Signos

Para su último estreno, el canadiense Denis Villeneuve toma una idea clásica del género de ciencia ficción y la convierte en una reflexión sobre las relaciones humanas.

Por María Almazán

A los espectadores aún no familiarizados con Denis Villeneuve les podemos asegurar que este año su nombre dará que hablar, principalmente por el estreno de su esperada secuela de Blade Runner (Ridley Scott, 1982). No obstante, antes de dar sus primeros pasos en los grandes blockbusters, Villeneuve se introdujo en la ciencia ficción con La Llegada, nominada a ocho premios de la Academia, incluidos Mejor Película y Mejor Dirección.

Esta película es una adaptación del cuento “Story of my Life” del escritor Ted Chiang. Amy Adams interpreta con heroísmo y suavidad a Louise Banks, una lingüista abrumada por recuerdos de una tragedia familiar y un matrimonio en decadencia, quien es contratada por la milicia estadounidense tras el arribo de 12 naves extraterrestres dispersas por todo el mundo. En medio de una guerra de egos entre las grandes potencias mundiales, la tarea de Louise es facilitar el contacto con los seres visitantes en su país y descifrar su misión en nuestro planeta.Nueva imagen

Contar otros detalles sobre la trama sería explicitar uno de los nudos más impactantes y mejor desarrollados de los últimos tiempos; mejor resulta no informarnos más al respecto y dejarnos llevar por ella, ser testigos de un guión y una edición excepcionales de la mano de Eric Heisserer y Joe Walker respectivamente, también nominados al Oscar por sus logros. Bien merecidos, considerando que existen elementos de la historia que tienen mucho peso y la película no permite que los pasemos por alto, ni que los olvidemos a lo largo de ella. Estos elementos convergen con dinamismo hacia el último acto, las claves son entregadas al espectador de manera sutil para comprender finalmente la verdadera naturaleza emotiva de la historia y la relación entre los extraterrestres, Louise y el resto de los humanos.

Frente a otras películas con premisas similares, Villeneuve se luce al tomarse el tiempo necesario para contar su historia, dejando de lado lo que esperaríamos de una película sobre una invasión de otro planeta: ostentosas escenas de acción y CGI desperdigadas al servicio de una historia vacía. Sucede que a La Llegada no le interesa un posible conflicto entre los extraterrestres y los humanos, sino la división entre estos últimos. Para abordar este tema colmado de actualidad, la película se hace de su propio ritmo, resultando en una experiencia un poco más reflexiva y menos espectacular, similar a la que vivimos con Melancholia (Lars Von Trier, 2011) sobre la aparición de un planeta perdido detrás del Sol que choca contra la Tierra. Si de clásicos de ciencia ficción se trata, la trama puede llevarnos a pensar un poco en Encuentros Cercanos del Tercer Tipo (Steven Spielberg, 1977) y otro poco en Solaris (Andréi Tarkovski, 1972), pero está claro que Villeneuve ubica referencias a 2001: Odisea del Espacio (1968) para homenajear a Stanley Kubrick, desde la estética en la deslumbrante fotografía (dirigida por Bradford Young, otro nominado) a detalles como los monolitos; sin embargo, lejos queda La Llegada de aquella obra visionaria en cuestiones de interrogantes existenciales, cayendo para el lado de lo emotivo y sentimental.

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Es interesante cómo Denis Villeneuve toma conceptos genéricos -tal fue el caso de Sicario (2015) con el género de acción- y los reformula para crear nuevas historias sofisticadas que se mantienen fieles a las estructuras de los géneros pero no desestiman al espectador. Nada tiene que ver este film con las invasiones extraterrestres caóticas de películas como la más nueva Día de la Independencia: Contraataque (Roland Emmerich, 2016), se trata de una historia íntima que consiste casi enteramente en diálogos y muy poco en escenas de acción. Quizás más apta para los amantes de los dramas que para los fanáticos del sci-fi puro, La Llegada es conmovedora y ambiciosa en su ejecución, y resulta ser una gran candidata a ganar el premio mayor de la Academia, principalmente por su temática universal y política en tiempos de Donald Trump y la desunión de la raza humana.//∆z

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