Hijos sanos del patriarcado

Con David Fincher a cargo de la dirección de varios de sus episodios, Netflix presentó Mindhunter, el thriller policial más complejo del año. Ambientados a fines de los ’70, diez episodios nos cuentan el comienzo de la relación entre el psicoanálisis, la sociología y los femicidios más espeluznantes de la televisión.

Por Iván Piroso Soler 

Poco describe la primera escena de la serie en relación a lo que vendrá en los capítulos siguientes. El agente Holder es presentado de cuerpo entero. Su personalidad analítica, conciliadora, coincide con el fresco del personaje. Sin embargo la situación violenta de una toma de rehenes, patrulleros rodeando un domicilio y los escopetazos quizás desorienten al espectador, al avanzar la historia. Sucede que Mindhunter, la serie en la que nuevamente David Fincher trabaja codo a codo con Netflix, es un policial atípico. Más parecido a la gélida soledad de un médico forense en una morgue judicial que a las violentas calles de policías y detectives, el recorrido del joven agente Holden Ford para desentrañar la mentalidad criminal de violentos femicidas es paciente y charlado, más cercano al Silencio de los inocentes (Jonathan Demme, 1991) que a la parafernalia narrativa de True Detective.

Cuando en marzo se conocieron las primeras imágenes de esta nueva colaboración de Fincher con el sitio de streaming más importante del mundo (el primero fue House Of Cards en 2015), con seguridad llegaba a traslucirse el tipo de tratamiento que el director de Zodiac podía llegar a darle a una historia de investigación y criminales especialmente violentos. Sin embargo, las expectativas fueron largamente superadas. La historia, ambientada en 1977, se cuenta en diez capítulos en los que lo vemos a Holder (Jonathan Groff) intentando hermanar la psicología y la sociología con los vetustos métodos del FBI para encarcelar criminales. Su recorrido lo lleva a aliarse al veterano agente Bill Tench (Holt McCallney) y a conocer a la inteligente y progresista Debbie Mitford (Hannah Gross), que lo introducirá en la sociología, actualizando su doctrina criminalística. Este derrotero intelectual y metodológico lo acercará a la lógica de los criminales más perversos y ensañados con el sufrimiento de las víctimas. Lejos de enfrentarlos a los tiros, intentará inmiscuirse en sus cosmovisiones, encontrándose reflejado en varias de sus actitudes.

MINDHUNTER

Lo interesante de Mindhunter, y que justifica un despliegue técnico al que -maravillosamente- las producciones de Netflix nos tiene malacostumbrados (la fotografía a cargo de Erik Messerschmidt es no menos que soberbia), es que, al estar ambientada en los conservadores finales de los ’70, integra de manera por demás solapada algunos de los debates alrededor de la violencia de género de nuestros días. Varios análisis de la serie pasan por alto el dato fundamental de que estos tipos que Bill y Holder investigan son simples “asesinos en serie” (terminología acuñada por el propio protagonista de la serie), sino que son femicidas, asesinos de mujeres. Los casos, basados en hechos reales, resaltan por la especial saña con la que fueron perpetrados. Sin embargo, ni el personaje ni los directores de la serie intentan empatizar con estos hombres que decidieron comenzar a matar. Sin embargo, deciden no enfrentarlos con métodos de tortura ni revanchismo machista.

Los diálogos, notablemente logrados -el guión de Joe Penhall, creador de la serie, está basado en el libro Mind Hunter: Inside FBI’s Elite Serial Crime Unit, de Mark Olshaker y John E. Douglas, intentan desentrañar el sinuoso camino ideológico que llevó a hombres comunes y corrientes a convertirse en violentos femicidas. Mediante largas entrevistas que son grabadas para luego generar teorías criminalísticas, los investigadores se adentran en la historia de cada uno de los asesinos ya condenados. El objetivo del equipo no es modificar las condenas, sino desarrollar una metodología que trate de prevenir este tipo de crímenes. Esto lleva al dúo a mantener una relación de tira y afloje con sus superiores en el FBI (sector de la fuerza representada por el jefe de investigaciones Shepard – Cotter Smith) y a introducir en el equipo a la investigadora y psicóloga Wendy -Anna Torv-), quizá el personaje más unidimensional y acartonado de la serie.

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Holder, para actualizarse en los conocimientos psicoanalíticos, decide a los 29 años meterse a la carrera de Psicoanálisis en la universidad. Allí conoce a Debbie, en la barra de un bar, intentando seducirla. Lo que no esperaba era encontrar a una mujer que lo obligara a cuestionar sus costumbres, en su mayoría conservadoras e ingenuas. De Fincher a Andrew Douglas, pasando por Tobias Lindholm y Asif Kapadia, todos los directores lograron reflejar la manera en la que evoluciona la mentalidad de Holder, viendo reflejadas sus prácticas preponderantemente patriarcales en el comienzo, en el germen que ya conservaban los asesinos en sus orígenes. Y quizá aquí se halla la mayor virtud de Mindhunter: no caer en lugares comunes de este tipo de series. Los femicidas de la serie no son todos marginales, white trash fanáticos de sus camionetas derruidas y republicanos conservadores amantes de sus armas. Si bien, claro, los hay, también hay novios patológicamente celosos y pibes resentidos con sus madres. Ni tontos ni locos, hijos sanos del patriarcado.

Caso aparte es el de Wendy, la psicóloga que resalta por su inteligencia y corrección política. Única mujer en el FBI, parece diseñada como para no recibir críticas por el ambiente masculino de la fuerza. El personaje, intrigante en su historia, pierde profundidad al cargar con toda la densa corrección que debe tener una serie para no ser avasallada por las objeciones.

Si bien la serie cierra con un final por demás abierto, David Fincher adelantó que la segunda temporada centrará las investigaciones en el caso de una serie de asesinatos de niños afroamericanos en la ciudad de Atlanta, poco tiempo después de los casos investigados por Bill y Holder. Es interesante para pensar si los investigadores lograrán concretar su anhelada entrevista con el asesino Charles Manson, qué sucede con el empleado de correo al que le seguimos el paso en la introducción de cada capítulo y a dónde lo lleva a Holder el clima espeso y posesivo que empieza a desarrollar con Debbie.//∆z

 

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