Una belleza particular

Los Reyes del Falsete presentan su nuevo trabajo llamado Días Nuestros, un compendio de estilos e influencias ligeramente inclinado hacia la genialidad. Original, multifacético y con un invitado de lujo para otra gran canción con gusto a radio FM.

Por Sebastián Rodríguez Mora

Siempre terminamos hablando de cosas como madurez o experiencia en la música; que si tal disco representa para una banda un paso hacia atrás o adelante en la escalera al cielo o al infierno (y si le queda bien o mal llegar a cualquiera de esos lugares). Bueno, también está la posibilidad de saltar para arriba, a otra categoría, como Días Nuestros demuestra de a poco y canción tras canción en la media hora mentirosa que dura. Un gran segundo disco –aunque vinieran desde hace unos años editando EPs caserísimos- para superar el ya atractivo La Fiesta de la Forma, en el que tal vez sólo podamos encontrar el germen de lo que aquí explota en miles de estilos: rock urgente, coqueteos electropop, baladas radioheadianas, hasta cumbia “de la buena” (el tema “San Jorge”, que incluye el ya clásico locutor tropical mandando saludos a cada localidad del conurbano bonaerense). Mañana estarán presentándolo en Niceto, para que veamos qué tal funciona arriba del escenario.

El disco arranca con el guitarrero instrumental “Verano Pesadilla” y sigue con “Contale al Mundo”, temita para que las chicas lo peguen en su muro de Facebook un sábado antes de salir a la noche. El humor es festivo, casi adolescente. Lo mismo con “El Rayo” y sus armonías vocales que hacen honor al nombre de la banda, agudísimas. Suena desprolijo, pero ni de cerca lo es. Apretando los auriculares a las orejas, encontramos en este primer momento -y en general durante todos los temas-, arreglos interesantísimos de sintes, que de a poco van inundando el sonido mientras avanzamos hacia el interregno decididamente electrónico, bastante flashero (“Generación Espontánea” destaca ahí). Grabado de primera en los estudios Panda y masterizado en Nueva York, se nota la preocupación y la prolijidad de producción en cosas como éstas: cambiar tres o cuatro veces de estilo y a su vez mezclarlos y batirlos sin que por ello suene forzado.

Un poco antes de la mitad del disco, “Polvo-Tierra” empieza a mostrar el paño de la perfección, si es que a Los Reyes les interesa parecerlo. Una canción llena de los acordes con el autógrafo de Thom Yorke, casi un lado B de Hail to the Thief. No por sonar triste uno es más maduro, ojo. Pero sí por manejar los climas, elegir las guitarras al filo, entre sacadas y solemnes, y usar así de bien los coros da la pauta de una evolución.

Y de repente llega la joya del disco, “Los Niños”. Esa gran canción tal vez resuma la madurez sui generis de la que hablábamos antes por motivos que están al alcance del oído: una inocente cadencia de guitarra acústica y piano con las voces de ellos introduciendo la historia de una separación, para llegar hasta la sorpresiva y elegante aparición de Lito Nebbia, la voz joven del ayer y de la experiencia del hoy. El tema va subiendo escalonadamente, agregando elementos –batería, teclados- para hacer una canción redonda, con un final lleno de solos que se entrecruzan como lo hacen los falsetes de la casa y el virtuosismo del invitado para cantar y teclear. Un temazo que tal vez quede un poco corto con sus tres minutos y medio, porque se apaga a los pocos compases. Pero que de cabeza estará en el tracklist del indie versión 2012.

El gran sur bonaerense vuelve a ofrecernos un bello producto lucir auriculares, parlantes de compu y obviamente –que no se note tanto que comprar el CD no siempre es la primera opción- minicomponentes. Habrá que ver qué tal anda la presentación en vivo de este viernes, y si Lito y sus bigotes se materializan para el estreno oficial a toda orquesta. Estaremos atentos.//z

Arecia_Octubre

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