Los Rusos Hijos de Puta: “Este disco nuevo nos hizo renacer”

El cantante y guitarrista Julián Desbats habla sobre el nuevo trabajo de la banda, un material que conserva el salvajismo del cuarteto y suma nuevos colores. 

Por Lucas González

Fotos por Eme Romero y Julieta Briola

¿Los Rusos Hijos de Puta publicaron su mejor álbum hasta la fecha? Si le preguntan a Julián Desbats, dirá que sí. Que Nos vamos a morir de hacer estrategias de amor (2018) tiene canciones épicas, como “Capilla del Monte”. Que dura lo justo y lo necesario, que arranca y termina en el momento preciso y expone la madurez del cuarteto que completan Luludot Viento (voz, teclado y nylon), Florencia Mazzone (batería y coros) y Santiago Mazzanti (bajo y coros). No quiere sonar pretencioso, dice El Ruso, pero está orgulloso del material que trabajaron con Guillermo Beresñak, que ofició de productor artístico y guía espiritual. “Sin traicionarnos, nos reinventamos y fuimos más allá. Es fundamental que lo que hagas tenga un movimiento medio impredecible”, reconoce Desbats sobre el grupo, que este año fichó para Sony Music.

ArteZeta: Previo tocar en el Xirgu (25/10), presentaron el flamante registro en el Caras y Caretas, en la región norte del país y en Rosario, entre otros lugares. ¿La intensidad que manejan te permite parar y ser conscientes de lo que lograron o todavía no es el momento de pensar en eso?

Julián Desbats: Un poco y un poco. En verdad, no sé si soy tan consciente de ello, pero lo vivo a pleno, con todo lo que eso conlleva. Cada disco plantea un viaje nuevo y dispara cosas, más allá de lo musical. Igual, trato de no estar aferrado a ellas, porque mutan todo el tiempo.

AZ: Como las etiquetas, ¿no?

JL: Claro, y me gusta que no se nos encasille. Que cada disco sea un momento retratado. Que no haya un límite de rendir culto a lo que fuimos. Está bueno experimentar, no dejar eso de lado. Pocas cosas te divierten en el mundo, y cuando hacés lo que te gusta se torna sagrado, porque lo disfrutás y tiene un movimiento.

AZ: Pero en algún punto y momento se torna una rutina, lo que puede menguar el goce y la satisfacción. O sea, atenta contra lo lúdico.

JD: Es que no se vuelve un trabajo, ya que siempre hacemos lo que queremos. En el sentido de que nunca traicionamos los ideales que tenemos con respecto a la música o al grupo humano. Lo veo como una aventura, como a la vida.

AZ: Volviendo a las etiquetas, en un principio tuvieron que confrontar contra los motes: eran ese número punk que sí o sí había que ver en vivo.

JD: En realidad, nunca le dimos tanta importancia al asunto. Es más, se me arrima gente para charlar de bandas punks, y no tengo ni idea. Escucho, pero no soy un especialista. Ahora bien, si hablamos de los Beatles, podemos hacerlo largo y tendido. Por suerte siempre fuimos bastante desprejuiciades con esa cuestión, lo que nos permitió jugar.

AZ: Sin embargo lo punk está presente en la propuesta de Los Rusos.

JD: Sí, por nuestra crudeza, salvajismo en vivo, la letras y el sonido. No nos andamos con vueltas. Encontramos en la mugre un montón de poesía. Igual, es jodido hablar de eso, porque nunca lo podés atrapar del todo.

AZ: ¿Te resulta más sencillo hacer temas y hablar a través de ellos?

JD: Totalmente. Cada uno es un exorcismo. Un grito primario. Me cuesta mucho escribir sobre situaciones que no viví. Lo tuve que haber sentido. Me tuvo que haber atravesado. No me sale hacer temas ficticios. Justamente, en esa cuestión, de las canciones vivas, se nota la crudeza, el salvajismo del grupo. Está latente.

AZ: No obstante, producís un montón, sea con Los Rusos o en tu carrera solista, que ya tiene dos discos: Culebrón (2017) y Tarado (2015). ¿Te resulta sencillo el arte de la escritura?

JD: Recién en el último tiempo agarré el oficio de la composición. Antes lo tenía más suelto, más vago. Pero hay que sentarse y tocar, escarbar, que algo sale: una queja de un día, un amor del futuro. Antes me resultaba más complicado, azaroso, ahora logré darle una morfología. Artesanía de la canción.

AZ: Hablando de eso, Nos vamos a morir… tiene la crudeza que los caracteriza (“Poca cosa”), pero también se permite bajar (“Porquería”). En síntesis, hay climas. ¿Cómo lo sentís?

JD: Es el disco que más me gusta, mi preferido de Los Rusos, aunque quede un poco mal decirlo. Por lo sonoro, donde hay un papel preponderante de los sintetizadores, como por lo lírico, que es muy variado. Los colores que tiene, la paleta que desplegamos. “Cascada”, por ejemplo, que es mi canción favorita, nos abre las puertas a universos infinitos, hacia lo sensual, lo sexy, lo misterioso. Dimos un paso adelante, crecimos y probamos cosas nuevas, como la batería electrónica que toca “La Osa” (Flor Mazzone) en “Parawita”, que es una cumbia.

AZ: Años atrás, ¿te podías imaginar esta versión de Los Rusos?

JD: Lo sospechaba. La banda te da ese marco, porque en los ensayos, cuando zapamos, puede salir cualquier cosa. Posta, no hay límites. Trabajamos por y para la canción. La escuchamos y vemos qué necesita. También tuvo mucho que ver Guillermo (Beresñak).

AZ: ¿Por qué?

JD: Si bien fue la primera vez que trabajamos con él, nos hizo volar, nos expandió, nos dio coraje, nos sugirió, nos escuchó, nos potenció. Cuando veíamos el orden de las canciones, me planteó que lo estaba pensado como guitarrista, y tenía razón. Tiene una cosa laxa, donde te enseña y hace que el laburo sea muy cómodo. A nivel personal, fue mi mejor experiencia en una grabación.

AZ: ¿Cómo se dio la relación?

JD: Él se acercó a nosotros. Sólo teníamos maquetas y bochas de canciones, alrededor de treinta, dando vueltas. Veníamos de un momento de tocar mucho, después de un comienzo muy vertiginoso para la banda y de exposición. En un momento nos cansamos y decidimos parar. No queríamos forzar las cosas. Había que apagar el motor y dejar descansar el robot, porque lo podés quemar. Las pandillas, como nosotres, tienen que respirar. Se tienen que volver a enamorar, necesitan de un tiempo en lejanía.

AZ: ¿Ese vértigo surgió a partir de La rabia que sentimos es el amor que nos quitan (2015), su primer LP?

JD: En realidad, apareció con el EP, Hola (2013). Arrancó de una. La gente primero se encontraba con el nombre, y después con un material que tenía algo para decir. Por eso, siento que este disco nuevo nos hizo renacer. Hay algo dando vueltas, posibilidades infinitas.

AZ: ¿Influyó en el resultado final que se hayan tomado un descanso de ustedes mismos?

JD: Sí, totalmente. Muchas veces los grupos no paran y se terminan pudriendo. Nosotros nos readaptamos. Crecieron los vínculos. Es música que hacemos en conjunto, somos cuatro partes de un todo. Nos liberamos, nos soltamos. Vimos qué podíamos sacar, qué había. Eso obviamente viene de la relación, y después se traslada a la música. Era necesario mutar.

AZ: En lo que a cambios se refiere, el álbum sale a través de Sony. ¿Cómo nace la relación con el sello?

JD: Llega mediante Vivi Stallone, que trabaja con nosotres. Ella mostró el material, gustó y decidimos probar. Igualmente, ellos no tuvieron ninguna injerencia artística, solo acompañaron y respetaron. Mucho no se puede decir al respecto, porque es una relación nueva, pero al momento viene todo bien. Habíamos llegado a un techo en cuanto a lo que podíamos conseguir, y esto nos ayuda a abrir otras puertas.

AZ: Si bien trabajan con Sony, mantienen cierto grado de independencia. ¿Cómo se transita hoy en día la escena, teniendo en cuenta el contexto actual del país?

JD: Es una época de oportunidad creativa. Hay tanto para hablar, cosas horribles y a la vez buenas: el pésimo gobierno que tenemos, los femicidios, las marchas de las chicas, la gente que no tiene para comer, la pavada de la pobreza cero, que la quieren conseguir a costa de la exterminación de los pobres. Inclusive, si no hablás directamente, igual te incide. Todo el tiempo la realidad se te cuela por debajo de la puerta.

AZ: Casualmente, coincide con un cambio de paradigma, donde la “cultura del rock” está en jaque, como así también la figura del ídolo.

JD: Por suerte, porque es una imagen muy retrógrada la del ídolo del rock, vacía, barata, berreta y repugnante. El suelo está temblando a pleno y es buenísimo. Siento que es la primera revolución real que estamos viviendo. Macri va a pasar, va a venir otro, pero este cambio es de verdad, necesario e interno. //∆z

Arecia_Octubre

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