Fina gamuza

Después de una ausencia de once años vuelve Suede, los niños elegantes del brit-pop que a principios de los noventa aparecieron como los reyes de la escena inglesa.

Por Damián Jarpa

Lo tenían todo: glamour y juventud. Representaban la antítesis perfecta a todo aquello proveniente de Estados Unidos, el lo-fi  y el grunge. Pero algo pasó en el medio: la sorpresiva explosión en 1994 de los gigantes Blur y Oasis, que arrasaron con todo lo que se pusiera delante y los relegó a un segundo plano, junto a bandas como Elastica, Cast y Echobelly.

Desde su separación en el 2003, sus integrantes se mantuvieron ocupados, especialmente Brett Anderson voz, de la banda, quien encontró en su carrera solista refugio para sus canciones. También hubo un fugaz retorno de la banda bajo el nombre The Tears, liderada por la dupla, Anderson-Butler (Ex-guitarrista y fundador de Suede), quienes grabaron un solo disco, que sin el éxito esperado fue a parar derecho al ostracismo.

Este nuevo disco comienza con “Barriers”, una explosión de melodía que se asemeja al sonido grandilocuente de Coming Up (1996), el álbum de más éxito comercial del grupo, dejando de lado el insípido sonido de su último trabajo, A New Morning (2002). La voz de Brett Anderson se hace presente con su usual timbre agudo que toma la inspiración de la época más andrógina y glamorosa de David Bowie. En las letras se observa una autocrítica de las problemas personales que tuvo que lidiar Anderson, con su adicción al crack, que se agravó y afectó durante los primeros años del 2000.

El disco, es delicado, o sea, es el resultado de un  trabajo exhaustivo de una producción que se encargó de pulir el sonido de las guitarras al máximo. Sólidas, pero  tan prolijas que le quitan un poco de la cuota de espontaneidad que  se necesita para sorprender. Eso se va notando y profundizando con el correr de los tracks, que ahondan en arreglos y llegan hasta por momentos al hartazgo, especialmente en las voces sobrecargadas de efectos.

Tratándose de Suede también hay lugar para las baladas conmovedoras, que hablan de desamores y lujuria, como “For The Strangers” y “What are you not Telling me?”. Canciones que presentan a un Anderson cantando como Bryan Ferry.

“Sometimes I feel I’’ll float away” es definitivamente un regreso al sonido más pegajoso y certero que va de menor a mayor y da exactamente en el blanco. Una canción de amor y oscuridad con un gran gancho y un solo de guitarra monumental finamente ejecutado por Richard Oakes, que desde 1994 ocupa la díficil tarea de reemplazar a Bernard Butler.

Si bien este es el retorno de Suede, no parecen estar pasando por uno de los momentos más creativos dentro de una escena inglesa que cada día mira más al pasado. Extinguidos los Oasis, por otro lado Blur continúa lucrando con “la vuelta” desde el 2009, y exclusivamente (salvo mínimas excepciones) abocados a editar recopilaciones o reediciones de los primeros discos, ya sean grandes éxitos de estudio o en vivo. Lo que deja a la banda en una posición ideal, arriesgándolo todo, olvidándose del legado y generando nuevo material para poder reinsertarse en el ciclo “grabar-girar”.

Este trabajo de Suede probablemente se ubique  entre lo más destacado de las listas inglesas a fin de año ya que apunta a lo seguro, con un sonido conservador, calculado -frío por momentos-, que sigue a rajatabla la fórmula que ellos mismos se encargaron de crear en sus comienzos.//z

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