Un sueño de los noventa

La última película de la directora Ana Katz muestra las vacaciones en Brasil de una familia de clase media argentina durante el menemismo.

Por Ignacio Barragan

En estos últimos años se ha puesto de moda cierta nostalgia por los noventa. Hay un revival intenso por las riñoneras, los pantalones tiro alto y el FMI. Se podrían sugerir otros síntomas culturales de este fenómeno, como la prominencia del trap, que propone cadenas de oro y ferraris, o la reedición de un libro icónico de Fogwill como es Vivir afuera. Sueño Florianópolis, de Ana Katz, se encuadra en este movimiento que milita un pasado ya casi glorificado en el que la familia medio pelo podía viajar fácilmente a Miami o Rio de Janeiro. Si bien no es un homenaje a la década menemista, es mínimamente un guiño algo inocente al lugar común del uno a uno.

La trama es un elemento de fácil identificación para el argentino promedio, ya que es un ritual que se sigue repitiendo a través del tiempo: el viaje familiar a Brasil. Lucrecia (Mercedes Moran) y Pedro (Gustavo Garzón) se van con sus hijos de vacaciones a Florianópolis. Los pibes ya están un poco grandes pero van igual; se supone que es uno de esos viajes que ayudarán a afianzar los lazos familiares. La pareja cumple con los parámetros de unos padres progresistas, aquellos que fingen ser flexibles con sus hijos a la vez que reclaman títulos universitarios o méritos sociales. Este es un punto de conflicto que se ve reflejado en la película, la tensión entre el deseo de los padres y el de sus hijos.

Lucrecia y Pedro están divorciados pero piensan que el viaje va a remontar la relación. La obra exhibe constantemente el duro contraste entre las expectativas y la realidad. Se supone que todo va a ser mejor en Brasil: el nene se encontraría con sus amigos en la playa, la nena encontraría el amor y los padres se reconciliarían. No solo no pasa nada de eso sino que todo empeora. Un poco como en los noventa. Eso que parecía un idilio de la convertibilidad terminó en deuda externa y privatizaciones. A medida que avanza la historia empiezan a saltar viejos resentimientos entre los integrantes de la familia, y el viaje se vuelve insoportable. Hacia el final de las vacaciones, todos quieren volver lo antes posible a Buenos Aires.

La última película de Ana Katz tiene ciertos tintes del cine de Éric Rohmer. Esa atmósfera dionisíaca de arena y sol tiene algo de Cuento de verano (1996), o, más obviamente, de Pauline en la playa (1983). Hay una invitación al goce por parte de los habitantes de Florianópolis. Frente a la estructura rígida de clase media universitaria encarnada en la pareja porteña, aparece la constante invitación al placer de la pareja brasileña, que además incurre en prácticas swingers. Entre los personajes hay una sensación de erotismo vacío al que se abandonan sin pensarlo, como una forma de comunicación entre los individuos.

Vale la pena detenerse en las referencias literarias que, explícitamente, se ven a lo largo del filme. La primera es la lectura de La insoportable levedad del ser, de Milan Kundera, por parte de Lucrecia, un libro sobrevalorado que es exactamente lo que se muestra en la película: una típica lectura de verano con aires de profundidad que solo podría impresionar a alguien ajeno a las letras. De todas maneras, cuando uno piensa que toda lectura en la playa es lisa y llanamente banal, aparece Manuel Puig. La imagen de Mercedes Morán leyendo Cae la noche tropical en la soledad de una cama matrimonial es probablemente uno de los mejores cuadros de la película. Tanto el libro y el filme de Ana Katz tienen como punto de contacto a Brasil, y quizá también el aire ocioso presente en ambas obras.

Sueño Florianópolis es una obra que se deja ser sin realmente llegar a ningún lado, algo que puede resultar una virtud o un defecto. En todo caso la película es más una radiografía sobre la clase media argentina que un retrato familiar de época. Ana Katz vuelve sobre cierta neurosis interparental, como en Los Marziano (2011), y la desmenuza con mayor sofisticación. Una película que empieza como una comedia y termina en tragedia. //∆z

 

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