Canciones nacionales de 2015

“Amor entre rosas” – Avant Press

En el otoño de 2015 volvió Avant Press para el festival Ciudad Emergente y luego continuó una seguidilla de presentaciones donde el revival del pop alternativo de los ’90 fue furor. “Amor entre rosas” formó parte del EP homónimo de 1994 y tiene la fórmula de la canción pegadiza ideal: una frase y acordes que se repiten sin parar y una melodía que se identifica rápidamente. La tapa del EP incluía un fondo fucsia con imágenes del otrora gobernador de Buenos Aires, Juan Manuel de Rosas, y un corazón en el centro. Pegajoso y rosa, como un buen chicle. Ayelén Cisneros

“Fiesta en el barrio” – Bestia Bebe

Unos acordes en la guitarra y unos pibes que nos recuerdan que hay fiesta en el barrio. Existen ciertos sentidos en torno a Bestia Bebé que son imposibles de ignorar: el fetiche de la amistad, canciones que parecen hablar de fútbol pero que las podemos aplicar al amor romántico, el fanatismo por las películas de acción, entre otros. En esta canción el plato principal es el costumbrismo y el perfume del asado nos guía cual estrella de Belén al lugar deseado, nuestra cuadra. También nos recuerda que la alegría y la calle son nuestras. Ayélen Cisneros

“Lanús” – Camión

El grupo de Buki Cardelino mezcla con poder y precisión partes iguales de post punk, new wave y pop energético y oscuro en su nuevo álbum titulado Los Mares, y “Lanús” es quizás su mejor representante. Nos transporta a una pista de baile en penumbras, con la luz del boliche clavándose en nuestra ropa negra de armadura, e incitándonos a cerrar los ojos y bailar como la única manera posible de sacarnos de encima el peso agobiante de los recuerdos. Claudio Kobelt

“El baile de la colina” – El mató a un policía motorizado

En el último EP de la banda de La Plata, Violencia, no existen nuevos acordes o novedosas estrategias pero logran hipnotizar a través de sonidos envolventes y frases que funcionan como mantras del caos. El baile de la colina es el tema clave del maxi simple, el hit natural: “Vos y yo, perdidos en la colina” y “Vamos, vamos, cariño, vamos” canta el Chango y ya no podremos dejar de repetirlo. Ni de tuitearlo. Ayelén Cisneros

“Ni Hablar” –  Fantasmagoria

El primer mérito del tema tres de El mago Mandrax es nada menos que haberse cargado al hombro la grabación de todo el disco. Un encuentro casual entre Gori y otro desahuciado por el amor -¡Manuel Quieto!- que se sintió identificado con esta melodía agridulce, devino en la ofrenda de estudio y el registro completo del álbum. Para quienes saben de qué va Fantasmagoria, “Ni hablar” no resulta una novedad: el lenguaje es directo -la historia de una separación, donde el diálogo del estribillo entre el insomne cantante y sus amigos-coreutas que lo consuelan se lleva las palmas; al fin alguien hace juegos de coros, viejo-, el arrope, acústico pero intenso. La canción marcha, va para adelante y termina en las alturas (modulaciones de tonalidad al margen). No llega a definirse si el protagonista resuelve sus dolores, pero el tono elevado del cierre parece indicar que lo logró. Santiago Segura

“El fondo del mar “– Hernán Martínez

Fuera de foco es un disco atípico en la carrera del cantautor por su sonido tecnopop y melancólico, y dentro de esa encantadora extrañeza, “El fondo del mar” se diferencia claramente del resto. Con ritmo beat, cierto aroma twee pop, una melodía alegre, lirica triste, y la voz grácil y dulce de Martínez  narrando en primera persona una carta al amor que lo abandonó. Este track logra posicionarse como una de las canciones del año y de la historia del cantautor, por condensar en 02:31 el espíritu universal, melancólico, bailable y atemporal del mejor pop.  Claudio Kobelt

“Los días” – Loli Molina

Rubí tiene varias gemas en las que se encuentra la canción “Los días”, el track que inicia el álbum. Recuerdos entremezclados con imágenes sensoriales que se pueden atribuir a la mañana o a la tarde se pueden distinguir entre letra y música. Una extraña pronunciación, un acento raro caracteriza a Loli Molina en este tema sobre todo cuando dice:”siento que somos un jardín de noche y no hay luna que muestre las flores dormidas”. La joven cantautora logró crear una pieza de pop sutil y suave que es una oda al amor y a la nostalgia. Ayelén Cisneros

“Camisa narco” – Las Armas Bs. As.

En 2014, Las Armas Bs. As. se presentó en sociedad con un EP virtual que contenía lo que podemos denominar como su manifiesto, el estribillo de “El lugar común”: “Nada nuevo busco acá/ Al contrario, voy detrás/ de lo más antiguo del mundo./ Nena, ya imaginarás…/ Mientras todos los demás/ quieren llegar alto, yo quiero llegar profundo”. En eso anduvieron para su Vol. I, un disco rutero y denso que no podía empezar de otra forma que con este riff de tres acordes tajantes. La prédica del desamor chicano de un poronga que abandona y se abandona a los caminos, las mujeres, los santuarios del Gauchito Antonio Gil y el riesgo de que la cana lo agarre cargado. Grave, añejo y profundo, sí: el manifiesto se lleva a la acción. Santiago Segura

“Costa Este” – Las Piñas

Las piñas rompe las olas del krautrock por las diagonales de La Plata a puro surf rock sónico en el EP El perro Beach. El trío de chicas renueva el calor de una escena platense que parece llegar a su ocaso, pero con ellas mañana será un nuevo día. Martín Barraco

“Meta y ponga” – Los Animales Superforros

Al escuchar su nombre por primera vez cualquier persona que sepa sobre el mundillo del rock psicodélico los asocia a Super Furry Animals. Entonces, ¿Los Animales Superforros no son una bandita de covers en castellano de  las composiciones de Gruff Rhys y compañía? No para nada. Juegan con ritmos autóctonos, usan instrumentos vinculados al palo folklórico: flauta, bombo legüero  y guitarra criolla, y los fusionan con sintetizadores y cajas de ritmo. Experimentan. “Meta y ponga” juega con el pasaje de lo analógico a lo digital, los sentidos, la manera de percibir los sonidos, la realidad. Un fenómeno de época. Joel Vargas

“La crecida” – Los Espíritus

Un rasguido de guitarra y un punteo que emerge, sórdido, con aires de western. Así arranca el primer track de Gratitud (2015), el último disco de Los Espíritus. El tandem Moraes/Prietto profundiza en su estilo, ese psicho/folk/bluesero/tribal, y en el caso de esta canción edifican las paredes de este ensamble. Bases monótonas, distorsiones ralentizadas y una letra que narra cómo el río, embravecido, arrasa con todo. “¿Dónde pasa el tren que pasa /Que mi padre me decía?” cantan y no entienden a dónde quedó todo aquello que supieron conocer. Los márgenes, la desolación, la tierra, los bares y la nostalgia completan el cóctel de este combustible espiritual. Pablo Díaz Marenghi

“Ley Marcial” – Los Hermanos McKenzie

En Marea, su segundo disco, Los Hermanos Mckenzie hacen gala de todo su glamour y confirman que son una de las bandas más interesantes de la nueva escena independiente. “Ley Marcial” es el hit del álbum,  la clave radica en la voz de Cecilia Czornogas, que con un desgano aparante te conquista de una. Pero el coqueteo con el electro pop es lo que te termina de enamorar. Joel Vargas

“Indiana” – Los Rusos Hijos de Puta

Julián Desbats sale a cantar bajo la tormenta que lleva encima “Indiana”, la joyita del electrizante último disco de Los Rusos Hijos de Puta. Lejos de la jungla de cemento donde sobrevive el que más grita -como Luludot en “Los pibe”- y de las guitarras al palo, la canción es un oasis, una búsqueda del verano eterno. Por más canciones así. Martín Barraco

“Anillo radiactivo” – Marina Fages

La voz está desencajada. Marina Fages deja la campiña musical en la que solemos encontrarla últimamente  –esa de sonidos dulces y suaves entonaciones-  y entrega una buena dosis de furia. En esta canción habla de un anillo radiactivo que le da poderes y la referencia a  un Frodo que se desquicia con la fuerza de este objeto se nos viene a la mente. Fages hace una demostración de fuerza, energía y encanto y confirma de esta forma que es una de las cantautoras más interesantes del post 2010. Ayelén Cisneros

“La máquina del tiempo” – Mi Amigo Invencible

La danza de los principiantes describe una serie de acontecimientos que no dejan de dispersarse, destruirse, mezclarse, separarse, entrelazarse.  “La máquina del tiempo” es la punta del ovillo, sintetiza el concepto del álbum: la constante indagación por el ser y el tiempo, las partículas elementales. Mi Amigo Invencible demuestra disco tras disco porque es una de las bandas más talentosas y ambiciosas de la nueva escena independiente. “La máquina del tiempo” da fe de ello. Joel Vargas

“Serenata” – Nahuel Briones + Orquesta Pera Reflexiva

Nahuel Briones es una rara avis de la canción argentina. El cruce de los unders, producido por el legendario Jorge Álvarez del mítico sello Mandioca, es un disco ambicioso, un atlas poderoso donde hasta ¡Rodolfo Walsh! dice presente. ¿Qué tiene que hacer un músico inquieto como Briones? Grabar canciones como “Serenata”, una confesión desgarradora que tiene vida y te abre el corazón. Ideal para escucharla con los ojos cerrados.  Joel Vargas

“Sed” – Shaman  y los Pilares de la Creación

En su tercer disco con Los Pilares, Shaman Herrera hizo uso de mayores artilugios eléctricos. Sin embargo, su música nunca dejó de sonar a viaje místico. Sueño Real es el disco del artista que en el aburrimiento de si mismo potenció sus musas. Y “Sed” es tal vez el track que más ilustre la contienda. Desde el arranque, sus palabras suenan acertadas. Apocalíptica y cargada de intensa percusión, la conciencia de lo incompleto se dispara. Tras los destellos de agua y perros muertos, nos impulsa a abrir el cofre y cubrirnos bien con oro. Walter Sosa

“Kurt Cobain”– Turf

Y un día volvieron, dejaron atrás rispideces y quilombitos. Tuvimos que esperar once años para escuchar una canción nueva de los últimos hitmakers que supieron colar sus melodías todos los domingos en las canchas del futbol argentino.“Kurt Cobain” es una canción clásica de la factoría Turf, pegadiza y simple. El sonido remite a una banda sonora de una peli de Olmedo. Y el estribo es una trompada en la cara bien dada. Levinton y el amor. Levinton y la nostalgia. Levinton y sus obsesiones. El futuro es prometedor. Esperamos con ansías su nuevo disco. Joel Vargas

“1000 Kilometros” – Valle de Muñecas

Hay ciertos autores en donde las continuidades que pueden hallarse dentro de su obra son insondables. Desde Stephen King y sus universos paralelos, hasta las mitologías de H.P. Lovecraft o los discos conceptuales de David Bowie. Valle de Muñecas no es una excepción. Manza Esaín, principal compositor, expone sus desamores y penurias a lo largo de toda su obra y es fácil establecer lazos, como en “1000 kilómetros”, track 3 de El final de las Primaveras, y canciones anteriores como “La soledad no es una herida”. Autopistas, la insoportable levedad del ser, un “éxodo a lo desconocido” y ese amor que ya no va a volver. Un universo se le dibuja en la mente a quien lo escucha mientras se disparan las guitarras, la batería de Lulo revienta los parches y uno entiende que, finalmente, “La infinita soledad es nuestra, nada más, a 1000 kilómetros de que amanezca”. Pablo Diaz Marenghi

“Oh Viernes” – Viva Elástico

Como antesala de lo que será el sucesor de Agua, Sal y Fiebre, la banda de Longchamps publicó en 2015 “Oh Viernes”, conformado por la canción que le da nombre al sencillo y “La Vida Entera”. En la primera, Ale Schuster y compañía rinden homenaje a las mejores horas de la semana. Entre guitarras y sintetizadores que hacen culto al britpop, una crónica de los días sacude nuestras tristezas y rutinas. La alegría y esperanza vienen en forma de estribillo y la sensación funciona como potencial secuela de “El Gran Encuentro”. Una melodía arriba para las mañanas de color grisáceo. Walter Sosa

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