La luz siempre atraviesa el bosque

La banda de Daffunchio, Martínez y compañía estrena nuevo disco y demuestra que en la madurez se puede seguir buscando la novedad y, de paso, la sanación. 

Por Matías Roveta

“Es un disco luminoso” dijo Gabriela Martínez en la conferencia de prensa con la que Las Pelotas presentó Brindando por nada, su flamante nuevo disco de estudio. Y recorrer los once tracks que conforman el álbum permite descubrir que varias de sus canciones se revelan como poderosas muestras de un rock cargado de buenas vibras y esto confirma, justamente, cuán acertada es esa descripción de la bajista de la banda. “No hay remedio para todos los dolores de la vida”, canta Germán Daffunchio en el tema que le da nombre a la placa: la línea puede sonar terrible, tan realista como densa, pero el cantante le extirpa todo halo de derrota y la suelta a bordo de una melodía sanadora, con el corazón lleno, sobre una base de guitarras resplandecientes que construyen junto a la batería una especie de himno arrastrado que sirve como un espacio de contención. Aún en los momentos en donde la cosa se pone más lúgubre, como en el rock oscuro sobre oportunidades perdidas “Era” (por lejos lo mejor del disco), el mensaje de Daffunchio termina siendo optimista. Transmitir energía positiva y ponerle buena cara a las cosas a pesar de todo, de eso se trata: ya en Despierta (2009) y Cerca de las nubes (2012) eso estaba presente, pero ahora cobra mayor fuerza y le da a Brindando por nada un aura de refugio espiritual, música y letras para abrazar en momentos complicados.

Y lo que realmente emociona en Brindando por nada es que ese mensaje es creíble: el propio Daffunchio –un tipo auténtico y genuino dentro del rock local- es el ejemplo perfecto de cómo salir adelante en situaciones difíciles (una trayectoria signada por la muerte de amigos y compañeros de banda, desde Luca hasta Alejandro Sokol), y por eso conmueve la fuerza con la que se entrega en “Como una estrella”, una canción que parece versar sobre las pérdidas (“Estarás cerca de mí como una estrella / estarás cerca de mí / Volveremos a vernos de nuevo”). A veces la cosa se pone más íntima y personal, como en la balada de piano eléctrico y guitarras oceánicas “Quizá no puedas” (“Dices que no puedes / que no queda esperanza / Dejando la piel / buscando la vida / por qué te das por vencida”), y a veces Daffunchio parece trazar lazos afectivos con el oyente, para interpelarlo: “Habla / dime cómo estás y qué hay en tu alma” (“Víctimas del cielo”) o “Cierra los ojos y sueña / libre de verdad”, en “Nada es real”, un rock mid tempo en plan acústico plagado de sutilezas y hermosos arreglos de teclado a cargo de Sebastián Schachtel. Y, tanto en un caso como en otro, vuelve a escena esa misma idea de luminosidad de la que hablaba Gaby Martínez. En “Nada es real”, además, destaca una frase (“Este jardín es presente / tierra sin labrar”) que puede permitir pensar un rato en Luis Alberto Spinetta; lo mismo en la canción que abre el disco, “Algún día será mejor”, con sus machaques de batería de Gustavo Jove, sus dinámicas de guitarras cambiantes y una letra que dice: “Todo el tiempo se moverá / nuestra vida es como un río / no es posible que sea igual / no hay razón para temerle”. Aceptar los cambios y siempre mirar al futuro: sí, mañana es mejor.

Brindando por nada es un gran disco de Las Pelotas, también, porque ofrece facetas musicales de la banda que amplían y refrescan su sonido, como si nunca perdieran el gusto por jugar y seguir buscándole la vuelta. Podría ser definido como un álbum internacional por lo moderno: la intro de piano de “Algún día será mejor” remite a Coldplay, el entramado de guitarras y teclados junto al rasgueo limpio de la viola rítmica convierten a “Víctimas del cielo” en lo que podría ser un hit de U2, “Era” funcionaría muy bien en In rainbows (2007) de Radiohead y “Como una estrella” recuerda al poder de fuego de la E Street Band. Claro que tampoco pierden sus viejas mañas: hay rocks rabiosos con toneladas de riffs cruzados y letras contestatarias (“Dime”) o ácidas (“El amor hace falta”, “Se puede romper”), y reluce el groove bailable de la funky “Hasta el fondo del río”, con arreglos de trompeta de Alejandro Gómez Ferrero incluidos y el mejor solo de guitarra de Tomás Sussmann en todo el disco. El arte de tapa sugiere una continuidad con Cerca de las nubes, la tipografía es la misma y un espacio natural vuelve a decorar la portada. Allí y en las páginas del librito interno la constante parece ser la noche: una noche de estrellas brillantes y luna llena que alumbran el camino.//∆z

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