Los himnos de la sirena

Seleccionamos diez canciones de PJ Harvey a días del show que va a dar este domingo 12 de noviembre en el Club Ciudad de Buenos Aires en el marco del Personal Fest.

Por Matías Roveta

“Dress” (Dry, 1992)

El disco debut de PJ Harvey combina el ataque visceral de su guitarra con músculo rockero de power trío (la acompañaban Rob Ellis en batería y Steve Vaughan en bajo), fraseos de guitarras deudoras del blues y furia grunge: a pesar de ser inglesa, Harvey, no obstante, conectó más con la escena del rock alternativo norteamericano y Dry –lanzado en pleno auge del sonido de Seattle- se convirtió en uno de los discos favoritos de Kurt Cobain de todos los tiempos.  “Dress”, punto alto de Dry, fue el primer sencillo de Harvey y desnuda urgencia, ansiedad y feminismo. Un riff apurado de guitarra y el ataque de Ellis con su batería, algunos arreglos de cuerdas y un violín que suena desvencijado (también tocado por Harvey), dan forma a una canción que cuenta la historia de una chica que se prepara para salir a bailar. Pero, lejos de una noche de éxtasis y frivolidad, Harvey busca plantear su rechazo a que las mujeres deban seguir ciertos estereotipos de belleza que impone la sociedad (“Es difícil caminar y el vestido no es fácil / Me estoy balanceando como un árbol cargado de fruta”) y además romper con la idea de lo femenino como objeto sexual de satisfacción masculina: “Tiene que haber una manera en la que pueda vestirme para complacerle”, reza con ironía la letra.

“Rid of Me” (Rid of Me, 1993)

El gran salto de PJ Harvey llegó con su segundo disco, el genial Rid of Me, editado por el sello Island y producido por Steve Albini (responsable de, entre otros, Surfer Rosa e In Utero). La mano de Albini reluce en la canción homónima del álbum, que está atravesada por la conocida dinámica loud/quiet que Kurt Cobain tanto buscó lograr con Nirvana a partir de su fascinación por los Pixies. Harvey toca una guitarra rítmica casi agazapada y canta con engañosa calma hasta llegar al explosivo estribillo en el que descarga un torrente de celos que bordean lo enfermizo: “Te haré lamer mis heridas / Voy a retorcerte el cuello hasta que digas que ojalá nunca la hubieras conocido”. Aparentemente, Harvey le canta a un ex y buena parte de la letra transita entre el dolor (“No me abandones, estoy sufriendo”) y la imposibilidad de aceptar la ruptura (“No te has librado de mí”). “Rid of Me” es un clásico de Harvey, entre otras razones, porque establece algunas marcas de estilo que recorren varios puntos de su carrera: la furia contenida y el ataque de las guitarras, la voz trabajada desde distintos planos sonoros, la tensión sexual (“Lame mis piernas, estoy ardiendo /Lame mis piernas de deseo”, canta) y el cierre con un recitado repetitivo que volvería a usar luego en “Down By The Water”.

“To Bring You My Love” (To Bring You My Love, 1995)

En su tercer disco, To Bring You My Love, PJ Harvey le dio mayor protagonismo a los teclados, los arreglos de cuerdas y las guitarras acústicas, para expandir su sonido y sumar matices a su repertorio de rock basado en las guitarras eléctricas. Además, desnudó su eterna influencia blusera, cultivada desde chica (sus padres en su casa de Dorset, Inglaterra, tenían una discoteca generosa) a partir de su amor por los discos de Muddy Waters, Howlin’ Wolf y Captain Beefheart. La canción que da nombre al álbum es un blues lento como mantra ominoso (un posible link con la obra de Nick Cave que más tarde se concretaría con colaboraciones entre ambos) y se centra en un riff envolvente, puñales de guitarras eléctricas filosas, un colchón de órgano y la voz agresiva de Harvey al borde de la saturación. La letra está llena de imaginería bíblica (algo que recorre varios tramos de la lírica de Harvey), pide salvación (“Jesús acercate, creo que mi hora está llegando”) y cuenta todo lo que una persona tuvo que hacer (atravesar tierras yermas, inundaciones, el infierno y mareas altas) para poder estar con alguien deseado. En manos de Harvey, todo eso se traduce en una extraña canción de amor: “Yací con el Diablo, maldecí a Dios y abandoné el cielo para traerte mi amor”.

“Down By The Water” (To Bring You My Love, 1995)

Uno de los mayores éxitos de PJ Harvey supone además uno de sus mayores saltos como compositora: en “Down By The Water” prácticamente no hay guitarras y el atrapante ambiente sonoro está creado por un sintetizador pesado, unas percusiones sutiles y un fragmento orquestal en el medio de la canción. Un hit de alta rotación alejado de su sonido clásico y que fusiona elementos de blues con electrónica. La letra cuenta la historia de una madre que comete felicidio al dejar que su hija muera ahogada en un río debajo de un puente para luego arrepentirse (“Y ahora estoy gimiendo, ahora estoy gritando”, canta Harvey). Sobre posibles controversias, PJ Harvey se encargó de aclarar en 2005 en una entrevista con Spin: “La gente suele asumir que mis canciones son autobiográficas, pero no soy una persona oscura como los personajes de mis canciones. Algunos críticos han tomado mi escritura en un modo tan literal que han llegado al punto de escuchar ‘Down By The Water’ y creer que yo de hecho di nacimiento a una niña para luego ahogarla”. Como muestra de sus dotes como cantante y del amplio abanico de posibilidades que contiene su voz, Harvey regaló uno de los susurros más clásicos en la historia del rock: ese continuo “little fish, big fish swimming in the water, come back here, man, gimme my daughter” que cierra la canción con un clima perturbador.

“Henry Lee” (Murder Ballads de Nick Cave and The Bad Seeds, 1996)

En To Bring You My Love (1995) PJ Harvey había dejado en claro que Nick Cave formaba parte de su cúmulo de influencias, entre otras cosas, al aplicar cierto tratamiento oscuro y cavernoso sobre estructuras de blues. Los posibles lazos artísticos entre ambos se tradujeron en algo más: en 1996 se convirtieron en una de las parejas más cool del rock, tal vez porque Mick Harvey (no tienen parentesco, él es australiano y ella es inglesa), un eterno colaborador de Cave y que había trabajado con PJ en To Bring You My Love, haya oficiado de presentador. Cave convocó a su pareja para trabajar en una de las canciones de Murder Ballads, “Henry Lee”: una balada de piano adaptada sobre el estándar de folk escocés “Young Hunting” en la que Cave y Harvey se reparten las partes vocales. El video de la canción es todavía mejor: ambos son pura elegancia vestidos con traje (algo habitual en Cave y novedoso en Harvey) y cantan a dúo envueltos en abrazos y miradas penetrantes. El noviazgo no duró mucho y Nick Cave reconocería luego que algunas canciones de The Boatman’s Call (1997) estaban inspiradas en el dolor tras la ruptura.

“The River” (Is This Desire?, 1998)

“The River” es una perla oscura escondida en Is This Desire? (1998), un buen disco con perfil experimental (menos rockero y más ambiental, con recursos de electrónica y texturas de sonido) que funcionó como una especie de transición entre los clásicos del pasado –Dry, Rid of Me y To Bring You My Love– y el clásico por venir: Stories From the City, Stories From the Sea. La canción carga con un clima dramático y está apuntalada por un piano triste, una guitarra abrasiva que descarga amargura a la distancia y apenas unos retazos de trompeta. La letra usa metáforas fluviales para sugerir la intención de terminar con algo que no va bien: “Tirá tu dolor en el río, lavalo lentamente”, dice una de las líneas. Tal vez, la inglesa estaba pensando en su ruptura sentimental con Nick Cave o simplemente se trababa de otro tipo de tormento, pero entre tanto paisaje desolador la canción, no obstante, se permite una pequeña luz de optimismo: “Y seguimos el río, seguimos el camino / Y caminamos por esta tierra a la que llamamos hogar”, dice Harvey, quizá como dando a entender que hay que continuar hacia adelante a pesar de todo. A lo largo de su actual gira de presentación de The Hope Six Demolition Project, Harvey se permitió un acto de justicia: varias veces fue “The River” la canción que cerró los shows, expresando así esa sensación de final necesario que se perdía con su ubicación en el tracklist del álbum.

 

“Good Fortune” (Stories From the City, Stories From the Sea, 2000)

A fines de los ’90 PJ Harvey se mudó por un tiempo a Nueva York. En Stories From the City, Stories From the Sea, uno de los mejores discos de su carrera, la cantante filtra en algunas letras del álbum su fascinación por la ciudad (desde un recorrido por Chinatown hasta observar las luces de Manhattan desde la terraza de un edificio): en “Good Fortune”, corte de difusión del disco, deja entrever además influencias de una heroína del lugar, Patti Smith, siempre situada en el horizonte de Harvey y acá presente a partir del rasgueo de una guitarra acompañada por el desparpajo de una voz cargada de pasión. Otra marca sonora de “Good Fortune” podría ser Nirvana, reconocible desde el riff de guitarra que toca Harvey con algunas reminiscencias al de “About a Girl”. Si se lee la letra en términos autoreferenciales, en la época de “Good Fortune” Harvey estaba feliz (“Tu sonrisa de chico / Cinco de la mañana, mirando en tus ojos / Yo estaba realmente enamorada”) y se divertía con paseos románticos por lugares icónicos neoyorkinos (“En Little Italy vi mi reflejo viniendo de tu cara”). Como dato de color, la canción cierra con una referencia a Bonnie and Clyde, la película de 1967 que cuenta la historia de una pareja de delincuentes que recorrían Estados Unidos en tiempos de la Gran Depresión para robar bancos y ayudar a los desposeídos.

“Shame” (Uh Hu Her, 2004)

 PJ Harvey nunca se movió en forma lineal a lo largo de su carrera y con cada nuevo disco buscó renovar su sonido y su propuesta: Uh Hu Her marca un cambio de estilo en relación a Stories From the City, Stories From the Sea al incluir riffs pesados de guitarra, ciertos climas sombríos, la crudeza de los inicios y hasta algunas influencias folk. “Shame”, segunda canción del álbum, es puro minimalismo guitarrero a partir de un rasgueo escueto de acordes musculosos apenas acompañados por una línea de bajo, un acordeón y una batería programada (en este disco Harvey tocó y grabó todos los instrumentos, a excepción de algunas bases a cargo de su fiel ladero Rob Ellis). Con ese puñado de recursos mínimos, Harvey se las arregla para hacer bastante: es interesante cómo cambia de dinámicas con su canto (su voz sensual en los versos da paso a un registro más bajo en el estribillo, que repite ese “shame”, “shame”, shame” irresistible) para redondear una letra de amor que esquiva todos los lugares comunes. Estar enamorado es una bendición, está claro, pero a veces el sentimiento puede enceguecer hasta tornarse oscuro (“la vergüenza es la sombra del amor”, dice) y acá la inglesa alerta sobre los peligros de caer en una relación enfermiza: “Saltaría por vos dentro del fuego, saltaría por voz hacia las llamas (…) Si vos decís una mentira, yo todavía asumiría la culpa / Si vos me pasás de largo, es una vergüenza”.

“The Glorious Land” (Let England Shake, 2011)

 Bob Dylan fue siempre una obsesión para PJ Harvey y en algunos aspectos la obra de la inglesa trazó lazos de afinidad con su héroe: la versión punkie de “Highway 61 Revisited” incluida en Rid of Me y el modo en que Harvey buscó evitar las zonas de confort al cambiar (aspectos sonoros y estéticos) en cada nuevo álbum. Pero en donde más reluce la influencia de Dylan es en Let England Shake, un disco casi perfecto que contiene las mejores letras (escritas en su mayoría con tiempo y dedicación bastante antes incluso de componer la música) de toda su carrera y que alega inspirados descargos políticos con una banda de sonido de folk rock. El disco filtra referencias históricas sobre Inglaterra (brillantemente descriptas en “The Last Living Rose”), pero nada hay acá de nacionalismo: “The Glorious Land”, que incluye una trompeta militar y acordes de guitarra resplandecientes, es un himno antibélico moderno que deja en claro quiénes son los culpables de que la tierra no esté surcada por arados de hierro, sino por “tanques y pies marchantes”: “Oh, America, oh, England”, canta Harvey mientras mezcla su voz con un tono aniñado y los coros de John Parish y Mick Harvey. Todo podría entenderse como una crítica a las políticas imperialistas que sacudieron Medio Oriente, pero las consecuencias que plantea Harvey aplican a cada guerra: “¿Cuál es el glorioso fruto de nuestra tierra? Su fruto son niños deformes”, dispara la cantante.

“The Words That Maketh Murder” (Let England Shake, 2011)

“Simplemente me hace feliz de existir, me hace feliz de estar viva”, le dijo Patti Smith a The Guardian en 2011 sobre “The Words That Maketh Murder”, primer sencillo de Let England Shake. La canción recrea imágenes de horror sobre los efectos devastadores de una guerra (“He visto soldados caer como pedazos de carne / Volados por los aires y tiroteados de un modo imposible de creer / Los brazos y las piernas estaban en los árboles”, canta Harvey) y establece algunas de las marcas de estilo del disco: Harvey toca el autoharp como base y realza el estribillo con un saxofón, John Parish y Mick Harvey suman matices en las voces con su coro masculino, y todo el ambiente sonoro respira suavidad en forma de acompañamiento musical secundario para que sean los textos la clave de todo. Es otra gran canción antibélica, pero con un giro de tuerca muy interesante: acá Harvey no apunta contra gobiernos, países, Estados o ejércitos. En lugar de eso, la inglesa desnuda la hipocresía de los organismos internacionales que supuestamente debieran defender la paz como bandera: sobre el final de una letra que establece “las palabras que documentan asesinato”, Harvey pregunta con ironía “¿qué pasa si llevo mi problema a las Naciones Unidas?”.

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