The man in the high castle: cómo fue ganado el oeste

Producida por Ridley Scott, Amazon apuesta por llevar a la televisión el clásico del profeta sci fi Philip K. Dick. El resultado es promisorio.

 Por Alejo Vivacqua 

Cuando Philip Kindred Dick (PKD, en adelante) publicó en 1962 la novela que le haría ganar el premio Hugo -máximo reconocimiento de la ciencia ficción junto al Nébula-, el mundo exterior se debatía entre occidente y oriente con la misma ferocidad con la que el escritor empezaba a luchar contra su mundo interior, uno lleno de paranoia, epifanías y drogas alucinógenas. Aquello que lo llevó a la genialidad es también lo que logró atormentarlo durante gran parte de su vida.

El hombre en el castillo forma parte de la mejor tradición de la ucronía, un concepto perteneciente a la ciencia ficción en el que se plantean realidades distintas a como sucedieron históricamente. ¿Qué habría pasado -se (y nos) pregunta Dick- si Estados Unidos hubiese perdido la guerra a manos de Hitler y los japoneses? El planeta que aparece retratado es uno repartido entre las fuerzas del Eje, con Estados Unidos bajo el control de las fuerzas niponas en la costa del Pacífico y de los Nazis en la costa del este. En el medio del país, una zona neutral que va a ser motivo de disputa entre las dos potencias vencedoras.

Es común que cuando hablamos de adaptaciones surjan debates sobre la fidelidad que una película o serie tiene para con el libro original, y en el caso de PKD, uno de los autores preferidos para reversionar, la discusión no es menor: desde la inigualable Blade Runner, pasando por la correcta A Scanner Darkly, hasta la cuestionable Minority Report, los seguidores del escritor han sabido alabar las obras maestras con el mismo ímpetu que supieron condenar los intentos fallidos.

La cuestión con Dick no está en si tal versión es más o menos fidedigna al original. Lo que importa es que en ningún caso se pierda la búsqueda constante que el autor de Ubik supo entregarle a su obra.

Amazon asumió el riesgo y, a juzgar por el episodio piloto que se emitió a mediados de enero, salió ganando. Dejando de lado algunas diferencias con la novela, la serie se destaca, entre otras cosas, por una ambientación magistral: en la primera escena vemos una esvástica imponente reflejada en Times Square, en el corazón de la Nueva York nazi. Pero en este Estados Unidos ocupado hay una resistencia que desde la clandestinidad combate a los invasores. Joe es un joven que se une a ella, y durante la primera media hora vemos cómo escapa de los nazis en un camión rumbo a la zona neutral, a donde tiene que llegar para encontrarse con alguien. Por otro lado, Juliana vive en San Francisco, toma clases de artes marciales y se la ve, aparentemente, tranquila a pesar de la ocupación japonesa de la ciudad. Las cosas cambian cuando su hermana, una militante de la resistencia, le entrega un rollo de película en el que se ven imágenes que muestran a los aliados vencedores de la Segunda Guerra. Junto a ellos, otro de los protagonistas es Nobusuke Tagomi, un oficial de alto rango japonés que comienza a preguntarse qué va a pasar cuando Hitler, ya viejo y enfermo, muera. Es inminente un enfrentamiento entre las dos potencias, y por este lado va a girar una de las tensiones principales de la historia.

Lo que vemos en el primer episodio refleja bien lo que para Dick es un tema central en su obra: la alteración de la realidad y la pregunta por su naturaleza. Mientras esperamos la temporada completa que Amazon confirmó hace pocos días, queda esperar que esta nueva adaptación no decepcione y sirva para difundir la visión particular que PKD tuvo del mundo, y para lograr, por qué no, erradicar algunos prejuicios que muchos siguen teniendo con la ciencia ficción. Lo que en su momento fue para muchos un género menor hoy puede ser leído de la manera correcta: la forma más sutil de pensar y ordenar el presente.//z

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