Algo sobre estar vivo

El Perrodiablo emerge del desastre para desenmascarar al rock careta y dejar que su espíritu marque su propio camino. Aquí, la primera parte de la entrevista.

Por Martín Barraco y Sebastián Rodríguez Mora
Fotos por Florencia Videgain

En La Plata el agua se llevó casi todo para muchos. Se llevó a muchísimos y lo poco que quedó se tiñó de mugre y desesperanza. La Ciudad de las Diagonales, esa idea decimonónica de los planos fundamentales deformada por la historia humana, las calles con número, Lobo-Pincha Pincha-Lobo, Duhalde-Solá-Scioli (entre otros), Los Redondos y el under que se volvió monstruo mainstream, la Catedral como un centinela o dos naves espaciales siempre a punto de despegar, una escena cultural que se reproduce a velocidades supersónicas en todas direcciones… todo eso y más, arrastrado por una fuerza natural que desnudó la ineptitud y miseria del todo el arco político bonaerense. ¿Quién se subiría al último techo para gritarle a la nube de destrucción y desidia toda la bronca y la injusticia? El Perrodiablo, la banda heroica en el medio del desastre.

El Espíritu, tercer disco de la banda, se convirtió desde su salida el año pasado en una de las revelaciones de la nueva escena independiente. A lomos de un show explosivo que tal vez pocos se animen a imitar, están abriéndose camino y haciéndose un nombre sin traicionar una idea algo difusa pero fuerte: la sinceridad de ser exactamente como lo que se les cante y hacer del escenario un espacio catártico y redentor de ese tótem que suele llamarse Rock n’ Roll.

Antes de tocar en su primer show post-inundación, en la puerta de Zaguán Sur el 6 de Abril, Doma (cantante) y Chaume (guitarra) juntaban cambio para poder devolverle a la gente que compraba entradas. Junto a Error Positivo y Go-Neko, la expectativa por ver a El Perrodiablo iba llenando muy de a poco la sala de la calle Moreno. Lo que sigue es una apenas una porción de lo que fue una charla birrera, especiada en todo momento con geniales interpolaciones futboleras, apariciones estelares y una ineludible pátina de tristeza con el desastre platense que, apenas días atrás, también los llevó puestos a algunos de los integrantes. “Mi vieja perdió casi todo”, dice Doma en su versión doctor Jeckyll. Sobre su Mr. Hyde escénico, ya hay bastante escrito y colgado a Youtube. Debajo del escenario no hay personaje ni actor en él, sólo una forma de encarar las cosas mucho más cercana de lo que aparenta.

El perrodiablo 3

AZ: ¿Cómo vivís el presente de la banda desde el lanzamiento de El Espíritu para acá?

Doma: Para nosotros no es que hayamos hecho algo diferente a como nos movimos con los discos anteriores. Tal vez fue más ordenado, coincidió que apareció Concepto Cero también que nos apoyaron en algunas cuestiones de logística. Después Oui Oui Records, que también nos ayudó a ordenarnos. Pero básicamente no fue que el disco se planeó con ninguna cuestión en particular, sino que es una consecuencia de que haber tocado mucho te hace crecer a distintos niveles. No hablo solo de popularidad. Está bueno que le guste a la gente, pero tampoco es el fin. A los primeros que les tiene que gustar es a nosotros, si después le gusta a los demás, diez veces mejor. Se tocó mucho después de El Espíritu, pero antes se tocó un montón también. O sea, fue una regularidad intensa de tocar y eso nos permitió grabar un disco así. Varios temas con los que llegamos a grabar los veníamos tocando hace un montón. No fue una cuestión ni muy distinta a lo anterior ni muy pensada. Sí la intencionalidad de organizarnos mejor sobre todo porque nosotros no tenemos manager, no tenemos prensa… Vos me están haciendo una nota mientras yo estoy cobrando la entrada y esto no tendría que pasar en realidad. Es duro el camino del Rock N’ Roll.

AZ: Pero como vos decías, los hace crecer un montón. Sacando lo musical de lado, el hecho de hacer toda la movida es un crecer desde otro lado: saber cómo armar shows, moverse, para el momento en que te toque arreglar con otros…

D: Yo creo que está bueno saber muchas cuestiones de toda la rueda. Tampoco te tenés que creer que por cobrar entrada soy mejor persona. Yo ya cobré entradas cincuenta millones de veces en mi vida y él –Chaume- un poco más porque a mí me gusta menos. No me gusta estar haciendo esto. Pero bueno, es parte de la lógica, en todo lo que haces hay cosas que te gustan y cosas que no. Lo que te hace crecer es el hecho de estar siempre alerta, aprender cosas nuevas. Eso y  cuando tocás con una banda más grande ver cómo se mueven también sirve. Me parece que hay que estar, nosotros como banda independiente, muy atento a todo para aprender porque si te creés estrella de rock sos boleta, no vas a ningún lado.

AZ: Y pasando a lo musical, ¿notás algún cambio con los otros discos en cuanto a las temáticas que abordás?

Chaume: Sí, musicalmente la banda creció mucho. Cambió del primer disco a este tercero. Imaginate, pasaron más de 200 shows en el medio y eso te hace tocar distinto. Yo siento que los temas antes eran un poquito más apurados a nivel velocidad y tocábamos con mucho más de urgencia. Antes dábamos más vuelta para llegar. Ahora sigue estando el mismo espíritu de cuando empezamos, de la electricidad, de virulencia, del salvajismo que sale naturalmente de adentro, pero le sumamos un sonido más directo, como una trompada. Es lo que siento yo tocando. De las letras te puedo hablar casi como un oyente más, porque las escribe Doma, y está logrando un poder de síntesis muy importante. Por ahí hay cosas que nosotros pensamos entre los cinco y él las sabe traducir y escribir con mucha síntesis y no con metáforas raras. A mí las letras me gustan mucho, siguen la línea de cuando empezamos, pero creo que ahora estamos musicalmente como con un contagio entre todos: están letra y música más unidas y con más fuerza, con un mejor sonido. Esto permite que Doma diga las letras de una manera que se entienda mejor cuando canta porque tocamos y nos damos un mínimo espacio entre nota y nota. Son cuestiones musicales de crecimiento y de aprender mucho en vivo, arriba del escenario.

AZ (a Doma): ¿Pensás como dice Chaume que hay un cambio desde las letras?

D: Coincido con lo que dice él, que está bueno que alguien lo vea de afuera. Me parece que es un resumen perfecto. Capaz ahora puedo ser más preciso, pero depende… Yo no tengo planes para escribir. Nunca la jugué de cantautor, de letrista, ni me instalo durante catorce horas a componer una canción. Escribo cuando me salen, cuando siento que tengo algo para decir y capaz esa manera de trabajar, esa manera de componer. Maduró la cosa en vivo por las cosas que decía el Chaume. No soy de esos solistas encubiertos en una banda, no me cabe esa a mí. Yo soy un producto de la banda. La banda crece y aprende y yo crezco y aprendo. Voy encontrando una manera de expresarme acorde a lo que me va llevando la banda. Soy de la idea de que las bandas tienen (las buenas bandas, las bandas de mierda no) un integrante más, que es la propia banda. La banda habla por sí misma y es una voz más además de nosotros cinco.

Ch: En esta banda hay mucha libertad, mucha expresión de cada uno. O sea, el momento en que tocamos es un momento donde cada uno está siendo libre y no está atado a nada. El mambo de estar tocando es libertad pura, de creatividad, y si alguien quiere hacer el tema más largo se hace. Eso la banda te lo permite. No es una banda matemática en el sentido de que no te podés pasar de vuelta.

D: Nosotros inconscientemente tratamos de recuperar el rock como un espacio de libertad, ¿entendés?

Ch: No nos planteamos de llegar a un lugar… “vamos a hacer esto para tocar en La Trastienda”… Una canción entra en El Perrodiablo porque tiene el espíritu del Perrodiablo.

D: De eso hablo como sexto integrante. Juanse de los Ratones decía en una nota que él es como un médium, que las cosas están en el aire y él las baja. Me gusta esa visión metafórica.

El espíritu del Rock, the ghost in the machine. Esa noción clásica, setentosa, es una constante a través de conversación. En una banda que hace todo lo posible por correrse de cualquier academicismo e investidura intelectual, Doma y Chaume destilan ese concepto vago pero recurrente para explicar lo que quizás ni ellos están dispuestos a terminar de redondear. El espíritu es algo que los reúne y convoca a la desfachatez profesional que expresan noche a noche en las corridas y malabarismos que disfrutan canción a canción e inevitablemente transmiten al público: en un show de El Perro es imposible no sentirse interpelado, desafiado, seducido u ofendido. Logran con uno lo mismo que les pasaba a esos primeros adolescentes del siglo pasado y hoy pocas bandas lo alcanzan, la obligación física de liberación y electricidad expresiva.

AZ: Volviendo un poco a los shows de ustedes: muchos dicen que es una banda para conocer en vivo. ¿Cómo preparan los shows? ¿Cómo se vive la previa?

D: A nosotros no nos cambia eso. Una vez el gringo Scoponi (arquero de Newell’s) dijo: “hoy sos Gardel y mañana vas a Devoto” (risas). Y tiene razón. Si te creés esa vas muerto. Si nosotros preparáramos un show ahora, seríamos unos boludos tremendos. Vamos a hacer lo que hicimos toda la vida y si le gusta a la gente vamos a estar más satisfechos porque vamos a hacerle olvidar que el mundo es un lugar muy duro, que es lo máximo que puede hacer el rock. Al menos a nuestro nivel, no somos Bono.

El perrodiablo 2

En ese momento entra Tom, de Go-neko, para preguntar el orden de las bandas. Se intercambian chistes, risas y definen que El Perrodiablo sea la banda que cierra la noche del ZAS. “Así terminamos bien arriba”, concluye Tom. “Este pibe es lo más grande que dio el fútbol argentino boludo. Para armar fechas es una tranquilidad, porque llega un momento en el rock que te queman la cabeza también. Son todos gatos…” sentencia Doma.

AZ: ¿Mucho vedettismo hay?

D: Lo que pasa es que te confunde. Yo el otro día decía en Radio Nacional que hay como dos maneras de pertenecer… de pertenecer no, hay dos clases de gente que quiere pegarla: una manera es que te vaya bien comercialmente, y la otra es querer pertenecer a un circuito, como que es una moneda no comercial muy importante en el rock. Pertenecer algo, no se sabe bien a qué.

AZ: Subirse al tren de la última moda…

D: Algo así, o hacer la música que conviene hacer… todo esa mierda, es todo mierda.//∆z

Segunda parte:

El Perrodiablo: “A las bandas como nosotros no se les regala nada”

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