Esa mujer

Invitamos a escritores, escritoras, periodistas, críticos y críticas culturales a pronunciarse sobre el libro de Cristina Fernández de Kirchner, un manifiesto político, emocional y personal no exento de grietas. Aquí los resultados.

Producción periodística: Pablo Díaz Marenghi

Amada y odiada casi en partes iguales, Cristina Fernández de Kirchner (1953) es sin lugar a dudas una de las figuras políticas más gravitantes de los últimos quince años. ¿Qué es Sinceramente? CFK lo explica en el primer capítulo (el cual, aclara, se encargó de escribir al finalizar el último): “Este libro que no es autobiográfico ni tampoco una enumeración de logros personales o políticos, es una mirada y una reflexión retrospectiva para desentrañar algunos hechos y capítulos de la historia reciente y cómo han impactado en la vida de los argentinos y en la mía también”. Fue, además, un boom editorial que bate records de ventas: a comienzos de mayo Random House ordenó  la tercera reimpresión, de 95 mil ejemplares, lo que da una suma de 215 mil libros en la calle, récord sin precedentes para dicho tanque editorial. También alcanzó el primer lugar global en Amazon, en formato digital.

El libro traza un recorrido pormenorizado por sus ocho años de presidencia (y los cuatro anteriores, como primera dama) y hace foco en historias mínimas, trazos poco conocidos de la intimidad de la (ex) Presidenta. Desde su trabajo en torno a la restauración del patrimonio arquitectónico nacional hasta diálogos con su marido y, también, ex presidente Néstor Kirchner. Hay lugar, también, para los medios de comunicación, los jueces, la militancia juvenil en La Plata, Santa Cruz, viajes a Nueva York y momentos álgidos de su carrera política, como la infausta resolución 125.

Cosas para leer entre líneas: en varios pasajes CFK enuncia su importancia a la hora de tomar decisiones (tanto cuestiones de pareja como al frente de la presidencia) y le dedica varios párrafos a desmentir una y mil veces versiones mediáticas sobre causas de corrupción y mitos varios: desde bodegas hasta amantes de NK (Miriam Quiroga). Por supuesto también puede leerse como plataforma política para la coyuntura actual. De hecho, el libro cierra del siguiente modo: “El deterioro provocado por las políticas de Mauricio Macri y Cambiemos ha sido demasiado grande, vertiginoso y profundo como para pensar que sólo unos pocos pueden solucionar esto. Ese nuevo contrato social exigirá también la participación y el compromiso de la sociedad, no sólo en los grandes temas, sino en la vida cotidiana. Sí, compatriotas… Tendremos que acordar cómo vamos a convivir y en qué condiciones, antes de que sea demasiado tarde; porque así no va más”.

ArteZeta invitó a periodistas y escritores/as a pronunciarse al respecto. Parafraseando a otro boom editorial de 2019 y compañero de editorial, el montaje final es muy curioso: hay elogios, pero también críticas furibundas y enunciados que evidencian contradicciones, aciertos y claroscuros. Hay análisis político, pero también sociológico y literario. Todo eso emana de uno de los libros más importantes del año.

 


 Gonzalo Unamuno, escritor.

Sinceramente es, ante todo, el libro de una madre que ama; Cristina nos habla al oído de nosotros mismos, de las particularidades de nuestra historia reciente, de los derechos que adquirimos como sociedad en 12 años de esplendor. Lo considero la propuesta más inteligente que puede hacerse ante la barbarie y la mediocridad de quienes desde hace añares calumnian con un resentimiento infinito no solo a su persona y a su familia, sino al hecho maldito del país burgués: el peronismo.

Crece de rencor, de revanchismo. En sus casi 600 páginas se advierte la superioridad intelectual de su autora, la sensibilidad de una mujer que una vez más se desnuda para arroparnos y que es superadora de su época. Por último genera dolor, nos delata como una sociedad suicida que se regodea con narcisismo en propia estupidez. No me parece tanto el libro de lo que fuimos, como de lo que no supimos ser.


Paula Puebla, escritora, periodista (Crisis, Paco, Revista Ñ, entre otros).

Sinceramente puede abordarse desde lugares tan distintos que se me hace difícil seleccionar uno. Puede leerse como un libro de memorias, puede leerse como un manual de historia argentina, puede leerse como ensayo etnográfico y hasta como un manifiesto feminista. En lo personal, creo que elegí leerlo como quien se aproxima a la biografía de una celebridad, buscando contestar la pregunta de quién es esta mujer, qué hay detrás de este sujeto político, de esta líder, de esta conductora, de esta madre y esposa. Son muchas las tensiones presentes en el texto, muchos los temas y hechos que se tocan, sobre los que la autora muchas veces vuelve a masticar –frente al lector– para encontrarle un nuevo sentido o reafirmarse sobre ellos. Eso no significa que haya una sola línea de improvisación o ingenuidad entre las seiscientas páginas de Sinceramente; más bien al contrario. Hay, en palabras de Beatriz Sarlo, astucia y cálculo. Es un libro que, sin proponerse seducir a nuevos votantes, capta la atención de todo el arco político y no pasa desapercibido en ninguna conversación. Creo que Cristina Fernández logró mostrarle a sus lectores los avatares del poder, esos que siempre son destinados a la élite del círculo rojo, a las cuatro paredes de oficinas impenetrables. En una prosa imposible de ser leída sin oír su voz, simple pero no simplista, accesible pero no ordinaria, la Presidenta mandato cumplido ofreció una mirada a lo que significa ser una mujer y ocupar el espacio de poder más alto al que se pueda aspirar en una nación. Sin romantizar la política, sin grandes abscesos de victimismo, Cristina muestra cómo la política se interpone y moldea la vida privada de una mujer que no puede sino ser pública y deberse a sus todos y sus todas. Sinceramente es un libro kirchnerista sobre el peronismo.


Fernando Rosso, periodista (La Izquierda Diario).

Es imposible pensar la publicación del libro Sinceramente por parte de la ex presidenta Cristina Fernández independientemente de la movida política que realizó a posteriori con la designación de Alberto Fernández como candidato a presidente. En cierta medida, el libro opera como una transición que contiene una reafirmación de las orientaciones políticas de su administración de gobierno y en el mismo acto una autocrítica. En el libro reconoce que las cadenas nacionales quizá cansaron a la población, pero a la vez las justifica con el fundamento de que era difícil encontrar otra forma de comunicar los actos de gobierno frente una prensa adversa; despotrica contra Clarín, pero asegura que hay que entender a “Héctor” (Magnetto) como un hombre al que le interesa el poder y no como un mero lobbysta; acepta que la gerontocracia sindical -que apoyó las privatizaciones y entregas durante el menemismo- implica un problema, pero fundamenta su sostenimiento en la necesidad de no engendrar más enemigos. No se priva de recordar que las “yeguas”, en última instancia, son herbívoras. Como táctica dentro de una estrategia política, la publicación de un libro –cuidado en su edición y con lograda oralidad- funciona como herramienta de consolidación de los propios y como un artefacto que allana el camino hacia el centro. Un giro hacia moderación política que no deja de ser una concesión a los poderes fácticos y en el que Cristina espera sumar a todos y todas.


Patricia González López, escritora y poeta.

Al leer Sinceramente se me vinieron al cuerpo varias sensaciones. La primera es que Cristina Fernández de Kirchner logra lo que a cualquier escritor le gustaría: tener una voz y ser fiel a ella. Que esa voz te tome de la mano para seguir y te allane un camino claro y directo, una voz amiga del lector. Es una forma más de evitar los intermediarios, como en aquellas memorables cadenas nacionales que movilizaban al país, y escribir, hablar, sinceramente, tanto con quienes la escucharon y quieren seguir haciéndolo, como con quienes no quieren pero no pueden evitar saber, con todos los detalles, lo que tiene para decir.

En diez capítulos, narra su experiencia desde que comenzó a “convertirse en calabaza”, es decir, cuando concluyó su mandato y se aceleró su salida del poder ejecutivo nacional en diciembre del 2015. La autora refleja en estas páginas la importancia en su vida de Néstor Kirchner sus hijos, el golpe que significó la muerte del compañero de toda su vida y la especulación posterior, la persecución a sus hijos, seguir de pie para los argentinos y argentinas cuyo destino dependía de su entereza, y luego de la presidencia, poder descansar y disfrutar de la familia, aunque no así de las especulaciones que siguieron pese a haber dejado el poder hace cuatro años.

Esa pregunta que se hace, nos hace, es difícil no sentirla propia de mi género “¿Por qué siempre me han subestimado tanto?”. Su larga trayectoria al frente del poder fue condimentada por su condición de mujer y constantemente cuestionada por el mismo motivo. Tanto su experiencia como “el relato” mediático de la misma es una visibilización brutal de las calificaciones contrarias a las que usarían si un hombre ocupara su lugar y tuviera su actitud. Sin ir tan lejos, aquellos opositores a Cristina “que sin embargo les gustaba Néstor”. La impotencia que nos genera ante los avasallamientos desfachatados que padeció y aún padece una mujer dos veces presidenta de la Argentina me trae otra pregunta: ¿qué nos queda al resto?. Su caso es una muestra muy clara de lo que padecen las mujeres que intentan romper los moldes para las que fuimos educadas e intentan ir más allá de lo establecido, de “lo natural” para nosotras. El calvario es el precio de redistribuir privilegios, decir que no, tener carácter y determinación, hacer a voluntad, ganarse el amor del pueblo y el respeto internacional con políticas que salieron del seno de sus convicciones y  sin renunciar ante las desaprobaciones y agravios constantes. Incluso su posibilidad de goce, asunto que pertenece a su intimidad y concierne a su condición de persona como a cada uno de nosotros, fue expuesta, burlada, sometida a rumores como pocas veces se vio. La soledad pareció ser una falla, una falta en sí, y su posibilidad de placer, punible, como la existencia y concreción del deseo en todas las mujeres.

El pueblo que la apoya sufre lo mismo. Me quedé pensando en el ascensorista que le pidió que vuelva ella para no volver a ser pobre, un pedido desesperado por no volver al lugar donde también se supone que deben estar los trabajadores en general, como las mujeres en particular, sometidos, obedeciendo, aceptando las faltas como lo naturalmente dado, como lo que debe pasar, aceptando la opresión y explotación como ejercicio de libertad.

Cristina Fernández de Kirchner es una suerte de madre salvadora, para algunos, castradora, para otros. La culpable de los traumas del país, “la pesada herencia”, a la que los hijos le insisten, al mismo tiempo, que sea ella quien garantice el plato de comida caliente. Es la única posibilidad, la única culpable. El resto de la familia de este país se mantiene aún a salvo de ser juzgada por tomar sus propias decisiones, en nombre de la voluntad popular, de traumas de la infancia, de las “devastadoras consecuencias” de haber tenido esa madre que nos mire.


Enzo Maqueira, escritor, periodista cultural (Clarín, Vice, entre otros).

Mal que le pese a la gorilada, Cristina tiene ganado su lugar en el Olimpo de los grandes estadistas de la historia de nuestro continente y más allá. Cuando nadie se lo esperaba, salió a la cancha con un libro, nada más y nada menos. Escrito con un tono que recuerda a sus célebres cadenas nacionales, con disgresiones atinadas y tres ejes narrativos (la vida en familia de los Kirchner, el repaso de los doce años de gobierno popular, el análisis del desastre macrista), la política que mejor lee nuestro tiempo plantó un libro de seiscientas páginas en la era de la comunicación digital, siempre dispuesta a reducirlo todo a un slogan. Si la gran mayoría de los funcionarios del gobierno actual apenas pueden pronunciar una oración sin balbuceos, Cristina es capaz de desarrollar un amplio abanico de ideas de distinto grado de complejidad de un modo simple y certero. Construido para avivar las llamas del kirchnerismo fanático y para mojar la oreja de una oposición aterrada, si fuera un disco bien podría llamarse Certero ataque al corazón, como aquel exitazo de Queen. Eso explica el fenómeno de ventas. Eso, y el hecho de que Cristina siempre esté varios pasos delante de sus contricantes. ¿Es literatura? Por supuesto que no. Es un libro. Y un libro, en estos tiempos, contiene todo el peso de una tradición capaz de derrotar la chatura, el pensamiento único y las bobadas escritas en doscientos ochenta caracteres por un ejército de trolls pagos, y también de los otros.


Ignacio Molina, escritor

Para quienes tenemos cierta admiración por Cristina, Sinceramente es un libro imprescindible. No sólo por lo que ella cuenta en sus páginas sino por la forma en que lo hace: leerla es como ir escuchando su voz. Desde la salida del libro he escuchado a varias personas decir que “está mal redactado” o cosas por el estilo; críticas que sólo pueden provenir de alguien cegado por el odio o la envidia. Porque cualquiera que la leyera sin prejuicios ideológicos ni sentimentales estaría obligado a decir que Cristina escribe bien, pero cualquiera que la comprara con la prosa de la mayoría de los periodistas y los editorialistas de los grandes diarios del país estaría obligado entonces a decir que Cristina es algo así como una genia de la pluma. En lo temático, lo que me resultó más atractivo fue la narración de escenas íntimas (como las vacaciones en familia, los viajes con Néstor, las conversaciones de sobremesa) y el detrás de escena de muchas de las decisiones tomadas durante sus gobiernos. Sinceramente es un libro que humaniza a Cristina y que provoca que quienes ya la admirábamos reafirmemos nuestros sentimientos; muchos de los demás, los que la odian con toda su alma sin tener muy claro el porqué, al leer sus páginas, o tan sólo al escuchar su nombre, seguirán bufando, como los eunucos.


Bob Chow, escritor.

Viajes de poder eran los de Castaneda. Desde la Biblia a Mi lucha, apelar a un libro para emprender asuntos de impacto masivo demostró no ser tan mala idea. Y así como no es siempre fácil correlacionar abogado con buena persona, tampoco se tienen muchas chances de llegar a «la gente» sin ser un plomazo para el resto. A estos fines, las primeras ciento cincuenta páginas de Sinceramente —las que me hicieron creer que ya no necesitaba hachís marroquí para adormecerme— parecen tener la prosa autocomplaciente y viscosa adecuada.


Flora Vronsky, Profesora y Licenciada en Letras Magister en Filosofía y en Gestión cultural. Escritora y poeta.

“Por primera vez estaba, en el más literal sentido de la palabra, sola”. Con esta frase, sólida condensación de sentido de una de las grandes líneas del libro, Cristina da por terminada cualquier posible introducción para abrir la puerta de un juego literario que va a tener, a partir de este fragmento, unas coordenadas por demás sinuosas.  La autorreferencia -esa lectura paupérrima actual de la ‘literatura del yo’- es una clave hermenéutica inescapable en Sinceramente, pero al mismo tiempo es un vector que ordena el relato y, en ese acto, abre interrogantes. ¿Es una autobiografía? ¿Es un ensayo histórico? ¿Es un manifiesto de supervivencia; un manual de política práctica; un exabrupto intimista? Todas estas modulaciones están sin dudas presentes pero cabría decir que se mixturan e interseccionan sobre la base de un procedimiento centenario como tópico literario: la traslación escrita de la oralidad. Cristina ha hecho de la comunicación oral una bandera; la ha perfeccionado, reconfigurado, adaptado hasta hacerla propia y habitarla con una autenticidad irrefutable. De ahí la fascinación o el rechazo acérrimos ante sus alocuciones: si dice lo que ‘siente’, abre un canal genuino de comunicación aún en el lenguaje del más profundo odio. Así, sobre el trabajo literario de la oralidad descansa una de las grandes fortalezas del texto: la posibilidad de diseminar todos los registros porque nada es ni estricta ni puramente ‘literario’; lo real (histórico, personal, colectivo, político) no está ficcionalizado, está literaturizado a través de la oralidad. En este sentido, cervantino es un adjetivo que bien podría caberle a este texto: la semilla de verdad es irrenunciable -al igual que lo es el humor hilarante, cierta dosis de intriga, la dinámica de la peripecia, el ejemplo, la moraleja- porque es el anclaje en lo real y, al mismo tiempo, la posibilidad de colectivizar al sujeto literario. La nobleza, el coraje, la sabiduría, la ignorancia, el dolor, la pérdida y la experiencia de un neoquijotismo político; de un neopopulismo cuyas anécdotas son ya una nueva cartografía.//∆z

Dejá un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.