Una oda a los convencidos

Woody Allen estrenó Café Society, su nueva película en la que expone las idiosincrasias de Nueva York y Los Ángeles durante los años treinta a través de una historia de amor neurótica con grietas gruesas.

Por Ayelén Cisneros

Woody Allen lo hizo de nuevo. Volvió a contar la misma historia cual tío borracho en Navidad. Hete aquí la dupla protagonista de Adventureland (2009), Jesse Eisenberg y Kristen Stewart, pero en otra sintonía. Bobby, interpretado por Eisenberg, es un flaco tímido que comienza perdiendo como todo personaje de la factoría de Allen. Él es un joven judío, nene de mamá de los años treinta, que decide buscar su destino en Hollywood pero apelando a la familia, como marca el estereotipo de la cole que ya tanto se vio. Allí se cruza con Vonnie, una Kristen Stewart que, para variar, logra mediante encantos cuestionables que cada hombre que la rodea sucumba a sus pies. Una especie de mujer maldita por la que todos sufren. Nada fuera de lo común en la carrera de Stewart.

Como sabemos por cada guión de Allen, primero va a andar todo bien, luego se van a separar y, finalmente, por obra del absurdo se reencontrarán. En esta historia pasan dos años y los protagonistas se reencuentran pero este paso del tiempo realmente no se nota. El guión es predecible y ya lo sabemos de antemano. ¿Tiene sentido pedirle otra cosa luego de, al menos, diez años de películas desparejas? Podemos notar a lo largo del tiempo que Woody Allen cuestiona el concepto de novedad como valor en una obra de arte.

Su mayor logro es retratar una Nueva York siempre maravillosa. La iluminación también es notable y es obra del director de fotografía Vittorio Storaro. Además, en esta película encontramos los paisajes de Los Ángeles pero la concordancia con la época es cuestionable. La primera escena, en la casa de estricto blanco y pileta, realmente no parece de los años treinta. En la misma línea, ni Kristen Stewart ni Blake Lively (en el personaje de una desabrida mujer digna de un hombre sin gracia como Bobby) tienen el aspecto de mujeres de esa década. Poco logradas las caracterizaciones ya que, pensemos, una mujer que rompe corazones en esta década tiene que ser voluptuosa y llamativa. Stewart sigue pareciendo esa muchacha del parque de diversiones de la película indie sin maquillaje y lánguida, pero esta vez con vestidos brillosos.

Pasemos a los personajes. A Eisenberg le toca el desafío de hacer del joven Woody Allen y para eso tiene muchos films en donde basarse. Bobby sólo funciona cuando lo vemos perdiendo; sin embargo, resulta imposible creerle su transformación en un hombre popular y millonario. Steve Carell encarna al tío empresario y exitoso pero en realidad parece que lo parodia. Todo en él se ve impostado. A diferencia de Carell, Stewart no exagera ningún rasgo de Vonnie. Simplemente no transmite emociones con su cara. Quizás sea un efecto buscado por Allen, una especie de desafío al concepto de actuación. Lively continúa su personaje de Serena Van Der Woodsen de Gossip Girl pero de los años treinta. Quizás la mejor sea Rose, la mamá de Bobby, una perfecta idishe mame negadora y cómplice al mismo tiempo, interpretada por Jeannie Berlin.

Un matiz interesante es la idea de la mafia judía aliada a la italiana. Allen sale (un ratito) de los lugares comunes en donde se puede ubicar a la comunidad judía en Nueva York y la pone en la incomodidad del matón, del que hace plata bajo el delito sin matices. Hay un asesino en la familia, algo que en la atmósfera del judío neurótico intelectual o comerciante nos parece difícil de imaginar.

Si en las primeras películas de Allen la búsqueda era construir un cine en torno al diálogo y a la neurosis pero siempre en clave de humor, en esta última vemos un intento de retomar esta tradición. En algunas de las películas de los últimos años –la época europea de su filmografía- le agregó el condimento de cierta oscuridad, perversidad y suspenso, elementos que en este film ya no existieron. Cabe preguntarse entonces si esta película funciona en clave de comedia romántica. Sin duda funciona en los convencidos. ¿Qué no funciona en los convencidos? Café Society no será la más recordada ni la peor. Solo una más.//∆z

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