La personalidad de los monos

En AM, su quinto disco de estudio, Arctic Monkeys sale del garage del hogar paterno y se internan en un rock maduro.

Por Agustín Argento

Algunas críticas califican a AM, el último disco de Arctic Monkeys, como un álbum de madurez de la banda; o que la banda, con este trabajo, llega a su “madurez”. Por ser el quinto LP del cuarteto británico, lo menos que se podía esperar era un salto de calidad en las composiciones y en la producción de la placa. Algo que, por cierto, lograron con creces. Sin embargo, y aunque pareciera claro, a la madurez hay que describirla. Porque con madurez se puede hacer referencia a muchas cosas: composición, sonido, producción, letras, versatilidad y varios etcéteras más.

En el caso de Arctic Monkeys, la calificación puede abarcar varios de los puntos. Para empezar, el sonido del disco abandona el garage y ese falso retroceso setentoso para, definitivamente, instalarse en el siglo XXI. No sólo es una apreciación de este cronista, sino que el propio cantante y líder, Alex Turner, lo dijo en una entrevista con BBC Radio: “Hemos dejado de ser cuatro chicos tocando en un cuarto”. La participación del líder Queens of the Stone Age, Josh Homme, en “One for the Road” y en “Knee Socks”, tercer y onceavo tema respectivamente, no es sólo la de un “amigo”, como se calificaron mutuamente, sino que es la de un músico compartiendo estudio con otros músicos.

En ese abandono del garage, el stoner se impuso notablemente. Se puede apreciar en “I Want It All”, canción en la cual la voz aguda de Turner se mezcla constantemente con sus propios coros graves, una técnica muy utlizada por QOTSA y Kyuss; al igual que la guitarra rítmica, con otra punteando de fondo, acoplando. Las oscuras influencias también están en el cuarto track, “Arabella”; Black Sabbath y los cortes de “War Pigs” están, sutil e ingeniosamente, a lo largo de los 3 minutos 27 segundos de duración.

El tema “No. 1 Party Anthem” se lleva la atención del disco. No por lo elaborado ni rockero, sino por lo simple y romanticón. Acá demuestran que, pese a grabar AM en unos estudios de Los Angeles, siguen siendo británicos. Se trata de una balada a lo “Let Me Kiss You” de Morrissey, tema que el ex The Smiths también grabó en LA.

En “Mad Sounds” rememoran, con un melódico Hammond, temas de The Doors, Jannis Joplin y artistas Woodstock. Sin embargo, en “Firesite” regresan al 2013 con líneas de baterías pregrabadas envueltas en una interesante reverberancia, la cual hace viajar a la canción entre Radiohead y la banda de sonido del film “Ocean’s Eleven”.

Hasta el momento, AM puede ser catalogado como uno de los mejores discos del año pero, como suele pasar en el último tiempo, los cuatro temas finales sobran. Y sobran no por malos, sino por repetitivos y hasta extraños para un grupo de rock. En “Why’d You Only Call Me When You’re High?” Artctic Monkeys intenta un hip hop que, en realidad, se asemeja a las composiciones más electrónicas de Robbie Williams. “Snap Out of It” y “Knee Socks” podrían tranquilamente ser los lados B que quedaron fuera de la placa, o los demos de las primeras canciones del disco. Si se le quita la voz, la letra de “R U Mine?” o de “One For The Road” se pueden superponer en ellos.

En una de esas, estas bandas que intentan rescatar el rock de los setenta tendrían que imitar lo que también hacían en esa época: discos de siete u ocho temas que sorprendían y revolucionaban la música. La producción estuvo a cargo, otra vez, de James Ford. La mano del productor de Klaxons es de una brillante sencillez, aunque el disco está un poco saturado de coros con remembranzas gospel, que desvirtúan el gran trabajo de Turner, Jamie Cook, Nick O´Malley y Matt Helders.

Así, la “madurez” de Arctic Monkeys -esa premisa que abrió el artículo- se centra en lo que una verdadera banda debe mostrar: variedad tanto en la composición y como en las influencias, a la vez de uniformidad en la producción y en el sonido. De esta forma, y con AM, Arctic Monkeys encuentra lo que todo grupo requiere: personalidad.//z

Arecia_Octubre

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