There’s no other way

Blur volvió al país y, como no podía ser de otra manera, enamoró una vez más al público con sus presentaciones en Córdoba y en Tecnópolis.

Por Clara Sirvén
Fotos de Luciana Burgos

 – ¿Arrancarán puntuales?
 – Obvio, son ingleses.

No se esperaban sorpresas. Con la inmediatez tecnológica y la logia blurística, todos los que asistieron a la tercera visita de Blur a Buenos Aires (dos shows en el 1999 y uno en 2013) sabían la lista exacta de temas que habían ejecutado la noche anterior en Córdoba. La sobriedad de los miembros del ganador de la batalla britpopera en los 90s (según algunos, claro) en los cambios de lista, en la puesta en escena, hasta en el vestuario, ya era conocida por los que se acercaron al estadio cerrado de Tecnópolis, con capacidad para diez mil personas.

Pocos minutos después de las 21, las luces se apagan y el estadio estalla de ansiedad. Una breve melodía de heladero recibe a los cuatro músicos de la banda: Blur está aquí. Además tres coristas, cuatro vientos, un percusionista, un tecladista y dos o tres asistentes suben al escenario modesto pero completo. El puntapié inicial es “Go Out”, de su último disco The Magic Whip, que fue la excusa que los trajo, disco que sacaron después de doce años de abandonar los estudios, al menos como Blur.

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Desde ahí, para arriba: la lista paseó por casi todos los trabajos de la banda británica, desde “There’s no other way”, “Parklife”, To the end”, “Beetlebum”, “Badhead”, Trim Trabb”, “Lonesome Street” y hasta “Caravan”, de su disco Think Tank, el último disco que hicieron a desgano en 2003.

Damon Albarn es y será uno de los mejores frontman que pisaron el país. El público argentino es exigente y Damon lo aprendió, comprendió la necesidad de atención que sus fans esperan y no dudó un segundo en entregarse al público y disfrutarlo: camina, salta, corre y baila en absolutamente todo el escenario, no deja una sola sonrisa sin escapar, no escatima en meterse entre la gente y dejarse tocar, siempre con un aura de disponibilidad que, disculpe el lector, enamora. Se animó a subir fans en “Parklife” (sí, hay selfies en las redes sociales), miró a los ojos a cada uno de los ubicados en la invisible primera fila, hasta tiró un beso semi romántico a una persona que probablemente todavía tiembla. Con una rodilla dolorida por un golpe en Córdoba y una disimulada resaca de lo que ha sido la gira, Albarn se luce como cantante, entretenedor, compañero de banda y encantador de humanos.

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El todavía niño bonito del pop inglés no deja de lado jamás a su complemento, Graham Coxon, el tímido, conflictuado y mega talentoso cerebro de Blur. En temas como “Song 2” y “Beetlebum” se reconoce su impronta de guitarra, donde él se libera y hace el mayor ruido posible. En “Coffee & TV” y en “I Thought I Was A Spaceman” regala sus dotes de cantante emocionado y hasta se le ve un tantín de felicidad. Después de años de rumores y confirmaciones sobre peleas, verlos en el mismo escenario y apoyarse mutuamente emociona. Hasta compartieron micrófono en una canción, asegurando a la audiencia que está todo bien.

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El show se completa con el bajista Alex James -en su propio paraíso- y el baterista Dave Rowntree, un reloj en los bombos, tres bolas de boliche gigantes, una puesta de luces despampanante y miles de personas coreando, saltando, aplaudiendo, adorando.

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El cierre con “Stereotypes”, “For tomorrow”, “Girls and boys” y el conmovedor himno “The Universal” hizo que el total del público se emocione y se reafirme la convicción de que había que ir. Durante el último tema, en un segundo de silencio que se crea en la canción, Albarn dice dos palabras: “Buenos Aires”. El público extasiado y orgulloso llegó al clímax después de casi dos horas de baile sensual de los ingleses.

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La fórmula Blur funciona: metamorfoseados por los años en lo cultural, pero con el espíritu de los noventa bien latente en su piel, la ejecución perfecta de la línea de tiempo de su historia, el embellecer el oído de los fanáticos (“Son una audiencia magnífica” tribuneó Albarn, todos contentos). No se esperaban sorpresas, no. Pero sucedieron.//∆z

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