazos rítmicos parecían indicar la presencia de algo más, extrasensorial. Brotando de los parlantes, como indicaba una de sus letras, “un arco iris negro” estallaba en cada canción. El dúo dejó el escenario con el público aullando por más, certificando ser una banda única y necesaria para la escena.

Mujercitas Terror tuvo la difícil tarea de cerrar la noche y subir la apuesta luego del demoledor show de Mueran Humanos, y vaya si lo logró. Con ese estilo tan particular que los caracteriza -mezcla de Joy Division y The Cramps- los M.T. dieron un show fulminante, veloz de principio a fin, cuasi ramonero. Recién hacia el final dirían algunas palabras, pero antes de eso el ritual consistió en una canción tras otra, solo separadas por el “1, 2, 3, 4” marcado por el platillo. La multitud se entregó a un pogo salvaje y desbocado, festejando cada tonada, bailando frenéticos ese swing del diablo. Mujercitas tracciona a sangre cada melodía, dejando el alma en el sonido. Se equivocan, cortan, empiezan de nuevo y a nadie le importa, si están ardiendo en llama con cada canción. Con Carmen de M. H. invitada en algunos temas, alegrando a los fans de los viejos tiempos (para aquellos que lo desconocían, Burguess fue hace algunos años miembro estable de Mujercitas al mando de los teclados), las canciones ganaban espesura y clima, dando una dimensión más al sonido y una textura trascendente.

Con un extenso show donde no faltaron hits como “Actriz”, “En mis días de guerra”, “Ángel Fuhrer”, “Excavaciones” y tantísimas otros, los M.T. brindaron un recital energico e incendiario, superando las expectativas. Cuando se despedían y parecía que todo se terminaba, su público pedía más y más. Y tuvo más. “Mamá mata niñas”, otro ya clásico de la banda, coronaba a puro pogo, baile y celebración una noche donde la oscuridad tuvo su propio ritmo, uno que se debería repetir más seguido.