Unbreakable Kimmy Schmidt: Salir de Adentro de un Termo

Netflix presenta una nueva serie original. La sorpresa: no se trata de spin-offs, dramas, superhéroes ni gente buena tornándose mala. Sitcom en estado puro con una colorada recién salida al mundo, literalmente.

Por Ale Turdó

Para todos aquellos saturados de tantos zombies errantes, traficantes de anfetaminas, abogados inescrupulosos y políticos sedientos de poder, Netflix les trae una buena nueva. Desde principios de marzo la plataforma digital de películas y series puso a disposición de los seriéfilos Unbreakable Kimmy Schmidt, una nueva comedia producida por Tina Fey (Saturday Night Live, 30 Rock).

Unbreakable Kimmy Schmidt (UKM) cuenta la historia de Kimmy, una adolescente que es engañada por un falso pastor quien la hace creer que el fin del mundo se acerca, y la encierra en un búnker junto a otras tres mujeres para “protegerlas del Apocalipsis”. Tras quince años las autoridades descubren la atrocidad perpetrada por el pastor, liberando a Kimmy y al resto de la prisión subterránea. Todo esto transcurre apenas en los primeros minutos del primer capítulo, agárrense para lo que viene. El resto de las mujeres decide volver a su vida normal y ordinaria en un pueblito perdido de Estados Unidos, pero Kimmy quiere recuperar el tiempo perdido y comenzar a vivir su vida a pleno, por lo que decide mudarse a New York. Y es acá donde comienzan todas las aventuras y desventuras de una mujer que sale a descubrir el mundo sin mucho conocimiento previo, pero con mucho empuje y una actitud inquebrantable (como el título de la serie, guiño-guiño).

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El personaje de Kimmy es interpretado por Ellie Kemper, una comediante en escenso que la mayoría seguramente recuerde por su papel de Erin Hannon en The Office. Kimmy es una chica que tras vivir un experiencia traumática -pero narrada de forma tragicómica- está determinada a recuperar su vida, y ese empuje mezclado con una dosis grande de inocencia la convierten en un personaje muy interesante de seguir. Algo similar ocurre con los personajes secundarios, los cuales son un fiel reflejo de la multietnicidad y los cambios sociales de las urbes del siglo XXI: Kimmy comparte un departamente con Titus, un afroamericano homosexual obsesionado con la fama al mismo tiempo que tiene un pseudo-romance platónico con un inmigrante ilegal chino y trabaja en la casa de una millonaria neoyorquina totalmente desprendida de la realidad.

Inicialmente la serie iba a ser transmitida por la cadena NBC, pero cuando ésta no mostró interés apareció la gente de Netflix para salvarla del purgatorio de las producciones fallidas de TV. La serie hace mucho uso del flashback como herramienta para acomodar dentro de la estructura narrativa pequeños extractos de los años que Kimmy vivió confinada en el búnker del pastor Richard Wayne (interpretado por Jon Hamm, sí el de Mad Men) y que permiten entender las excentricidades del personaje de Kemper.

El humor que se maneja es un híbrido conformado por chistes retro que apuntan a la cultura pop de los 80s y en particular de los 90s -época en la que Kimmy fue abducida- desde la música hasta el cine y pasando por frases y chistes pasadísimos de moda que son reformulados desde la nostalgia. La otra pata cómica del show la conforma el humor contemporáneo, en especial el humor que vemos en la web: los memes, el auto-tune y ese tipo de curiosidades que siempre andan dando vuelta por las redes sociales.

La cortina del show es un claro ejemplo del humor contemporáneo: una cortina musical re-editada en base a un clip de noticiero que forma parte de la ficción del mismo programa, en el cual el hombre que “descubrió” el búnker en el que estaba Kimmy es entrevistado por los medios. Lo mejor de todo esto es que la cortina esta inspirada en un video que pueden encontrar en Youtube bajo el nombre “Bed Intruder Song”, una entrevista a un hombre hablando con un reportero sobre un ladrón que entró a su casa por la noche mientras dormía. Pura realidad viralizada y auto-tuneada.

La serie también hace una fuerte crítica a la modernidad y a la forma en que nos volvemos esclavos de la tecnología y los medios de comunicación. Desde el momento en que Kimmy descubre que significa sacarse una selfie y aprender a usar un smartphone hasta ver videos viralizados en Youtube, padecer la TV basura, los realities y la fama efímera que implica ser la noticia del momento, esa que nadie recordará al día siguiente.

Lo único que resta es ver cuanta cintura tendrán los guionistas para poder mantener fresca la esencia de una serie cuya base es chica inocente descubre mundo nuevo, y cuanto potencial tiene este concepto para seguir adelante varias temporadas. Por lo pronto Netflix ya dio el ok para producir una segunda temporada en base a la buena recepción que tuvo la primera, tanto por parte de la audiencia como de la crítica especializada.

Así que a sentarse en el sillón más cómodo de la casa y bindgewatchear con UKM antes que se termine el mundo… pero ojo, si se los dice algún pastor medio turbio, desconfíen por las dudas.//z

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