Volver a una canción catorce años después. Un piano heredado, Big Sur, el folk norteamericano y una banda que nunca dejó de buscar nuevos sonidos. Martín Remiro reconstruye la historia de “Ciprés”, la canción que abre Dorado y Eterno, y recorre el camino que une aquel disco con el presente de Thes Siniestros con su nuevo disco: Hambre.
Hay canciones cuyo origen puede rastrearse hasta un objeto. En el caso de “Ciprés”, ese objeto fue un piano. El piano del abuelo de Martín Remiro llegó a su casa después de su muerte y, durante un tiempo, desplazó a la guitarra, el instrumento que lo había acompañado durante toda su vida. De esa exploración surgieron “Ciprés” y “Cielo”, dos de las canciones que Remiro aportó a Dorado y Eterno (2012).
Publicado hace catorce años, el disco encontraba a Thes Siniestros buscando una salida de la densidad de Los últimos días (2011). La lectura de Big Sur (1962), de Jack Kerouac, propuesta por Juan Irio, y el acercamiento al folk norteamericano ayudaron a construir un nuevo paisaje para la banda: naturaleza, aislamiento, búsqueda de cierta paz y canciones pensadas como partes de un mismo universo.

“Ciprés” quedó en la entrada. Primera canción del disco, funciona también como una puerta hacia aquella etapa de Thes Siniestros. Catorce años después, Remiro vuelve sobre su origen, la forma de construir un álbum, el sonido platense que reaparece en Hambre y una manera de entender la música que, pese al paso del tiempo, conserva algo esencial: las canciones tienen que terminar existiendo.
ArteZeta: ¿Cómo nació “Ciprés”? ¿Qué recordás del momento en que la compusiste?
Martín Remiro: La compuse en un momento en el que me habían traído el piano de mi abuelo, que había fallecido. Era un piano espectacular y yo, que soy guitarrista de toda la vida, estaba todo el día tocándolo, encontrando sonoridades distintas a las de la guitarra.
En ese momento hice “Ciprés” y “Cielo”, las dos canciones de Dorado y Eterno que compuse yo, además de algunas canciones más que finalmente quedaron para mí. Estuvo bueno porque el piano cambió un poco mi oreja y también lo que tradicionalmente venía haciendo.

AZ: ¿Qué historia hay detrás de la letra y de las imágenes que aparecen en la canción?
MR: Esto se relaciona bastante con Big Sur. Juan propuso la idea de hacer un disco pensado a partir de ese libro. En Siniestro siempre tuvimos la intención de no hacer discos como una simple colección de canciones sueltas, sino tratar de construir discos conceptuales. Todos tenían algún concepto, una historia, imágenes o sensaciones por detrás.
La letra de “Ciprés” habla de ese primer momento en el que esta persona se va al bosque y empieza a encontrar un poco de paz, de paz mental, en la naturaleza.

AZ: Dorado y Eterno está inspirado, entre otras cosas, en Big Sur, de Jack Kerouac. ¿Cómo llegó esa novela a ustedes y qué encontraron en ella para convertirla en una referencia del disco?
MR: La idea la propuso Juan. Nos acercó Big Sur, lo leímos y nos gustó. A partir de ahí empezamos a pensar el disco dentro de ese universo. Siniestro siempre tuvo esa búsqueda de trabajar los discos desde un concepto, una historia o determinadas imágenes y sensaciones, y encontramos en el libro un mundo que nos servía para construir Dorado y Eterno.

AZ: ¿“Ciprés” nació dentro de ese universo o era una canción anterior que terminó encontrando su lugar en el álbum?
MR: “Ciprés” nació dentro de ese universo. Siniestro siempre fue una banda que compuso mucho y que iba buscando nuevos horizontes. En ese momento habíamos terminado Los últimos días, que era un disco muy denso, y teníamos ganas de hacer algo que, entre nosotros, definíamos como un poquito más hippie. Encontramos en algunas músicas del folk norteamericano algo que podía terminar de redondear las canciones que teníamos.
“Ciprés” fue compuesta para ese momento, no era una canción que ya existiera. Creo que todas las canciones de Dorado y Eterno pertenecen a ese momento particular de nuestras vidas. Además, en esa época todos los integrantes tocábamos solamente en Siniestro, así que lo que hacíamos, lo hacíamos para la banda.
AZ: En “Lujo chino”, cuya letra le da nombre a Hambre, aparece un sonido más crudo y rockero. ¿Cómo llegaron a esa búsqueda musical?
MR: Teníamos la idea de que fuera un disco muy rockero y creo que “Lujo chino” representa un poco el resumen del disco. Hay un sonido muy rockero, pero también creo que hay un sonido muy platense. Me parece que pudimos lograr eso: una canción y un disco con guiños al sonido platense histórico.
Cuando nos volvimos a juntar propusimos hacer canciones nuevas. Tenemos un integrante que vive en Alemania y viene cada dos años durante unos cuatro meses. Cuando vino, hablamos de juntarnos y yo también planteé que me gustaría hacer canciones nuevas. No teníamos muchas ganas de volver solamente a tocar las canciones de antes; queríamos generar nuevo material. Y propusimos que ese material fuera bien directo, crudo y guitarrero.

AZ: “Ciprés” abre Dorado y Eterno y “Refugio Hondo Profundo” hace lo mismo en Hambre. ¿Cómo eligen la canción que abre un disco? ¿Qué tiene que tener un tema para presentar lo que viene después?
MR: A veces el tema que abre un disco cae solo. Te das cuenta de cuál tiene que ser. Creo que debe funcionar como una carta de presentación de lo que va a venir, pero sin mostrar demasiado: mostrar un poco, pero no todo.
Por ejemplo, “Lujo chino” no era un tema para abrir porque ya es como un pico de todo lo que hay. Lo mismo pienso de “Brisa o miel” o “Camarada”, en Dorado y Eterno: son temas muy profundos y uno necesita haber escuchado algunas canciones antes de llegar ahí.
Es algo bastante personal, pero creo que la canción que abre tiene que presentar ciertos elementos. También me interesa que sea un tema que se vaya construyendo, que evolucione y que vaya dando pie a mostrar lo que viene.
AZ: ¿Cómo trabajaste las guitarras en “Ciprés” y en “Refugio Hondo Profundo”? ¿Qué buscabas en cada canción y cómo cambió tu manera de pensar los arreglos entre un disco y otro?
MR: Las guitarras de esos dos temas tienen una característica similar: hay una sola línea de guitarra que va construyendo la canción. En “Refugio Hondo Profundo”, cuando el tema explota hacia el final, sí grabé capas de guitarras marcando distintas líneas. Pero creo que la característica común es esa: una línea que se va desarrollando. Suelo pensar los arreglos de esa manera, como líneas evolutivas que van haciendo crecer la canción. Creo que en las dos se escucha cómo se desarrolla el arreglo y cómo se va armando.
Como guitarrista fui evolucionando un poco con la vida. Uno va madurando, escuchando cosas nuevas. Creo que cada vez soy más concreto. Pasan los años, uno tiene familia y cada vez tiene menos tiempo para ser solamente músico, para sentarse en el estudio o en un sillón a arreglar una canción. Quizás antes podía estar todo el día haciéndolo después del trabajo y ahora hay días en los que no tengo tiempo, o tengo cuarenta minutos o una hora. Entonces no hay tiempo para dar vueltas: hay que ir al grano.
Y eso me gusta de lo que me está pasando ahora. Tengo que ser firme, concreto y conciso.
AZ: Si hoy volvés a escuchar “Ciprés”, catorce años después, ¿qué te pasa? ¿Qué encontrás de aquel Martín que la escribió?
MR: Hoy, catorce años después, sigo escuchando “Ciprés” como una canción mía. Más allá de que la haya compuesto yo y de que sea una canción de un proyecto del que formé parte, me sigue divirtiendo.
Quizás a un músico le cuesta volver a escuchar algunas canciones por todo el tiempo que pasó componiéndolas, llevándolas a la sala, grabándolas, arreglándolas y después tocándolas en vivo. Uno no vuelve tanto a escuchar su propia música.
Pero para mí es muy importante plasmar las cosas y llevarlas a lo concreto. Grabarlas; antes, editar un disco, y hoy, con las ediciones digitales, terminar algo y lograr que cobre una forma. Más allá de que te escuche una persona o mil, no importa: es un logro espectacular.
Siempre tengo esa meta. No puedo tener proyectos en los que las canciones no se plasmen, en los que no se concrete lo que uno quiere hacer. Es como decir: bueno, vamos, concretemos.//∆z
