La tempestad creativa del mito

La permanencia musical de Bob Dylan en un nuevo trabajo. A la altura de las circunstancias, se le concede a Tempest un lugar entre lo más destacado del 2012.

Por Pablo Mendez

Un nuevo disco de Bob Dylan está en la calle. Y los engranajes del periodismo de rock funcionan acorde a los movimientos de los grandes nombres. Y Dylan, así como los Stones, es objeto de culto de esa maquinaria periodística. Nada hace sospechar que un medio que se especialice en música evite el análisis, la ponderación o la crítica de un tótem de la música contemporánea. La verdad es que esta reseña me fue encomendada hace ya largas semanas, y a pesar de mi personalidad que tiende a dilatar situaciones, en esta oportunidad la demora fue producto de un repentino cansancio hacia las “formas” habituales en las que se opera para ensalzar a figuras harto conocidas. Las líneas que prosiguen intentarán escapar a la constante discursiva que abunda en el absolutismo de la información.

La voz: los años pasan y la tecnología opera sobre las impurezas que arrastra el viejo Bob en una carraspera vocal más que característica: la cadencia nasal y el vaivén armónico son inamovibles, aguijones que perduran en el oído hasta adormecerlo. Sin riesgo y en el andarivel medido, la monotonía incomprensible de un fraseo a desgano: un tatuaje impreso en el aire acorralado por  rasgueos  elementales y previsibles. Ejemplo: Duquesne Whistle

Género y estilo: blues, country, rock acústico. Condensar las distintas eras de Dylan bien podría enmarcar la solidez de lo conocido. Revisitar campos resueltos en décadas anteriores es la cornisa más vertiginosa a la que puede acceder. Teclados extemporáneos, slides eternos, acordes en ritmos duros, solos de guitarra sin ninguna complejidad que promueven la escucha sin las barreras intelectuales del virtuosismo. Pero hay algo que es nuevo. Hay cierta sordidez que lo acerca a la brutalidad oscura de Tom Waits. Ejemplo: Long And Wasted Years

Las letras. Nuevamente ha sido nominado para el Premio Nobel de Literatura. Quizás la espera lo ubiqué en el trono, junto a Borges, de los eternos perdedores. Las referencias habituales que afloran la literatura blusera y los giros realistas, son marcas indisolubles en su poética. El ritmo, la entonación, la musicalidad de las palabras para ubicarlas en los lugares precisos y no en el simple albedrío de la inspiración, una manifestación edilicia estructurada por las letras a través de los años. Ejemplo: Scarlet Town

Un Dylan que repite la fórmula, que acumula discos, que sostiene el mito sin evacuar sus características musicales innatas, las que lo han acordonado en la cima de la música contemporánea. Un publicación gráfica acorralaría de epítetos gastados una reseña sobre Bob, es el mismo, el de siempre, y por eso también se podría adelantar como uno de los trabajos del año. Pero sin tanta pompa adjetivada a veces puede leerse mejor.//z

AZ recomienda: “Duquesne Whistle”, “Early Roman Kings”, “Narrow Way”.

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