Música incidental

Los veteranos y campeones Superchunk retornan con I Hate Music, su décimo disco de estudio después del regreso de 2010.

Por Damián Jarpa

Después de casi 25 años en acción los buenos de Superchunk lanzan su nuevo disco con mucha distorsión y dulces pero calculadas melodías. Si bien durante la década de los noventa pasaron un poco desapercibidos frente a tanta maquinaria “alternativa” provista por las grandes corporaciones discográficas y televisivas, el grupo ha representado la contracara de ese movimiento y siempre fueron bastante cabezas duras en su mentalidad independiente. Esa misma tozudez se refleja en la fundación del sello discográfico Merge Records, cuyos dueños son Mac MacCaughan (cantante/ guitarrista) y Laura Ballance (bajista), por el que no solamente han lanzado sus discos, sino que en su vasto catálogo ecléctico han pasado desde los Seaweed hasta los dolorosamente románticos de The Magnetic Fields.

MacCaughan, como principal compositor, realiza todo tipo de referencias sardónicas. Ya desde el título del álbúm, I Hate Music (Odio La Música), juega con la ironía, porque este disco justamente es todo lo contrario: es una celebración de la misma. “Me & You & Jackie Mittoo” es una perla power pop ejecutada sabiamente con dedicatoria incluida al tecladista del grupo jamaiquino The Skatalites.

Por su parte el baterista Jon Wurster (con un extenso curriculum vitae en sus espaldas) tiene una destacada participación, delatando el grip americano con el que suele tocar a una velocidad maníaca. Sino chequeen la contundente introducción de “Void” o el tsunami punk “Staying Home”, comprimido en solo 75 segundos de imparable frenesí que podría encajar perfecto en la discografía de Bad Brains. Y que también en cierta parte es un guiño al material más antiguo del grupo: el seminal Superchunk (1990), que contiene el anti-hit de la contracultura americana, “Slack Motherfucker”.

A medida que pasan los temas se percibe en I Hate Music un aura más introspectiva y nostálgica con referencias al fallecimiento de un gran amigo de la banda, David Doernberg, quien los acompañó desde sus inicios en su ciudad natal (Chapel Hill, Carolina Del Norte.  “Low F” y “What Can We Do” son sentidos homenajes a su persona. La estructura de las canciones no cambia, por lo tanto cada uno hace lo que le toca: la guitarra de Jim Wilbur es siempre efectiva en las bases rítmicas, y MacCaughan con su particular voz aguda y ese falsetto tan peculiar que se mantiene intacto, son los puntos altos en cada canción.

Si la vibra del disco anterior Majesty Shredding (2010) era una fiesta de sábado por la noche, donde el concepto era básicamente pasarla bien y divertirse, este nuevo trabajo es como un domingo a las 10 de la mañana cuando ya estás camino a tu casa y empezás a realizar una reflexión de lo acontecido la noche anterior con una gran mueca de satisfacción en tu cara. El soundtrack ideal para tu propia versión del film “¿Qué Pasó Ayer?”.//z

Arecia_Octubre

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