Diez films imperdibles de 2011 (Parte 2)

A modo de cierre y tras un gran año para la cinematografía mundial, con una buena variedad y calidad en la oferta, en mi elección bien podría haber habido muchos títulos distintos (o todos), y hubiera estado igual de conforme. Teniendo en cuenta que viejos conocidos como Allen, Von Trier, Herzog, Carpenter, Cronenberg, Almodóvar, Kiarostami, To, Miike, Wenders, Moretti y no tan nuevos prodigios como Apichatpong, han estrenado títulos este año y otros que todavía no nos llegaron como las de Scorsese, Maddin Kaurismaki y Van Sant, brindo porque en este año la oferta se sostenga y que podamos ver la gran mayoría en pantalla grande, en una sala decente y de ser posible, bien acompañados.

Por Mauricio Pérez Gascué

 

El Caballo De Turín:

La última obra maestra de un consagrado como Bela Tarr es sin lugar a dudas de lo mejor que se vio en las pantallas en 2011. A partir de una anécdota real de Friedrich Nietszche -el filósofo ve con sus propios ojos cómo un hombre apalea a su caballo porque este se niega a tirar de una carreta- durante un viaje en Turín, Tarr sostiene un inconmensurable drama en el que solo participan tres personajes y un caballo durante dos horas y media. El director cuenta con una estética muy fiel a su estilo, sobre todo en el uso de un blanco y negro de alto contraste, que tan bien maneja y que aporta climáticamente a la percepción del espectador y con bordes tan duros como la vida de los protagonistas. El caballo en cuestión es sostén de una pequeña familia conformada por un padre y su hija, que dependen de su fuerza bruta para vivir. Ambos saben que el caballo está enfermo y moribundo y que no tienen manera de reemplazarlo. El drama del tener que vivir el día a día, trabajando a destajo para asegurarse una subsistencia, dependiendo de otro ser vivo al que se lo maltrata por impotencia, es fiel reflejo de la condición humana cuando la miseria conduce a actitudes miserables. Una verdadera pena que esta película no tenga fecha de estreno en nuestro país.

El Niño De La Bicicleta:

Otra de las grandes películas que inexplicablemente tampoco tiene fecha programada en nuestro país es la última y conmovedora aventura de los hermanos Jean Pierre y Luc Dardenne. Como era de esperarse, abordan una historia desgarradora con la crudeza vista a través de un cristal de ternuras sobre Cyril, un niño de once años que es abandonado voluntariamente por su padre y enviado a un hogar. La cámara acompaña al protagonista a través de su desventura en su afán por recuperar a su progenitor. En el camino, la vida hará que este joven se debata entre la marginalidad y la reinserción a una vida normal. Cada uno de sendos caminos están representados por dos personajes que el destino le acerca al niño y que con el correr de la cinta va alternando su rol entre víctima y victimario. El buen ojo de los Dardenne para elegir y para dirigir actores se evidencia en la actuación de Thomas Doret en el papel de Cyril. El joven tiene un personaje complejo con un mundo interior de profundidades abismales, pero con sensaciones encontradas a flor de piel que sostienen toda la película con una solidez que muchas veces actores experimentados no consiguen.

Escenas Del Suburbio:

Sobrecogedor mediometraje del genial Spike Jonze, inspirada en el no menos genial álbum The Suburbs de los canadienses Arcade Fire. Con un aire a Over The Edge (1979), de Jonathan Kaplan, nos plantea otra distopía en los suburbios norteamericanos, protagonizada por jóvenes que no son actores, lo que evidencia la maestría de Jonze para manejar la situación. La historia transcurre en un barrio cerrado habitado por adolescentes que no tienen nada que hacer con su vida más que juntarse a pasar el rato con sus skates y bicicletas, pero por sobre todas las cosas sucumbir ante la pulsión primitiva de hacer todo tipo de travesuras para contrarrestar el tedio. El barrio, cerrado por fuerzas militares, está desconectado de un afuera del que sólo se sabe que está sumergido en el caos, conflictos armados y desolación. Estos jóvenes están atrapados entre un afuera y un adentro de los que quieren evadirse y no pueden. Sólo les resta vivir como si nada sucediera.

Medianeras:

Inusual estreno de la cinematografía local. Se trata de la ópera prima de Gustavo Taretto, quien hace seis años atrás presentó el corto homónimo que brillara en festivales alrededor del mundo y que vendría a ser una versión germinal de este film. Cuenta las historias de muchos de los solitarios que habitan la superpoblada Buenos Aires, donde los desencuentros abundan y, como en el caso de los protagonistas, solo la casualidad puede hacer que se crucen sus destinos. Cuenta con un reparto que se luce con actuaciones cálidas, cómicas y por momentos emotivas, encabezado por el protagonista del corto original Javier Drolás y la participación de Carla Peterson, Inés Efrón, Rafael Ferro y la española Pilar López De Ayala. La ciudad y los protagonistas interactúan de una manera orgánica, viéndose reflejados los unos en los otros, ya que las acciones de los personajes están condicionadas por la geografía urbana en la que habitan, hecha a imagen y semejanza de quienes la habitan. Afortunadamente no peca de ser una película porteña, sino más bien citadina, y es quizá uno de los motivos por los cuales a la película le fue bastante bien en otras grandes ciudades del mundo. Casi instantáneamente se transformó en un pequeño nuevo clásico de nuestro cine, debido a la variedad de personajes y de situaciones que nos permiten sentirnos reflejados en alguna de ellas.

Moneyball (El juego de la Fortuna):

Luego de un interesantísimo debut con Capote, y una espera de seis años, el segundo largometraje de Bennett Miller comienza a construirle una carrera sólida como gran contador de historias. Está protagonizado por un impecable Brad Pitt, pero con un enorme trabajo de Jonah Hill, que desde su papel se roba gran parte de la película. Basado en un hecho real, el film recrea la historia del manager del club de baseball con el menor presupuesto de la liga, que para poder mantener una competitividad se ve obligado a implementar un planteo revolucionario y radical, ayudado por un economista experto en estadísticas. A pesar de estar narrada dentro de los cánones clásicos, de desarrollarse dentro de los parámetros esperables y con un final predecible, esta película funciona maravillosamente debido a la belleza de lo simple, a sus actuaciones cálidas, a las buenas dosis de humor y, sobre todo, al mensaje esperanzador que trae para un país que está aprendiendo a convivir con las consecuencias de la crisis económica.

 

Arecia_Octubre

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