“Ararat para nosotros es un proyecto de vida”

El trío Sergio Ch.-Felitte-Fargo presenta este viernes 12 en el Roxy: Cabalgata hacia la Luz. Antes, una charla sobre la intimidad del nuevo disco y su fuerte impronta vital.

Por Matías Roveta y Martín Barraco
Fotos de Candela Gallo

Recién empieza a caer la tarde de un ventoso día de agosto y en la Avenida Márquez, que hace algunos meses estuvo colapsada de gente que hacía fila para ingresar al festival Lollapalooza, reina la calma. Las interminables columnas de asfalto que recorren esta calle principal de San Isidro comienzan a poblarse, todavía con ritmo lento, con varios autos y colectivos que devuelven a sus hogares a miles de personas luego de sus jornadas laborales. Sergio Chotsourian –alias Sergio Ch.- abre la puerta de su casa e invita a pasar al interior de esto que supo ser en el pasado el cuartel general de Los Natas, esa banda fundamental que contribuyó decisivamente en el desarrollo latinoamericano de la movida stoner: un rock valvular de raíz setentosa, tintes psicodélicos y destreza instrumental que hizo escuela y hoy tiene miles de seguidores. Durante 2009, cuando Los Natas habían llegado a un pico creativo insuperable con Nuevo Orden de la Libertad, empezó a aflorar en Sergio la necesidad de darle cabida a todo un caudal de inspiración que venía por el lado de sus antepasados armenios. Así nació Ararat, un proyecto paralelo que desarrolló inicialmente junto a su hermano Santiago y que sirvió como plataforma de descarga para exorcizar fantasmas y canalizar en la música el dolor por sus familiares perseguidos y exterminados durante años por los turcos: Música de la Resistencia (2009) fue el resultado de todo ese proceso y el debut descográfico de Ararat.

Pero la cosa no quedó ahí y la bestia siguió creciendo: Los Natas se separaron en 2010 y Ararat se convirtió en la banda principal de Sergio, quien fue sumando adeptos a lo largo del camino. El primero en desembarcar fue Alfredo Felitte, que venía de tocar la batería en Taura, otra banda importante de la escena. Junto a él Sergio grabó en 2011 Ararat II: una obra visceral atravesada por largas incursiones de doom psicodélico, casi instrumental y comandado por el bajo distorsionado –Sergio en esta nueva etapa abandonó, también, su mítica Gibson SG que usaba con Los Natas- y feroces machaques de batería. El segundo en llegar fue Tito Fargo, histórico guitarrista de Sumo y Los Redondos, que se sumó para engrosar el sonido en vivo durante las presentaciones del álbum. “El primer disco Sergio lo craneó totalmente solo. Fue muy distinto a lo que hicimos después con Ararat II, que nació desde su origen como un proyecto paralelo porque ambos estábamos en otras bandas. Pero Ararat en un momento se empezó a transformar en algo mucha más serio. Ahí nos dimos cuenta que había que reforzar la banda y, por suerte, estaba Tito para unirse. Por eso, este tercer trabajo parte de un planteo totalmente diferente: Tito ya estaba con nosotros y se armó un proyecto pensado en sentido de banda”, resume Alfredo Felitte, sentado en la mesa del comedor de la casa de Sergio en donde transcurrirá esta entrevista.

El tercer disco del que habla Alfredo es el flamante Cabalgata hacia la Luz, editado en abril por Oui Oui Records: probablemente uno de los lanzamientos nacionales del año, con toda seguridad el mejor álbum del grupo y, además, el primer trabajo discográfico que Ararat asume como trío, con todos sus miembros ya consolidados. ¿Es, entonces, la obra definitiva de la banda? “Es el disco que se pudo hacer ahora. Nada es definitivo cuando estás en un proceso creativo. Más allá de eso, estamos contentos con el álbum porque es bastante representativo de todo el momento de gestación previo, se puede decir que es una obra sincera: representa toda una trayectoria que tiene que ver no solo con un estado de crear música y ponerla en un formato técnico, sino con todo un estado de vida. Los tres coincidimos en una especie de cambio y el álbum es la punta de flecha de todo eso”, explica Tito Fargo. Ese cambio no tiene que ver tanto con lo musical, sino que se trata más de un cambio a nivel humano: básicamente, estar más sanos –física y espiritualmente- y disfrutar de la música. Ararat es, entonces, no solo una banda sino más bien el espacio ideal de confluencia de tres voluntades distintas que, luego de décadas de ponerle el lomo a la causa rockera, buscan tomarse las cosas de otra manera. “Ararat es un proyecto de vida para cada uno de nosotros”, sentencia Felitte y le cede la palabra a Sergio: “Después de tantos años tocando, la batalla de las bandas ya no es algo que nos interese. Lo importante hoy es poder estar tranquilos, crecer junto a la música, crecer como amigos y como humanos. Ararat es una banda con mucha bajada de línea: en las canciones del nuevo disco hablamos del cambio, de salir de la oscuridad hacia un camino mucho más luminoso, más sano. Ese es el concepto del disco: el de la cabalgata hacia la luz”.

 Y,ciertamente, las canciones hablan por sí solas. En “La Sal y el Arroz”, sobre la base de unos acordes como ráfagas breves y junto al punteo blusero de Fargo, Sergio habla sobre “reconocer la mano de quien te hace bien”; en “El Paso”, una triste historia sobre pueblos abandonados, con el bajo saturado con fuzz en un primer plano, la palabra clave es “fortalecer”; en “Las Piedras” y “Los Escombros del Jardín” la consigna es esquivar obstáculos en el recorrido hacia la superación espiritual, y la letra de “El Camino del Mono”, la aplastante apertura del disco que remite al metal downtempo de Black Sabbath, parece resumir el mensaje general: “Solo quiero seguir cambiando de color/ Despertar y recibir la energía del sol”. A diferencia de Ararat II, Cabalgata… ofrece una paleta mucho más amplia de sonidos y matices. “El anterior era más doom, opiáceo y hechado para atrás. Cabalgata hacia la Luz, en cambio, es un disco más rápido. Eso dio lugar a una presencia mayor de la batería y sus diferentes bases, a más arreglos de guitarra. Un montón de elementos que tienen que ver con la adrenalina, con una adrenalina real”, explica Sergio. Las canciones siguen estando centradas en función del bajo de Sergio Ch. y la batería de Alfredo Felitte (“Esa cosa central de Ararat”, según el batero), pero ahora se aprecian otros elementos: Fargo toca solos con slide y con arco de violín, se trenza en armonías de guitarras acústicas Con Sergio y aporta climas diversos de theremines y sintetizadores que le dan una mayor riqueza al sonido general de la banda. Su llegada fue muy importante para ese crecimiento: “Haber ingresado a la banda para tocar en los vivos del segundo disco me permitió hacer un puente hacia el tercero, que no es lo mismo si atacás al tercero directamente. Porque había un montón texturas y coloraturas que ya se venían plasmando como ideas en esos shows (los solos con arco de violín, que surgieron en eso recitales, son un ejemplo) y lo que se hizo en este álbum fue agarrar un poco eso y ponerlo en función de las canciones”, analiza Fargo.

Además de aportar su talento con las guitarras y los teclados para que el audio de Ararat creciera, la función de Fargo es vital por otra cuestión central: fue responsable de producir Cabalgata hacia la Luz. “Es como si alguien te pasara la posta de algo, yo sentí un poco eso. Se dio de parte de ellos hacia mí una gran confianza por mi trabajo, y eso es lo que más respeto. Es como que te cedieran un poco el mando de una cosa y vos te tenés que hacer responsable de eso y, sobre todo, entender a la gente que tenés al lado para poder llegar a un cierto resultado que tenga satisfacción para todos”. El trabajo de Tito como productor devino en dos resultados artísticos que son claves para entender Cabalgata hacia la Luz. En primer lugar, el álbum se acerca mucho más a un formato canción. “Lo que yo hice desde la producción fue tratar de ver muy objetivamente el material con el que se contaba. Y ese material era un conjunto de canciones que venían gestadas con la iniciativa, en gran parte, de Sergio. Entonces, al existir canciones lo que tenés que hacer es darle al disco una orientación más hacia ese formato, y eso fue lo que armó la columna vertebral del laburo”, explica Fargo. Sergio coincide con esa mirada y agrega: “El giro a hacer un disco de canciones no se trató de un plan matemático o de algo muy delibarado, sino que se fue dando naturalmente por la necesidad personal de cada uno y por la necesidad de bajada de línea que teníamos. Tuvo que ver más con la importancia de desarrollar un concepto claro, el de la cabalgata hacia la luz, pero repartido ahora en canciones más cortas a lo largo de todo un disco”. En efecto, las canciones tienen una duración más corta y estructuras más distinguibles: estrofas y estribillos en contraposición a las extensas zapadas lisérgicas de Ararat II. El genial corte de difusión del disco, “Nicotina y Destrucción”, tiene un video clip de promoción y hasta podría ser lo más cercano a un hit en el mundo Ararat. Alfredo Felitte coincide con sus compañeros y también opina que ese cambio estilístico se dio como parte de un proceso natural: “Siempre se trabaja con lo que se tiene a mano. Ararat II tiene temas largos porque las canciones con las que se contaba en ese momento eran así, duraban eso. Y para este disco trabajamos sobre las composiciones de Sergio y casi no las variamos: no es que dijimos ‘che, esta canción está muy buena, ahora metamos 20 minutos de zapada’. Fue exactamente al revés: ‘Esta canción nos gusta mucho, vamos a respetarla y a meterle la instrumentación que la canción misma pide’. La búsqueda es siempre dentro de lo que tenés”.

La segunda razón por la que el trabajo de Tito Fargo como productor fue decisivo se desprende directamente de la anterior: al tratarse de canciones, las voz de Sergio Ch. se aprecian mejor que nunca, su crecimiento como cantante es notable y las melodías son estructurales en cada uno de los tracks. Acostumbrado históricamente a usar su voz casi como un instrumento más, ahora el líder de Ararat asume un rol de frontman. “A la hora de ponerme a cantar me di cuenta que había más letra y muchas más cosas para decir. Textos más largos y varios mensajes para pasar. Y me tuve que hacer cargo, tuve que cantarlo”, dice Sergio mientras sonríe y enseguida agrega: “Fue como más derecho al pecho este disco, no había tanto tiempo para el cuelgue como en el anterior. Eso fue un aporte, una idea fundamental, de Tito: que se entiendan las letras, que a la gente le llegue el mensaje”. Tito Fargo asiente y profundiza en la explicación de Sergio: “Si uno realmente considera que tiene que defender una idea o concepto desde las palabras –dice en relación a esa necesidad de bajada de línea de la que habla Sergio- entonces las palabras se tienen que escuchar y entender bien. La canción es un elemento que propone, que tiene texto, letra y cosas para decir. Se trató, fundamentalmente, de un trabajo piramidal: entender qué es lo que se manda, qué mensaje querés plasmar y cómo lo hacés entender”.

La tarde está llegando al final y, también, la entrevista. Té y algunas galletitas dulces amenizan la charla, y en el último trecho de la conversación se toca de cerca el tema referido al particular proceso de gestación y grabación del disco. “Trabajamos con mucha libertad, de acuerdo a nuestros propios plazos. Nadie nos presionó y tuvimos desde el vamos un apoyo total de nuestro sello, Oui Oui Records. Ellos confiaron todo el tiempo en nosotros: antes de arrancar con el disco les elevamos un plan de trabajo que dejaba en claro dónde queríamos grabar, con quién y de qué forma. Y siempre hubo un sí como respuesta a todo”, deja en claro Felitte. Por su parte, Fargo aporta que se trató de un proyecto atípico para estos tiempos que corren: “Más que nada por la manera en que se trabajó. Fue todo muy minucioso: estuvimos bastante tiempo haciendo demos y luego hicimos una pre producción. Ahí paramos un tiempo y tomamos distancia del trabajo musical para entender dónde y cómo cantar. Una vez que estuvo eso cerrado hicimos un disco en formato demo y se lo llevamos al técnico, Walter Chacón, y recién ahí armamos el ruteo de estudio. Se hizo un trabajo paso a paso, sin presiones ni apresuramientos. Y el resultado es evidente: un disco sólido, con mucha sustancia que demanda en el oyente un tiempo de escucha. El disco es atrapante, lo ponés y desde el principio te engancha, rueda. Es como escuchar un vinilo, este álbum es una obra”. La grabación tuvo lugar en los estudios Romaphonic a lo largo de 2013 y el trabajo que Ararat desarrolló podría ser denominado como de vieja escuela: los tres músicos tocando juntos adentro de la sala y grabando en vivo las pistas bases de cada canción. “La esencia es lo que se grabó en vivo, y después se le agregaron algunas cosas, pero tampoco fueron demasiadas. Por eso el disco suena tan natural”, comenta Felitte. La búsqueda de producir música genuina en donde se prioriza la tocada, y el hecho de evitar que la obra se cargue de artificios de estudio puede ser explicada a partir de cierta adherencia a la escuela Sumo (en el caso de Fargo) y, sobre todo, a la vena setentosa que late en los tres miembros. “Cualquier idea, cualquier inquietud o cosa que surja la tenés que llevar a la práctica automáticamente. Si vos grabás una producción con mucha estructura y guita pero no lográs que eso suene tocado, entonces no hiciste algo interesante. Podrás decir ‘bueno, experimenté y tuve un aprendizaje’, pero la verdad en definitiva es cuando te subís a tocar. Entonces, lo que hicimos fue cuidar que lo que se graba es lo que se va a tocar después. Si bien cuando hacés un disco podés pulir un poco más la producción, podés sobregrabar guitarras o darle algún tratamiento especial a las voces, el concepto básico de Cabalgata hacia la Luz fue marcar cuatro y tocar”.

Después de la nota y de las fotos, a la banda le espera un largo ensayo en la sala que Sergio tiene en el primer piso de su casa. “Me gusta mucho cómo suenan los temas nuevos en los ensayos. Después de haberlos grabado ya hace un tiempo, ahora los volvés a tocar y te reencontrás con ellos y podés plantear distintos enfoques o tocarlos de otra manera. Es como si hubieran crecido, como si se hubieran hecho más fuertes”, subraya Sergio y agrega: “Además, me encanta cómo conviven los temas entre sí y hacen un complemento perfecto: la velocidad y el ritmo vertiginoso de los nuevos con el tempo más aletargado del primer y segundo disco”. La presentación oficial de Cabalgata hacia la Luz será el próximo viernes 12 de septiembre en el Roxy de Palermo. Si bien prometen hacer el disco nuevo completo junto a canciones de los dos anteriores, siempre está latente, según Felitte, el factor sorpresa: “Siempre se arma una lista, pero después tenés que ir viendo si funciona. Tenés que tocar lo que te pide el show, porque de otra manera sería como imponer a la fuerza algo que no va. Siempre hay espacio para la decisión en el momento, eso te lo va diciendo la música. No importa el orden, lo único que importa es escuchar las canciones”.//z

Ararat Nota Artezeta. Foto Candela Gallo

Ararat Nota Artezeta. Foto Candela Gallo

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