Blues Espacial y Rock and Roll del país

Con actitud Rocker, en clave futurista y dejando en claro cuáles son sus raíces musicales, La Renga editó Algún Rayo, primer álbum conceptual de su carrera.

Por Matías Roveta

La Renga ha evolucionado: desde el rock and roll salvaje de sus primeros discos – Esquivando charcos (1991) y A donde me lleva la vida (1993) – ha ido avanzando en su sonido, pasando por el hard rock, y llegando hasta fronteras cada vez más cercanas al heavy metal, sobre todo desde Detonador de sueños (2003) y Truenotierra (2006). En este sentido, Algún Rayo, octavo en la discografía de la banda y grabado en la sala-estudio que La Renga tiene en Ezeiza, ilustra lo antedicho con citas claras: “Algún Rayo” (la canción) puede sonar a Motörhead, la intro de “Inventa un mañana” remite a Iron Maiden, y el riff cansino y amenazante de “Dioses de terciopelo” parece estar influenciado por las primeras épocas de Sabbath. Pero para La Renga, lo que verdaderamente termina de definir su ADN musical, es el blues. En todo este recorrido que la banda ha experimentado en su sonido, el blues fue siempre la brújula señalando el norte, la guía espiritual, el tótem compositivo. Ese blues que por momentos suena espacial y futurista, como en “Desoriente blues”, o psicodélico, como en “Algún Rayo”, pero siempre destapa el costado rockero y guitarrero del trío. La Renga ha sabido esgrimirse, por herencia natural, como continuadores del legado de Pappo. Por eso suenan como suenan “Canibalismo galáctico”, “La furia de la bestia rock” o “Caricias de asfalto”: atravesadas por el rock and roll crudo, distorsionadas, valvulares y rifferas (por la banda del Carpo y por cómo suena la viola del Chizzo).

Editado bajo el innovador formato de “entradadisco” (solo conseguible dentro del combo renguero, que incluye el disco y una entrada para alguno de los conciertos de la gira Algún Rayo), el álbum es lo más cercano a una obra conceptual que La Renga haya editado en toda su carrera. Desde su arte de tapa futurista, que remite a las películas de ciencia ficción clase B, hasta las líricas, que incluyen constantes citas al espacio y al cosmos, parece haber una idea común: lo cósmico y lo espacial, la ciencia ficción como género, se utilizan para describir esta realidad, la nuestra, la terrenal; allí donde se asiste a un paisaje desolado y arrasado por una catástrofe ambiental, en pleno clima Apocalíptico: “fuego, llamas quemando banderas, ya no hay dimensión del Estado”, dice Chizzo en “Destino ciudad futura” y, en lo que parece ser un desastre nuclear, dice en “Algún Rayo”: “el niño está en la vereda esperando por el sol, aunque ya no habrá un mañana y el día nunca más vendrá”. Pero a la hora de buscar culpables, el mensaje se vuelve más directo, más tangible: “tan solidaria es la tierra, que es la cereza de tu extinción” dice parte de “Canibalismo galáctico”, donde el hombre se nos presenta con la instintiva responsabilidad de explotar las “fuerzas naturales”.

También encontramos lugar para el amor con “Dioses de terciopelo”, la amistad y la traición con “Disfrazado de amigo”, y una dedicación especial a los mismos de siempre, el público que sigue desde hace años a La Renga, con “La furia de la bestia rock”, canción que recuerda los inicios del trío y el peregrinaje de fanáticos desde todos lo puntos del territorio argentino, alguna vez definido como rock and roll del país.

En síntesis, el colapso del Sistema es inminente si sigue el derrotero de este cruel y obsoleto aparato que intenta mantenerse en virtud de su voracidad y su sed de rentabilidad a cualquier costo. La genial letra de “Lunáticos” indica este sentido y sintetiza el concepto del disco como la necesaria búsqueda del paso conjunto a otra dimensión, tal como versa “Poder” (primer corte de difusión) donde, casi en canto de guerra, Chizzo propone la toma del Estado y aúlla que “hace falta Poder, el mismo que has de vencer”. Pero es la balada “Cristal de zirconio” , la canción que entra en detalles. Aquí, el cambio de modelo es visto con algo de dialéctica (“hacia nosotros mismos irá lo que vendrá”), pero dando signos de madurez y una mayor amplitud de miras, lejos de todo dogmatismo ideológico partidario, donde “el paso nuevo igual habrá que dar, despejado adelante de todos los “ismos”. Para una banda que del Che y su estrella hizo bandera, no es poco.

AZ Recomienda: “La furia de la bestia rock” y “Cristal de Zirconio”.

Arecia_Octubre

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