No todo lo que reluce es maravilloso

Por primera vez llega al cine la Mujer Maravilla, personaje femenino icónico del comic. ¿Logra DC con esta versión cinematográfica saldar una deuda histórica? ¿El film anticipa una nueva y radiante temporada del Universo Extendido? Aciertos, riesgos y otras reflexiones en torno a la centellante heroína y su contexto de producción.

Por Gabriela Clara Pignataro

¿Existe acaso alguien dispuesto a abandonar el paraíso para aventurarse en lo trágico de la humanidad bombardeada? No sólo existe alguien dispuesto a aquello, sino que se entromete en la polvareda sin siquiera mancharse la frente.

La princesa Diana (interpretada por Gal Gadot), hija de la reina Hipólita (Connie Nielsen), crece en  la isla griega de Themyscira que se nos presenta como un paraíso matriarcal de aguerridas mujeres amazonas. Entrenadas para el combate y para oponerse a los embistes destructivos de Ares, el dios de la guerra y gran enemigo para la humanidad, las amazonas llevan en su corazón un profundo sentido de la justicia y del orden pacífico. Sobre todo Diana, que se destaca del resto por su destreza y su entrega incondicional al destino de restaurar lo dañado en el mundo.

El film despliega el arco argumental del origen de la saga, narrándonos con gran imaginería visual los primeros años de Diana y su misión en el mundo “civilizado” dónde se construye como heroína porque ¿de qué manera se reafirma la condición heroica sino a través de la batalla como posta del destino?

Mujer Maravilla, trabaja de manera efectiva y efectista la presentación de la trama inicial del comic, una puerta de entrada dorada y brillante para espectadores que no son lectores minuciosos ni dedicados del universo de superhéroes. Para aquellos que sí lo son y aguardaban el film con el ansia del fan, la película repone la presentación de los personajes con aciertos que no desbordan el imaginario, pero donde tampoco arriesga ningún giro.

Cuando hablamos de riesgos, la pregunta que deberíamos hacernos es en términos del género. ¿Qué es lícito pedirle a un film de superhéroes?¿Cómo criticar dentro de su propia lógica y dinámica?

El relato se construye en una tríada temporal que permite desplegar las líneas de progresión: un presente en el Louvre en París, un pasado indefinido en Antigua Grecia dónde se despliega el linaje y mitos fundacionales del matriarcado, y un pasado histórico determinado en la Primera Guerra Mundial.

Los episodios temporales se relacionan a su vez con Diana en los distintos momentos de constitución del personaje: su raigambre guerrera ligada al tiempo mitológico donde se fundan sus superpoderes, su configuración de MM al calzarse investidura junto al despliegue de los poderes en los combates y la dimensión de espía en la urbe.

El traspaso entre el tiempo mítico  griego y el tiempo lineal de Occidente se produce gracias a la caída inesperada en la isla de un avión piloteado por el espía norteamericano Steve Trevor (Chris Pine), cuya presencia funciona como la revelación del presagio funesto (el mundo azorado y dislocado por la guerra) que es a su vez el llamado mesiánico para Diana. Este signo, un hombre que cae del  cielo y trae consigo un mensaje, es interpretado como el principio del viaje de la heroína. Signo que además nos introduce a una sociedad puramente matriarcal, con lo masculino como catalizador de la libido en Diana. La energía de la protagonista se moverá hacia el designio filantrópico que marca su destino como protectora del bienestar de la humanidad y hacia el deseo romántico por un otro.

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Todo este trayecto de agencia del carácter heroico se desarrolla en la película en distintas dimensiones: la educabilidad de lo salvaje-arcaico en Diana para poder pertenecer y moverse en el mundo civilizado, que son los episodios que intentan apelar a lo cómico en el film sostenidos en la repetición del gag que devela la inocencia y “pureza” de la protagonista (condición que se refuerza a lo largo de toda la película, lo puro, su corazón bondadoso guiado por una noción de benevolencia y pacificación); y a su vez la activación de esa misma potencia de la fiereza en el paisaje de lo bélico donde demuestra su superioridad en la batalla también por sobre lo masculino, siendo arrolladora y potente.

Adentrándonos en una mirada sobre las cuestiones de producción, montaje y decisiones estéticas, no está de más está decir que las secuencias de afrenta funcionan bajo las formas de la épica de manera grandilocuente, como toda cruzada en pantalla bien diseñada así como también resulta acertada la construcción de época en términos de vestuario y make-up. Otra decisión es la arquitectura sonora que en todo momento funciona en clave narrativa del film, que potencia las atmósferas cercando la experiencia para el espectador de manera envolvente.

La elección de Gal Gadot como MM/Diana Prince resulta, ya que su desempeño dramático se realiza de manera prolija en un personaje que pretende mostrarse como valiente, bondadoso, sin maldad, movido por un sentido universal de justicia y se compone en una figura atlética, de gran destreza física y que responde al instrumentado canon de belleza occidental; en otras palabras, en un expreso sentido de la actuación Gadot no desborda ni sorprende, si bien es fresca y sostiene la mixtura de inocencia y despliegue de fuerza durante todo el film.

Chris Pine lleva adelante un personaje de una cierta profundidad, de carácter de espía de novela de aventuras que trabaja por el “lado bueno del mundo” en este caso la corrección política norteamericana como prevenir el crimen y la desesperanza; y logra darle un gran sentido del humor y dinamismo que tiene buena química con la gracia que desempeña Gadot en sus avatares de convertirse en una mujer moderna.

Los villanos son tal vez lo menos beneficiado del film, quedándose in media res de su intento de vileza, Ares y Poison son hasta risibles por momentos.

En resumidas intenciones, Mujer Maravilla funciona en la categoría de film de superhéroes, siendo ágil, dinámica y manteniendo la atención en todo momento. Si compagináramos todas las críticas emitidas hasta los últimos días podemos decir que cumplió con las expectativas que crecieron hasta su estreno. Pero, ¿qué giro propone?

No existen grandes riesgos en Mujer Maravilla, hay aciertos en las decisiones tomadas para reponer el arco argumental inicial destinada a un público amplio y no solamente comic-fan. Si tuviéramos que definir qué entendemos por riesgos, podríamos ejemplificar que película de saga sí los toma. Tomemos por un momento Logan, la última de la trilogía de Wolverine de Marvel, también estrenada este año. Si bien Logan, pertenece al mundo X-Men y avanza en las divergencias de la saga central, hay desde la propuesta del film una apuesta estética riesgosa que se asume en la condición poética que alcanzan varios episodios del film, así como las alusiones  y declamaciones de los personajes. Tornarse poético en un film de superhéroes, es un riesgo a asumir. Tal vez podríamos discutir que la esencia de X-Men es en sí de otra complejidad en su genética, universo, críticas y ponderamientos de sus personajes, en tanto Wonder Woman es intrincada en otro sentido. Por un lado en el nivel de su origen mitológico y génesis y por otro en su consumación doble como ícono de mujer empoderada/objeto sexual depositario del deseo que responde a un determinado ethos del consumo.

WW3Mujer Maravilla es en sí una entretenida película en torno al origen del superhéroe, pero ¿podemos pedirle que (o en todo caso, esperar) realmente arriesgue los estereotipos? ¿Es inocente, acaso, pensar en porqué ahora y no antes, DC lleva al cine una figura femenina central? Pensar que lleva el film adelante como una revolución inesperada por la centralidad de una fuerza femenina, es cuanto menos, crédulo. No será entonces que, en vistas de las coyunturas socio-culturales que ponen en agenda  la lucha por la representación identitaria y la igualdad de género, es una gran estrategia  de mercado apostar a subsumir (o intentarlo, al menos) una parte del público y no perder cierta capacidad de fidelizar audiencia e interés.

Porque si vamos al caso, la Mujer Maravilla no es representativa de la amplitud de las luchas feministas, es decir no podría prefigurarse como entidad que encabalgue mujeres y niñas sin expulsar en el mismo acto a todas aquellas que no se corresponden con el canon de belleza occidental, blanca, con capacidad de liderar y basar su valentía en el éxito de sus contiendas, aquellas que no son omnipotentes, que se encuentran en desigualdad de posiciones y oportunidades. Tal como la ONU habría propuesto, encumbrar a la figura ficcional como Embajadora Honoraria de las luchas de empoderamiento femenino, elección que quedó sin efecto por las críticas recibidas por la incapacidad de este ícono de ser ampliamente representativo, lo cuál también habla de la incapacidad (o falta de voluntad política) de la ONU de nombrar mujeres reales y el rechazo a candidatas para secretarías generales.

Insistimos en analizar los contextos de producción, porque los productos cinematográficos emergen como picos del iceberg en lógicas de la industria del espectáculo que capitaliza las figuraciones simbólicas, produce y re-produce nuevos estereotipos culturales.

Que Patty Jenkins sea la primer directora mujer en llevar adelante un film de superhéroes ¿es una cruzada ganada en la industria cinematográfica o un guiño acomodaticio de DC? En términos de igualdad económica, ¿ganó lo mismo que directores varones?

La respuesta no es inmediata y sobre todo, no deberíamos conformarnos en la comodidad. Que sea la primer directora en llevar adelante un film de estas características es un placebo en una industria cuyos porcentajes son históricamente desiguales. Así como tampoco relegar el reconocimiento a Jenkins solamente por MM. Hubo una vez, no mucho tiempo atrás, un film como Monster, en cuyas pisadas cabían muchísimas mujeres que a expensas de no ser maravillosas, se ensuciaron en la batalla.

Se dice, se escucha, se firman pancartas que la revolución en Hollywood será feminista, o no lo será. Estamos a la espera.//∆z

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