La Canción #1: “Interferencias Totales”
Por Joel Vargas

Una canción, una ciudad y una época atravesadas por las mismas interferencias. Pablo Malaurie vuelve a “Interferencias totales”, una foto de Buenos Aires que, más de una década después, todavía parece hablar del presente.


“Interferencias totales” forma parte de El beat de la cuestión (2013) de Pablo Malaurie, pero también podría ser parte de un mapa de Buenos Aires. No es casual: varias de las canciones del disco fueron imaginadas mientras Malaurie caminaba por la calle Corrientes. 

Hay algo en la canción: maquinitas de ritmo, teclados, ruido, referencias que se pisan unas con otras. Eso captura una ciudad y un momento. Escucharla es volver a una Buenos Aires determinada, a una época de experimentación, cruces y voces nuevas, en la que algo parecía estar tomando forma sin que todavía quedara del todo claro qué era. Una foto movida de su tiempo que sigue saliendo nítida.

La Canción propone detenerse en una canción y entrar en ella: reconstruir su historia, sus sonidos, sus referencias, las decisiones que la hicieron posible y aquello que todavía provoca cuando vuelve a sonar. A lo largo de diferentes entregas vamos a ir desmenuzando muchas canciones de manera caprichosa, aleatoria. 

En esta primera entrega, Pablo Malaurie, ex integrante de Mataplantas, vuelve sobre “Interferencias totales” y reconstruye sus accidentes, referencias y transformaciones: de Manal, Pappo y Tanguito a Charly García, el punk y la electrónica. Una canción atravesada por distintas generaciones de la música argentina y por una cualidad que quizá explique su persistencia: haber quedado ligada a una época y, al mismo tiempo, encontrar siempre alguna manera de escaparse de ella.


ArteZeta: Elegimos “Interferencias totales” porque nos sigue diciendo algo hoy. Es tu descripción de Buenos Aires. Cuando volvés a esta canción, ¿qué es lo primero que aparece: una imagen, un sonido, un estado?

Pablo Malaurie: La canción tiene muchas versiones. De hecho, la llegamos a tocar con Mataplantas en vivo alguna vez, seguramente en 2009. Ahora está más volcada a la electrónica y, en el medio, fue mutando también: hubo versiones más alineadas con la grabación, pero también con guitarra criolla, piano y vientos.

Entonces, lo primero que se me viene cuando la tocamos es eso: cómo resiste el tiempo y los formatos. Por eso creo que tiene cierto carácter de clásico.

AZ: El comienzo dialoga claramente con “No soy un extraño”, de Charly García, y con la canción “Total interferencia”. ¿Ese guiño fue una decisión consciente desde el inicio o apareció mientras la canción se iba armando?

PM: Sí, en el demo ya estaba esa máquina de ritmos tan Charly. Pero hubo un accidente: yo creía estar referenciando a “Total interferencia”, de donde obviamente sale parte del título, y en realidad se trataba de “No soy un extraño”.

Volviendo al título, se trata de una mezcla entre “Total interferencia” y “Gracias totales”.

AZ: En la letra decís: “me gustan las de Pappo y Manal, no las de plastilina”. ¿Pensás esa frase como una toma de posición estética, como una ética de trabajo musical o como una reacción a cierto clima de época?

PM: Sí, está mi amor por los comienzos del rock nacional antepuesto a algo que parece ser de juguete. En la canción están representadas esas brechas generacionales de la música: los pioneros, los 80 y algo nuevo de ese momento, en los 2010, que no terminaba de establecerse.

AZ: Hacia el final aparece la idea de que “amar es un estado natural”. La referencia a Tanguito y a “Natural” es muy clara por la manera en que cantás esa parte. ¿Qué representa para vos esa idea de lo natural hoy y por qué te parecía importante traerla en esta canción?

PM: Sí, está lo de Tanguito, pero también está el seno familiar: “Me acuerdo cuando yo era pibe, entonces me decías que amar es un estado natural”.

Mi mamá es el rock nacional: Manal, Almendra, Los Gatos. Mi papá es el folklore y mi hermana, los 80. Vengo de ese abrazo musical. La línea intentaba hablar de eso.

AZ: “Necesito una canción para este momento” abre la letra con urgencia. ¿Recordás qué estaba pasando —en lo personal o en el país— cuando apareció esa necesidad de decir?

PM: En ese momento había una sensación de que algo estaba emergiendo, pero con mucha confusión. Como cuando se vive algo pero falta la distancia para ver qué es.

En lo personal, creo que había una transformación y una necesidad de hacer algo diferente, justamente de salirse del canon musical y hacer algo que nada que ver: lo que terminó siendo El festival del beso, o sea, el disco anterior a El beat, donde está “Interferencias”.

AZ: Más allá de la letra, la canción tiene un clima muy definido. ¿Cómo se fue construyendo lo sonoro de “Interferencias totales”? ¿Había un sonido buscado desde el inicio o apareció en el proceso de grabación?

PM: Había una dirección muy clara de la onda del tema, que venía planteada desde el demo que hice en mi casa, con esas maquinitas de ritmo y los teclados.

Después, con Manza Esaín, que produjo el disco, cambiaron algunas cosas. Por ejemplo, el solo de guitarra del demo era mucho más blusero y Manza me decía: “¿Pero qué es eso? ¿Tantos años de punk rock al pedo?”. Y ahí salió ese solo todo roto, fuzzeado con su Big Muff ruso.

AZ: En el trabajo de producción, ¿qué decisiones fueron clave para sostener ese clima? ¿Hubo cosas que decidiste no hacer para no “ensuciar” o sobreproducir la canción?

PM: Por ejemplo, Manza tenía muy claro el tipo de bajo que quería, más de púa, machacado. Yo había grabado uno, pero no funcionaba. Entonces lo llamó a Mariano López Gringauz y logró esa cosa pesada que sostiene todo.

Después hubo unas cosas mágicas que hizo Manza en los estribillos, con unas pequeñas notas de celesta y otras de un sinte, que le dieron una dimensión superior. No sé cómo se le ocurrió lo de la celesta, pero quedó impresionante.

AZ: La frase “la brecha se hizo larga esta vez aquí en la Argentina” aparece varias veces. ¿Esa brecha también se pensó desde el ritmo, el arreglo, la manera de decir la letra?

PM: No, en ese caso no hubo un espejo musical de la letra.

AZ: El beat de la cuestión tiene una identidad muy marcada. ¿Sentís que “Interferencias totales” funciona como una clave para entender el disco o como una canción que tensiona al resto?

PM: En un momento iba a ser un disco doble, porque yo me empezaba a entusiasmar con esta cosa más electrónica y quería que un disco fuera todo lo de guitarra criolla y otro, lo más tecno. Estaba esta idea de representar un viaje desde una cabaña destrozada hacia una discoteca.

Después, por suerte, me incliné más por que convivieran todos los temas y que el viaje a la disco no fuera lineal, sino que estuviera desordenado. Creo que así se armó un relato más interesante, que te va cambiando de escenarios, ritmos y texturas.

AZ: ¿Sentís que conserva algo esencial o que el paso del tiempo la transformó?

PM: Tiene estos elementos como de presente constante que hacen que la puedas reinterpretar según el contexto: una explicación de “lo que está pasando”, la idea de que actualmente hay una brecha… Siempre hay una brecha.

En un momento lo podías asociar a “la grieta”, qué sé yo. Creo que hay un truquito ahí que salió sin querer y hace que se actualice sola.

AZ: ¿En qué estás trabajando actualmente?

PM: En un disco nuevo llamado SNF..//∆z