Mallory Craig–Kuhn: “Quise crear un mundo que reflejara la herencia de mi niñez de lectura gringa y mi adultez latinoamericana”
Por Pablo Concha

La autora de Divino neón habla sobre la construcción de mundos, la mezcla de ciencia ficción y policial, y las preguntas contemporáneas sobre tecnología, espiritualidad y mortalidad que atraviesan su novela.

Una nave del tamaño de una ciudad transporta lo que queda de la humanidad. La vida en su interior transcurre con los problemas típicos de cualquier lugar donde los humanos han organizado algún tipo de sociedad: inconformidades, celos, secretos, subculturas, abuso y tráfico de sustancias, crímenes, etc. El ritmo de vida y las costumbres de la mayoría son tan normales que muchas veces ni parece que estuvieran dentro de una nave moviéndose por el espacio.

La Enviro funciona a base de Neón, una sustancia misteriosa elaborada a partir del material genético de animales desaparecidos. En medio de esta sociedad cerrada, dedicada a la búsqueda del conocimiento y a alcanzar, después de la muerte, una especie de integración de la conciencia, comienzan a notarse diferencias ideológicas y la desaparición de algunas personas. Cuando el detective Dairon inicia la investigación, descubre algo para lo que su formación y sus principios no lo habían preparado.

Divino neón, la primera novela de Mallory Craig–Kuhn (Nueva York, 1986), publicada por Ediciones Ayarmanot, es un ambicioso proyecto que abarca dos tomos: Volumen I: Fulgor y Volumen II: Umbral. Se trata de una obra que combina ciencia ficción clásica con elementos de misterio y novela negra para narrar lo que sucede dentro de la Enviro mientras avanza hacia su destino final.


AZ: ¿Qué tanto tenías de la historia de Divino neón antes de entrar al taller de Martín Felipe Castagnet y cómo te ayudó ese espacio a terminar la novela?

Mallory Craig–Kuhn: Tenía muchas ganas de escribir y algunas ideas de personajes y espacios. Quería escribir sobre una nave espacial que funcionara como una ciudad y, además, siempre me han fascinado las sectas religiosas. El espacio de escritura compartida, con devoluciones semanales de lxs compañerxs, fue extremadamente enriquecedor y me ayudó a ver qué funcionaba y qué no. Por ejemplo, empecé a anotar ideas a fines de 2019 y en ese momento ocupaba un lugar central una epidemia devastadora; todo eso, por razones obvias, pasó a un tercer plano y estoy muy contenta de que así haya sido.

AZ: Divino neón es una historia que podría considerarse de ciencia ficción clásica, donde se aprecia la construcción de todo un mundo. No es muy común encontrar relatos así en nuestra lengua. ¿Qué fue lo más complicado de ese proceso?

Mallory Craig–Kuhn: Me encanta esta pregunta porque remite a la influencia de todas las ficciones que van formando nuestro imaginario. Nací y crecí en Estados Unidos, así que mi infancia estuvo marcada por Star Trek, El señor de los anillos, Ursula K. Le Guin y mucho fantástico épico. Las novelas de género escritas en esas latitudes suelen ser más largas y, al menos en la ciencia ficción, la carencia no juega un papel importante: las naves son relucientes, la tecnología es de vanguardia, no falta nada.

Me mudé a Argentina hace dieciocho años y viví tres en Colombia, y la realidad es que la experiencia de la tecnología y la disponibilidad de recursos no es igual en todas partes ni para todas las personas. Eso se ve claramente en la ficción de género que se escribe acá. Para mí fue muy importante participar de esa tradición, y quise crear un mundo que reflejara la herencia de mi niñez de lectura gringa y mi adultez latinoamericana.

A eso se suman las complejidades propias de escribir una space opera, que requiere una trama política, intrigas y luchas de poder. Le agregué el policial, con su misterio, sospechosxs, pistas falsas y giros inesperados. Entonces no solo tuve que tejer una trama compleja y emocionante, con muchos personajes e interrelaciones, sino también crear un mundo coherente con mi experiencia de vida y lectura en Sudamérica.

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AZ: En el libro se evidencia una división entre ciencia/tecnología y misticismo, una inquietud muy actual: o vivir conectados 24/7 a dispositivos electrónicos o buscar una conexión más cercana con la naturaleza. ¿Esa preocupación estaba presente al escribir?

Mallory Craig–Kuhn: No sabía cómo iba a terminar la novela cuando empecé a escribirla. Castagnet siempre me decía: “Vos seguí, tus personajes van a encontrar la forma de resolverlo”. Vamos descubriendo cosas mientras escribimos; nuestras obsesiones e inquietudes merodean por ahí.

Nací en una zona muy rural de Estados Unidos y ahora vivo en Buenos Aires, una capital mundial. Una vez, subiendo un cerro en la Patagonia, sentí cómo el viento me removía el pelo y se me ocurrió una escena: un personaje viaja en un pequeño vehículo por las calles de la nave y se da cuenta de que su cuerpo nunca sintió viento de verdad. Los períodos de luz y la duración de los años se mantienen, aunque ya no están en la Tierra. Hay una memoria genética, una herencia evolutiva de conexión con los ciclos vitales del mundo natural.

Creo que eso está en todxs nosotrxs. Por más que nos creamos una especie aparte, tenemos relaciones profundas con el entorno, y eso implica una gran responsabilidad con el ambiente y las demás especies. Muchas veces pensamos que la tecnología y la civilización humana no tienen nada que ver con la naturaleza, y me parece que hay que tener cuidado con lo desvinculantes que resultan esos discursos. Si no formamos parte del mundo natural, quedamos algo así como un virus o un cáncer, y se cierra cualquier posibilidad de reevaluar formas de vida más sostenibles o armoniosas.

AZ: La sustancia conocida como Neón es uno de los elementos más misteriosos e interesantes de la novela. ¿Cómo nació esa idea?

Mallory Craig–Kuhn: Soy muy lectora del cyberpunk y esa impronta visual siempre estuvo en mi imaginario de la Enviro. Durante el segundo año del taller —para que tengas una idea de lo largo y variado que fue el proceso— me topé con un artículo sobre xenobots, que son, y esto existe realmente, pequeños robots orgánicos hechos a partir de células de rana. Me voló la cabeza.

Para escribir ciencia ficción, el “dispositivo loco”, por decirlo de algún modo, tiene que estar. Entonces, esta idea de xenobots con IA suspendidos en un líquido bioluminiscente, una mezcla de elementos tecnológicos con restos orgánicos de especies que se extinguieron con el planeta Tierra, fue fundamental. Además, el juego con los colores de los días y el clima que se puede crear con esos tonos en distintas escenas es toda una fiesta.

AZ: ¿Por qué creés que las sociedades avanzadas buscan, en la mayoría de los casos, la inmortalidad?

Mallory Craig–Kuhn: Creo que hay una pulsión por buscar los límites y empujarlos. Eso es natural en el ser humano: nos gustan los desafíos. Existe esta idea, muy presente en la ciencia ficción en inglés y ligada a discursos arraigados en culturas céntricas o primermundistas, de que la ciencia es capaz de todo si hay suficiente financiación.

A mí me interesa más explorar qué pasa cuando nos encontramos con límites insuperables o cuando elegimos aceptarlos. Hay carencias, hay fronteras que no podemos —o quizás no deberíamos— franquear. ¿Qué sucede cuando nos amigamos con la idea de nuestra mortalidad? ¿Cómo se resignifica la vida cuando abrazamos la muerte? ¿Es posible transitar la finitud, propia y ajena, con ternura y reverencia?

Me interesa desarmar esas fantasías un poco soberbias. ¿Es más deseable vencer la muerte como si fuera un enemigo, o se enriquece más el panorama si la aceptamos y exploramos nuevas formas de vivir?

AZ: Divino neón mezcla ciencia ficción, policial, misterio y elementos weird. ¿Cómo fue combinar todo eso?

Mallory Craig–Kuhn: Es una novela de acción. En ese sentido, la space opera y el policial van de la mano. Están muy presentes la intriga y el misterio, con un gran elenco de personajes y mucho espacio para desarrollar detalles. Eso permite introducir red herrings para despistar y lograr una resolución inesperada pero coherente.

También es una novela sobre la muerte y sobre cómo vivir en comunidad en una situación límite. Tiene mucho que ver con lo biológico y lo espiritual. Soy escritora de ciencia ficción blanda: no me interesa calcular las dimensiones necesarias para producir gravedad artificial, sino lo que les pasa a quienes habitan la nave. Qué sentidos de pertenencia o propósito buscan y crean mientras navegan por el vacío.

AZ: ¿Con qué obras dialoga o se inspira esta novela?

Mallory Craig–Kuhn: Está la idea de que la nave es más que una máquina, algo inentendible, como en Luz de M. John Harrison. En la noción de ternura y comunidad, La mano izquierda de la oscuridad de Le Guin es clave. En la aventura, The Expanse de James S. A. Corey. También hay puntos de contacto con Los cuerpos del verano de Castagnet, cuando cambian las reglas de la mortalidad a través de la tecnología.

Pienso además en El libro de otro lugar de China Miéville y Keanu Reeves, donde un personaje inmortal no quiere morir, sino poder morir. Eso lo cambiaría todo. Y finalmente De aquí a la eternidad de Caitlin Doughty, que explora ritos de la muerte en distintas culturas, fue una lectura fundamental para pensar cómo se desarrollaría todo eso dentro de una nave espacial.

AZ: ¿Cómo ves el panorama de la ciencia ficción escrita por mujeres en nuestro continente?

Mallory Craig–Kuhn: Por suerte, la representación de voces diversas va mejorando en los últimos años. En Chile está la editorial Imaginistas, que publica a mujeres y disidencias; en Colombia, Ediciones Vestigio; y en Argentina tenemos a Mariana Enríquez, Samanta Schweblin, Laura Ponce, Flor Canosa, Claudia Aboaf, Cynthia Matayoshi y María Eugenia Alcatena.

Sigue habiendo un sesgo hacia escritores varones, hetero-cis, blancos y de clase media-alta, pero el mercado se va diversificando y las editoriales empiezan a abrir espacio a otras voces.

AZ: ¿Qué es lo más importante a la hora de escribir ciencia ficción?

Mallory Craig–Kuhn: Perder el miedo. Animarse. Escribir con convicción y dejar de pedir disculpas por trabajar género. Somos ñoñxs, asumámoslo, y escribamos con la misma naturalidad y empeño que los géneros miméticos. Estas historias también son conmovedoras y apasionantes.

Y además, compliquémonos la vida: experimentemos, intentemos cosas que no sabemos si van a funcionar. Es un camino de descubrimiento y hay que permitirse jugar.

AZ: ¿Qué novelas de ciencia ficción recomendarías como formativas?

Mallory Craig–Kuhn: Siempre recomiendo a Angela Carter, escritora británica y feminista que trabajó los cuentos de hadas y los géneros populares de un modo muy singular; los epígrafes de mi libro son de Noches en el circo. También el hopepunk de Becky Chambers, autora de Monje y robot. En castellano, Parásitos perfectos de Luis Carlos Barragán y Si sintieras bajo los pies las estructuras mayores de Roberto Chuit Roganovich, una novela que me voló la cabeza.//∆z


Pablo Concha es escritor colombiano. Autor de los libros de cuentos Otra luz y La piel de las pesadillas. Su relato “El infinito en una cita” fue incluido en la antología Puñalada Trapera II (Rey Naranjo Editores, 2022). Colaborador literario en diversos medios