Dos historietas antibélicas
Por Hernán Martignone

Analizamos la adaptación de la novela de Kurt Vonnegut, Matadero cinco y una crónica de investigación y reflexión sobre Malvinas, Turba.


Matadero cinco, o La cruzada de los niños
de Ryan North y Albert Monteys (Hotel de las Ideas)

La guerra solo quiere mostrarse,
a los ojos de los que no han participado activamente en ella,
como una franca contienda entre héroes.
Federico Jeanmaire, Wërra

Basada en la novela Matadero cinco, o La cruzada de los niños de Kurt Vonnegut, esta adaptación homónima de Ryan North (Hora de aventura) y Albert Monteys (¡Universo!) se propone un abordaje –en el sentido más “pirata” del término– de la obra original para apropiarse de ella y transformarla con un uso consciente y soberbio de los mecanismos que le brinda el lenguaje de la historieta.

Vonnegut, que fue soldado y prisionero y sobreviviente del bombardeo aliado a la ciudad alemana de Dresde durante la Segunda Guerra Mundial, coloca el título alternativo de La cruzada de los niños para responderle a una amiga que le dice que su novela va a glorificar la guerra y que ocultará el hecho de que los hombres que pelearon en ella “eran unos bebés”. Respetando la esencia del libro (el relato de “la atrocidad cometida en Dresde”, en palabras de Vonnegut), la versión de North y Monteys elige concienzudamente cómo narrar el deambular del inolvidable Billy Pilgrim por el conflicto bélico en general y por el resto de su vida, vivida de una manera bastante particular a partir de su contacto con los seres del planeta Tralfamadore y de su comprensión del tiempo.

La ciencia ficción se cruza, así, de modo magistral con la denuncia del belicismo, en un ir y venir –balanceado a la perfección por medio de transiciones verbales y gráficas entre las memorables escenas– de un mundo a otro y de una época a otra.

Porque Billy “se desprende en el tiempo” y da saltos temporales a cualquier momento de su existencia. Esos saltos nos invitan a un juego visual muy interesante, espejado además en la propia literatura tralfamadoriana –esa literatura alien es muy parecida, en su estructura y lenguaje, a una historieta–, pero son en parte también un intento de escape ante el horror de lo vivido. Sin embargo, sabemos que la ciencia ficción suele plantear una crítica de la realidad, por lo que incluso en ese supuesto escapismo hay una reflexión sobre la traumática experiencia de vivir la guerra y de seguir viviendo en sociedad.

No solo Albert Monteys descuella en la representación gráfica de esa suerte de instantáneas que nos llegan como fragmentos de metralla, o como piezas de un rompecabezas extraterrestre, sino que su dibujo (que se mueve entre el realismo expresivo y la caricatura) es profundamente conmovedor y le agrega a la historia original aún más emoción de la que de por sí tenía. Además, en varias páginas transfigura su estilo al de los viejos cómics de aventura, ya que los adaptadores convierten en historietista al escritor Kilgore Trout (personaje recurrente de las novelas de Vonnegut). Aunque predominan el recorte y la condensación, como suele ocurrir con las transposiciones, se mantienen tanto las principales escenas del libro como los múltiples y complejos personajes secundarios que acompañan el peregrinar de Billy, entre 1922 y 1976, y que componen ese lienzo donde se pinta la gran aldea del imperio norteamericano en buena parte del siglo XX.

Con traducción al rioplatense, Hotel de las Ideas nos trae la cuidadísima edición argentina de esta adaptación a historieta de una obra maestra de la literatura.


Turba. Memorias de Malvinas
de Lauri Fernández (Hotel de las Ideas)

Algo así como que un argentino
jamás de los jamases podría ser
de la misma especie que un inglés.
Federico Jeanmaire, Wërra

Entre la intimidad argentina del mate y la cerveza de pub inglés, Lauri Fernández (autora de, entre otras, la también excelente El pozo) propone un viaje por el imaginario de la guerra de Malvinas a través del relato gráfico de una serie de entrevistas a excombatientes de los dos países, así como a otras personas que fueron tocadas muy directamente por aquel conflicto bélico de 1982 en el Atlántico Sur. No se trata, sin embargo, de una mera transcripción dibujada, sino que tenemos enfrente una obra compleja, con muchos aportes de la historietista en reflexiones, información, opinión y sentires, y con un altísimo nivel de dibujo (aguadas de imborrables colores) y narración gráfica (un caleidoscopio de recursos para la puesta en página).

Con la dinámica que inauguró Borges el 26 de agosto de 1982, en su texto sobre Malvinas “Juan López y John Ward” (siguiendo a Homero y su relato-vaivén entre troyanos y griegos “para cantar la cólera de Aquiles”), y que retomó la obra teatral performática con veteranos de Argentina e Inglaterra Campo minado de Lola Arias (2016), Turba nos ofrece una mirada plural, visible en el Memorias del subtítulo y en la rica ambigüedad del propio título Turba, que revela las caras terribles de la guerra tanto para los “vencedores” como para los “vencidos”. El abandono al que fueron sometidos los soldados al volver (o al no volver) de aquella traumática experiencia, en un país y en otro, por el Estado (aunque no solo por él), muestra sus duraderas secuelas en la vida de los sobrevivientes y de las familias afectadas, pero también en la de quienes han intentado ayudar a reparar en algo aquel doloroso episodio.

De Parque Patricios o Lanús a Newcastle o Shipley, seguimos el trayecto de la autora por una investigación de corte académico hasta la realización de esta historieta, que termina de demostrar todo lo que la narración en viñetas tiene para ofrecer al momento de presentarnos una historia en toda su complejidad. Comenzando por un episodio de su infancia en el que descubre (y piensa y siente) la muerte en una excavación arqueológica de Mendoza, y llegando a la conversación con miembros del Equipo Argentino de Antropología Forense y a la charla con la hija de un piloto argentino muerto en combate, cada capítulo avanza en la construcción de la crudeza de la guerra, pero a la vez en la reconstrucción de lo que fue dejando, con un énfasis muy marcado en el “después” y en lo que todavía queda por hacer.

Como dirá el veterano inglés David Jackson, que se volvió psicoterapeuta y también performer en Campo minado, “Después de muchos años, todavía estoy tratando de entender quién soy”.

La literatura, a partir del mencionado poema de Borges y de la novela Los pichiciegos de Fogwill (1983, aunque escrita apenas terminada la guerra en solo una semana), continuó problematizando el conflicto hasta las recientes 1982 de Sergio Olguín (2017) y Ovejas de Sebastián Ávila (2021), y en parte también el cine desde Los chicos de la guerra de Bebe Kamin (1984). En el ámbito de la historieta, Turba deviene la tercera hoja de un tríptico conformado por los otros dos referentes sobre este tema: Tortas fritas de polenta, de Fuchi Bayúgar y Ariel Martinelli (2013), y Cómo yo gané la guerra, de Pepe Angonoa y Javier Solar (2017).

Turba. Memorias de Malvinas de Lauri Fernández es un libro fundamental para seguir pensando y sintiendo este trágico hecho de nuestra historia reciente, y una de las grandes obras de la gran historieta argentina.//∆z