Un momento para festejar

Attaque 77 celebró los 25 años de El Cielo Puede Esperar en el Malvinas Argentinas. Repleto de viejos y nuevos fans, aquí está la crónica con todas las sorpresas de una noche inolvidable.

Por Gonzalo Penas
Fotos de Cristhian Gamarra

Llegar al Malvinas Argentinas con el 113 y caminar hasta Gutemberg ya empieza a ser una costumbre de grandes celebraciones. Por nombrar algunas, basta recordar las visitas de Die Toten Hosen o de Bad Religion hace algunos años. El lugar, con el tiempo, fue tomando la posta que dejó Obras, incluso para grandes shows nacionales. Por eso, y desde hace varios meses, todos los fans de Attaque 77 estaban esperando que el calendario llegue al sábado 8 de agosto para lo que sería una fecha imborrable. Se sabía de antemano. Los afiches en las calles y las publicidades en las radios anunciaban grandes sorpresas y un show histórico. Tal vez de ahí venía la ansiedad generalizada en todas las personas que escuchan a Attaque desde su temprana adolescencia. El motivo lo valía: 25 años de El Cielo Puede Esperar, uno de los discos más emblemáticos del rock argentino.

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Cuando pasadas las 21:30 las pocas luces que quedaban encendidas en el microestadio se apagaron, comenzó a sonar la canción que hacía de presentación de Futbol de Primera durante la década del noventa. Entre el público se entonaban los viejos clásicos “pan y vino…” y “soy de Attaque”. Y ya desde ese momento los recuerdos empezaban a pasar como flechas por la mente: como el comienzo del show de los 15 años en Obras allá por 2002, sin ir más lejos en el tiempo. Pero nada de volverse nostálgico –siendo esta característica tan esencial en el porteño mundo en que vivimos- porque si bien se celebraban 25 años del segundo disco de la banda, Attaque 77 lo iba a repasar sin aires de tango, sin brisas de melancolía, sino más bien con la impronta que siempre tuvieron –siendo el número de integrantes que sean- arriba de un escenario: con un concierto demoledor que sería irresistible para todos los fans.

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Como no podía ser de otra manera, “El cielo puede esperar” abrió el show. Aquel brillante inicio del disco homónimo estaba siendo esperado por el público, apelmazado en un Malvinas repleto, como quien espera el pitido inicial de un partido importante. Era imposible a los pocos minutos no estar todo sudado en la húmeda noche de agosto que se vivió. Nadie se quedó quieto. Como un bloque, como en masa, el público se iba moviendo de un lado a otro, saltaba como solo se puede hacer en el mar, como si la corriente te llevara de un lado hacia otro. Es que como dijo Mariano Martinez: “nosotros cuando empezamos a tocar soñábamos con tocar en Obras. Bueno… en realidad este es el nuevo Obras” en referencia al Malvinas Argentinas, donde siempre los recitales se escuchan con un sonido muy bueno y por la cantidad de público que entra más cómo tiene ubicado sus sectores, bien podría hacerse el paralelismo con lo que significó Obras durante las dos décadas pasadas. Bien supo Attaque llenar ese mítico lugar desde 1991 con el lanzamiento del disco que cumplía 25 años. La canción sonó igual a como fue tocada en el álbum (bastante distante a la versión que suelen hacer en vivo, incluso de las grabadas en 89-92 y Trapos, donde la canción aparece en vivo en ambos discos). Eso dejaba en claro que las versiones que se iban a escuchar en toda la noche serían como se grabaron o al menos, como fueron tocadas en aquellos años donde se presentó El Cielo Puede Esperar. Como si el arranque no hubiese sido suficiente, siguieron “Un momento de meditación” y “Sólo por placer”. Para los fans que siguen a la banda desde hace varios años –incluso desde sus inicios- saben que son dos canciones que no suelen ser escuchadas en vivo con mucha frecuencia y fueron festejadas con locura, con los primeros pogos y mosh de la noche que iba tomando aire a clásica, a eterna e inolvidable.

Attaque 25 años

Que iban a tocar todo el disco que estaba de festejo era una obviedad. Pero ¿con qué iba a completar la lista la banda? Uno de los primeros indicios para responder esta pregunta llegó cuando Mariano mencionó que lo que estaba cumpliendo 25 años era el segundo disco de la banda, pero antes habían grabado otro con canciones como las que iban a tocar a continuación: y ahí encadenaron “Hay una bomba en el colegio”, “Edda” y “Gil”. Pero lejos de quedarse allí, en esos primeros hits que tuvo la banda desde su primer disco (Dulce Navidad, 1989), Mariano comentó que querían mostrar también las cosas que pasaban por aquellos años en la sala de ensayo: “nosotros queríamos sonar así” dijo y hubo sorpresas para todos los gustos; empezando por “Belsen was a gas” –canción de Sex Pistols que Attaque grabó en el demo Más de un millón– y que Luciano se encargó de cantar con su voz tan característica, ronca y grave, detrás de sus cuerdas de bajo mientras la banda sonaba tan ajustada que daba placer tomarse un tiempo para mirar y escuchar a cada uno de los integrantes arriba del escenario. Además de otros covers como “¿Por qué te vas?” de José Luis Perales, “Si tu quieres bailar” de los Ramones y “Un día de invierno” de Palito Ortega –todos grabados o tocados en los inicios de la banda-; hicieron “Me siento mal” y “Muy sucio para vos” tal cual sonaban en los demos que circulaban del grupo por aquellos años (es decir, con los arreglos –o mejor dicho, sin los arreglos- que después tuvieron las versiones de los discos). Para cerrar ese momento del show, hicieron “Volver a empezar” (la del disco 89-92, no la de Amateur como hicieron desde el 2002) y contaron que a ese tema le cambiaron la letra y escribieron la versión que se acababa de escuchar, después de ir a tocar –en la gira de El Cielo…– a Clorinda, en Formosa. De ahí, la historia sobre la inundación que cuenta la canción. Después de todas estas sorpresas, era momento para volver al disco que cumplía años con “Tiempo para estar” –otra que se escuchó muy poco durante muchos años y volvía a los vivos con todo, como allá en el 91- y “Más de un millón”.

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Con Juanchi Baleiron (de los Péricos, productor de “El Cielo…”) tocaron “Hacelo por mí” y dos de los temas que aparecieron en Invasión 88:BAD” y “Sola en la cancha”. Mariano recordó que Juanchi le prestaba la guitarra para grabar pero para tocar el que se la prestaba era nada más ni nada menos que Ricky Espinosa y en el público se entonó el grito de guerra que nos dejó Flema: “nunca seré policía de Provincia ni de Capital”. Como si las emociones no fueran suficientes, había llegado el momento de presentar a alguien muy importante en la historia del grupo como lo fue el “Chino” Vera, bajista de la banda hasta 1992. Con él, hicieron “No te pudiste aguantar” y una de las perlitas de la noche: “Jodie” (con Lucas Ninci en teclados); tema del Chino que quedara grabado en algún demo de los comienzos de la banda y luego se registrara en estudio recién en 2001 para Radio Insomnio.

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Pero claro… “la fiesta no estaría completa si no viniera la persona que va a subir al escenario ahora”, dijo Mariano y a todos nos agarró ese lindo y emotivo nudo en la garganta, se nos puso la piel de pollo, se nos vinieron todos los años encima de la manera más dulce posible; y apareció Ciro Pertusi, quien dijo “piensen esto, si yo viniera solo acá, no estaría pasando esto. Si estamos todos acá es por ellos que siguieron adelante con la banda. Así que el aplauso es para ellos” corriéndose del mito aquel que dice que el cantante de una banda es el más importante de un grupo. Lo cierto es que cuando empezó “Vuelve a casa” había gente llorando de la emoción, gente haciendo pogo con sonrisas en la cara. ¿Hay algo más puro, genuino y vital que en un concierto se den esas características? Lo mismo sucedió en “Espadas y Serpientes”. Ambas canciones, cantadas por Ciro, fueron el cierre. Se despidieron pero obvio que habría bises y en ellos sonaron, también con Ciro como cantante, “Combate” y “Armas Blancas” (como en aquel primer Obras de la banda, que quedó registrado en Rabioso).

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Para el final, con el regreso de Juanchi y con casi todos los invitados que tuvo la noche, recordaron un tema de Sandro –que tocaban en el camarín- llamado “Hey Hey” para luego engancharla con “Dame fuego”. Y para cerrar, el himno de todos los cierres, el grito por excelencia del público: “Donde las águilas se atreven”. Nadie quería irse del Malvinas, ni el público ni todas las personas que estaban arriba del escenario, la canción no terminaba y cada vez que estaba cerca del final, volvían a tocar la última parte. Como para que el festejo dure unos minutos más, como para alargar un poco la celebración, como para no decir adiós nunca. Pero con una lluvia de papelitos la fiesta llegó a su fin. Solo faltaban los abrazos arriba del escenario y los aplausos del público que bajaban de todos los costados del Malvinas. Y también, la sensación de saber que siempre hay un motivo para estar junto a Attaque una vez más.//z

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