Diario íntimo de Observadores

107 Faunos edita Últimos días del tren fantasma, una placa que mantiene y renueva su espíritu de días dorados y tardes al sol.

Por Claudio Kobelt

Luego del suceso inagotable de Creo que te Amo en el 2010, 107 Faunos solamente había editado un ep en el 2011, El Tesoro que nadie quiere, para luego dedicarse de lleno a la composición y la realización de sus ya míticos shows en vivo. Finalmente, varios años después, llega Últimos Días del Tren Fantasma, un disco que redefine al grupo luciendo una exquisita melancolía, una nueva saudade platense llena de tesoros por descubrir.

La bienvenida llega entusiasta con “El Camino”, canción positiva y dorada como la tarde de verano que la habita y que en ella se nos manifiesta. Le sigue “Cosas Caras Rotas”, que con ritmo efervescente habla de la terrible venganza que el mundo tiene planeada contra los sonrientes. Este cambio de sentir de una canción a otra, esta dualidad positiva/negativa se repite en diversos momentos y no es contradictorio que así sea, quizás porque los 107 son lo más parecido a una criatura viva que existe, por su esencia natural en coexistencia de caos y armonía, por hablar de la abrumadora tristeza del mundo y de la belleza infinita de una pileta en vertical.

En tercer lugar sigue “La Turba”, que mediante unos pequeños y contagiosos sonidos arranca induciendo al baile desenfrenado. Es innegable la mayor presencia sonora  del teclado y la percusión en esta placa respecto de las anteriores, “chispazos de otro color” que dotan a las melodías de una mayor riqueza. “Por ir a comprar” es una balada intensa que cambia el clima y que nos deja listos para el camino sentimental que el resto del disco propone.  “Ley de Hermanos” no se queda atrás exhibiendo una letra movilizadora destinada a despertarnos de la quietud, dedicada a todos aquellos que “ponen horas al tiempo para que pronto pase”. Los 107 Faunos dejan claro que ellos como grupo nunca se despiden de la búsqueda, que lo importante no es encontrar sino volver a comenzar.

La melancólica “Jazmín Chino”, de espíritu afín a la conocida “Incertidumbre”, es quizás el mejor momento compositivo de Javier “El Gato” Sisti Ripoll, uno de los cantantes y guitarristas Faunos. “Triceratops Roll” se suma a la lista de sus clásicos instrumentales (como “Nenes de Mamá” o “Fiesta de Cerezas”), pero con el bajo bien marcado, sonando fuerte y al frente como dominando la escena.

Si bien Últimos días del Tren Fantasma resplandece de melancolía, es de aquí en adelante donde dicho concepto se profundiza entendiendo a  “Triceratops Roll” como una especie de separador que divide en dos partes el mismo disco,  con “Vendedores de Lupas” como el Track inaugural del Lado B. “Vendedores…” es una canción de observación, una mirada bucólica al centro del barrio, una llamada directa a agitar la falta de planes y acción. Y si hablábamos de Sisti Ripoll como autor, es imposible no notar la pluma iluminada de Miguel Ward, una prosa romántica de detallada observación tanto de la naturaleza cercana como del costado más íntimo del ser.  Es en esa comprensión donde reside otro elemento clave de este álbum: En su primer disco, 107 Faunos (2008), las canciones rondaban el realismo mágico, ubicándolos en un mundo de colores al final de la constelación. En Creo que te amo los temas hablaban de la ciudad fuera la ciudad, la poesía cotidiana en el paisaje del barrio y las pandillas. Y en este, las canciones son profundamente intimistas, indagando en las posibilidades, los recuerdos y la propia sensibilidad.

“La Plata” es ya un pequeño clásico de culto gracias a su inclusión en el segundo Compipulenta (2013) y sus shows en vivo. Una descarnada y dulce catarsis a la ciudad que los cobija y los inspira. Le siguen “Descenso Luminoso”, la cual enuncia eso de “Soy como el rio cuando se vuelve salto”, “2 de Julio”, otra oda al verano y la bella posibilidad de que nunca termine, y “Tacho Negro”, otra oscura lirica de la poética Sisti Ripoll, para luego culminar con todos los sonidos estallando en armonía.  El final llega con “Club de Observadores”, y en esta canción está el núcleo de todo el álbum, la llave para entrar a este mundo por la puerta grande.  Es una conmovedora declaración de guitarra, piano y voz, un romántico poema acerca del amor que todo lo cambia. Además, al decir “Club de observadores del universo mirando entrena”, la canción parece hablar de los 107 Faunos y de este disco, un registro dedicado a la intrincada observación del sentir y su compleja relación con la magnitud del mundo.

Existe cierta frase, que ha sido dicha y repetida en más de una ocasión, que menciona que  “Los 107 Faunos suenan mal”, y quizás sea hoy el momento de parar dicha línea, o mejor aún, de corregirla: Los 107 faunos no suenan mal, suenan como quieren, tomando el camino menos transitado pero el más certero. Sus canciones son pequeños mantras destinados tanto para el baile como la introspección, mensajes directos al centro del individuo y todo lo que en él se contiene y se escapa. 107 logra en Últimos días… un registro único e irrepetible, un diario íntimo de la belleza, o como poner bajo la lupa un corazón sin dirección. 107 Faunos no suena mal, suena como debe hacerlo, registrando, creando y alimentando “el calor de la manada”.//z

Arecia_Octubre

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