El Borges de Llinás
Por Pablo Díaz Marenghi

En Biografía de Jorge Luis Borges, Mariano Llinás construye un universo de objetos, archivos, viajes y desvíos narrativos para explorar la vida literaria del escritor argentino. Pablo Díaz Marenghi se sumerge en una película de cinco horas y media que, entre el cine y la literatura, convierte la figura de Borges en un territorio de obsesiones, misterios y senderos que se bifurcan.


Más allá de la consagración literaria, de los gestos, los premios y las leyendas, hay algo más que rodea la figura de Jorge Luis Borges. Se ha transformado en un género en sí mismo.

Así como existe el Borges de Piglia (sus clases televisadas), el Borges de Sarlo (su gran ensayo Un escritor en las orillas) y el Borges de Bioy (su célebre diario, recientemente reeditado en dos tomos por Emecé a precio no tan módico), debemos agregar al listado el Borges de Llinás.

Su película —no es un documental, es algo más que eso—, de cinco horas y media de duración, llega a las salas del MALBA en noviembre, donde continuará proyectándose durante el verano. 330 minutos que exploran, abordan, rodean; murmuran, perforan, sienten; arrullan, cuestionan y narran la vida y obra de Jorge Luis Borges. O, mejor dicho, vuelven cine su vida literaria. Si es que resulta posible realizar algún tipo de escisión entre el escritor y sus libros.

Objetos y lugares. De ese modo podría sintetizarse el procedimiento narrativo de este filme. Con Ernesto Montequin —un personaje en sí mismo, salido de una novela de Dashiell Hammett, que merece un documental propio— como una suerte de baqueano, van rastreando las huellas de JLB a través de sus objetos, de un modo aurático (parte del archivo de Nicolás Helft que dio origen al filme). En este recorrido, la escena en la que emerge Fernando Martín Peña, nuestra cinemateca viviente, es una de las más emocionantes.

Luego, gracias al personalísimo estilo de Llinás (que también, cual Herzog, forma parte del metraje), perfeccionado en los últimos tiempos a través de varios documentales peculiares (Clorindo Testa, su trilogía sobre Ignacio Corsini y el tríptico dedicado al grupo artístico Mondongo), la película se transforma en una mamushka narrativa. Múltiples piezas que encajan. Senderos que se bifurcan. Un gesto, también, borgeano.

Tenemos el diario de Montequin, un abecedario, los viajes por lugares importantes en la vida de Borges —no exentos de equívocos y fugas hacia adelante—, la lectura del guion, las citas de libros ampliadas con lupa, el vinilo de Borges narrando con su propia voz, interrumpido y loopeado por la mano ansiosa del director.

Mientras el espectador observa, surge una pregunta: ¿cómo se escribe el guion de un filme como este? ¿Se define previamente? ¿Se va armando con el correr de la filmación y se ultiman detalles en la sala de edición? ¿Es un poco de todo?

En los momentos más originales del filme (original en el sentido creador, un material nuevo que la película provee), como la biografía de Cozarinsky escrita por Montequin o la musicalización del poema «La tapera» a cargo de Pablo Dacal (viejo ladero de Llinás), la voz en off del director se interpone. Como diciendo: no hay espacio para la originalidad total. Lo importante es la reinterpretación de materiales existentes. El montaje. Un rediseño que aporte otras voces a lo ya conocido. Un extrañamiento. La yuxtaposición. Algo de la teoría del genio no original retomada por Kenneth Goldsmith en su ensayo Escritura no creativa.

Biografía de Jorge Luis Borges es una película total. Porque Llinás vuelca allí todas sus obsesiones. Inclusive se da el lujo de homenajear a Hugo Santiago, uno de sus grandes maestros.

Es una película poética. Porque sus imágenes son evocativas, evanescentes, y van mucho más allá de la mera explicación. Fiel a su estilo.

Es una película sobre la idea del otro, la duplicidad. Por eso el final. Por eso el poema «Borges y yo» funciona como una suerte de anverso o epígrafe del filme.

Es una celebración de la curiosidad, la obsesión y el misterio. Del siglo XIX, del XX y del XXI. De la argentinidad y del internacionalismo. Del cine y de las letras.

Parafraseando la escena poscréditos: Mariano Llinás regresará.//∆z

Por Pablo Díaz Marenghi