Un 25 de Babasónicos – Segunda parte

En esta segunda parte de nuestra selección de 25 canciones de Babasónicos nos metemos de lleno en el disco que cambió todo el mapa del rock nacional: Jessico y el derrotero de éxitos que vinieron después. De Lanús a todo el mundo. 

Jessico (2001)

“Los calientes”

Las ráfagas de una guitarra acústica que marca los compases, el repiqueteo de una viola con delay y la secuencia ascendente de teclados y coros sintéticos de tinte épico crean un clima de seducción pop instantáneo que marca la llegada del rock argentino al futuro: Jessico linkea con lo mejor del pasado –su portada remite al Superficies de placer de Virus- pero su sonido revolucionario de beats electrónicos, boleros deformes y spaghetti western no se parece a nada anterior. Apenas 2001 y Babasónicos ya había editado el mejor disco de la década: su mix explosivo de pop rock inteligente y seductor en partes iguales le dio a la banda una nueva fórmula de composición que aquí llegó a una síntesis de perfección notable y, al mismo tiempo, ofició de norte para la andanada de obras fundamentales que siguió: Infame (2003), Anoche (2005) y Mucho (2008). Matías Roveta

“Fizz”

El as de los bastardos Adrian Dárgelos, nuestro rey farsante favorito, cranea junto a sus secuaces estéticos su obra consagratoria: Jessico, el que quizás sea el primer disco meta-discursivo del rock argentino y el que los catapultaría al calor de las masas. Con el estallido social de 2001 y el fin de la década neoliberal, Dárgelos pinta en “Fizz” un universo post ‘90: crítica y parodia de la farsa social, la farándula y su decadencia, al que sin embargo el rock reclama pertenecer: “Fiesta de farsantes de la espuma social, invítame a pasar”. “Yo solo quiero ser (de lo que queda) del jet set”: vedettes, plumas, tragos, dandys y flashes seductores en la consagración de los outsiders suburbanos de Lanús.  Leonardo Ojeda

“El loco”

Paganismo, gnosticismo, tragedia griega, blasfemia, quilombo, “El loco” es todo eso junto a la vez y  también un hit instantáneo. Dárgelos se pone en la piel de un tipo estafado por su propia fe que sufre un derrotero de calamidades orquestada por un dios insensible, amo de la persuasión. Psicodelia pura disfrazada con arreglos orientales donde el bongo, una constante que se repite a lo largo de la discografía de la banda, es el pulmón del mantra. Babasónicos y un dogma: cuestiona tu fe y tu razón.  Joel Vargas

“Camarín”

A tono con todo Jessico, la melodía pop marca el territorio de toda la canción. Pero la letra bien podría ser la noche fashion del cholulismo berreta que rodea a toda gran banda. Tranquilamente podría ser la noche de una gira o todos los días de quien quiere caer bien. La amistad artificial, el valor de fantasía y la fiesta que nunca termina. Y si querés más, te invitan a pasar al camarín. El drama del protagonista que soñó ser músico de rock, con la ironía típica de aquellos años dorados del grupo. Gonzalo Penas

Infame (2003)

 “Risa”

La adolescencia en los principios del nuevo siglo tuvo un hit al amor idílico y efervescente y se llamó “Risa”.  Babasónicos captura el espíritu provocador de “Pronta entrega” de Virus, lo desarma, lo reconstruye y entrega una postal del amor en los tiempos del Argentinazo. Con una referencia a fumar un porro por ahí similar a la que propondría Andrés Calamaro hace 20 años -en ese famoso recital en La Plata que le valió un juicio por apología del delito-, la banda de Lanús le canta al encandilamiento y de este modo la convirtió en una de esas canciones “que sabemos todos”.  Ayelén CisnerosJoel Vargas

 “Estertor”

Una canción de amor también puede ser un refugio en la intemperie. “Estertor” es una respuesta a ¿Qué hablamos cuando hablamos de amor? El bajo de Gabo Manelli da comienzo al huracán y Dárgelos confiesa un abrazo partido por las esquirlas del pasado.  Una catarata de sentimientos hace explotar una bomba y el amor es el único sostén, lo que te hace sentir vivo. Se vislumbra un nuevo comienzo: crudo, visceral e intenso.  Cuando todo parece que va a terminar, hay un loop y todo vuelve a pasar una y otra vez.  Joel Vargas

“Putita”

Sobre la delicadeza del fraseo funky del guitarrista Mariano Roger en el estribillo se eleva el tono sensual y narcotizado de Adrián Dárgelos y una de sus mejores frases: “Ya sé / el camino a la fama no significa nada si no hay una misión”. La letra parece discurrir sobre las dificultades de una modelo en el centro del mundo del espectáculo, pero también permite hacer lecturas más profundas. No era la primera vez que el vocalista se refería a ascensos en la pirámide social: en “Fizz”, de Jessico, ya estaba planteada la idea de escapar del suburbio. Parte de la potencia de Dárgelos como letrista radica en cómo supo convivir con ese mundo nuevo que conoció de la mano de su banda para desmenuzarlo a través de canciones sagaces, imbatibles y llenas de conclusiones inteligentes sobre las clases sociales, el poder, el sexo, las relaciones humanas y el show business. ¿Cuál parecía ser, entonces, la misión de Babasónicos en su camino hacia la cima del rock argentino? Subir todo lo que se pudiera, pero siempre con los pies sobre la tierra.   Matías Roveta

Anoche (2005)

“El colmo”

El meta-rock de Jessico y esa genealogía de la balada popular y narcótica que fue Infame pusieron a Babasónicos en un lugar de exposición nunca imaginado en los tiempos de Cemento. Anoche en 2005 sería la conquista definitiva. Dijo Dárgelos: “Las canciones son virus que fluyen sin restricción en la cultura masiva de los medios, transportan ideas, disfrazadas con palabras, que se van internalizando”. “El colmo” es la síntesis perfecta del masterplan, altamente impune, con un enunciador que pide ser olvidado (“quiero ser el murmullo de alguna ciudad que no sepa quién soy”), transformándose así en ese germen subversivo y anónimo que se expande por las radios y las psiquis urbanas. De lo alternativo al crossover pop: “Yo quiero que mi obra sea como la de Leonardo Favio, tiene que estar al alcance de todos”. Canción llévame lejos. Leonardo Ojeda

Mucho (2008)

“Pijamas”

Uno de los estandartes del malestar que permea Mucho, este hit instantáneo empieza con un verso ya clásico “Te llamé para vernos” y delinea una torpe propuesta de encuentro envuelta en una calesita de rasgueos y acordes planchados. Entonces llega el estribillo e inyecta una dosis de ansiedad con otra línea memorable. A partir de ahí, se rompe el juego: la base instrumental casi no pestañea, pero Dárgelos se pone nervioso, dispara tangentes, vuelve el foco a sí mismo y agrega más y más voces a ese “Por única vez, te pido que entiendas”; tantas, que se le suben a la espalda al verso inicial (retomado al final) y hacen encallar el tema. Este procedimiento casi perverso por sí solo ya valdría la entrada de “Pijamas” a cualquier ranking; el video surrealista con un emotivo homenaje al por entonces recientemente fallecido Gabo agrega la frutilla del postre. Santiago Farrell

 Mucho + (2009)

“Formidable”

Un par de sonidos más de fondo en la introducción y estaríamos ante una resurrección de Miami, pero se trata de una joyita de Mucho +. De las guitarras y el melotrón del espacio exterior brota una balada semiacústica de esas que sólo Babasónicos parece capaz de hacer bien, en la que Dárgelos intercala otro leitmotiv inexpugnable (“Cada vez que me acuerdo me río de vos”) entre las numerosas variaciones de la voz. Se sugiere una especie de posdata del dolor que se asoma por todo Mucho, como si estuviera todo debidamente encauzado, pero el final se pone agridulce (“Voy cayendo que es mejor callar”, “Y de eso acuso a mi memoria/que no te tiene piedad/que goza cuando llorás”). Con las dosis justas de ambigüedad —moneda valiosa en el pop— y versatilidad, “Formidable” muestra a uno de los mejores Dárgelos, con una banda poderosa al servicio del mensaje. Santiago Farrell

A propósito (2011)

“Tormento”

A propósito esconde cierto afán experimentador detrás de su melancolía otoñal, y tal vez “Tormento” sea la veta más sobresaliente. El tema entra como pidiendo permiso, con un punteo simplísimo que navega por un paisaje sonoro minimalista, lleno de espacio. Dárgelos suena apocalíptico y superado, erige molinos de viento de gramática y prosodia cosidas a medida, versos de derrota heroica que atraviesan todo el disco (“Lo que dure mi recuerdo en tus ojos/y cuando parpadees/no estaré más”). La percusión que se suma en la segunda estrofa tira una pauta, pero no impide la sorpresa cuando la cosa muta progresivamente en una coda pseudorockera propulsada con el bajo, reverso depresivo de “Soy rock” que revela la angustia (“Voy a dar que hablar, voy a defraudar”, “Busco que me quieran”). Esta construcción hipnótica y delicada, que hierve en cámara lenta, prueba la maestría de la banda en estos últimos años. Santiago Farrell

Carolo (2012)

“La jotapé

“Montonera, joven, cristiana, guerrillera/ estás en la listas del estado terror/ en el exilio está tu solución” canta Dárgelos en este disco que está formado por lados b de Jessico y que se editó 11 años después de la creación de sus canciones. ¿Babasónicos le dedica un tema a Norma Arrostito, militante líder de Montoneros, la agrupación guerrillera peronista que tendría como uno de sus mayores hitos el secuestro y asesinato del General Pedro Aramburu? No lo sabemos pero hacía principios de los 2000, los desaparecidos aun tenían un aura despolitizada en la opinión pública. A la hora de hablar de ellos se los solía escindir de su historia de vida y su inscripción política. Como adelantados a su tiempo, crean una canción sobre una montonera, cristiana y guerrillera. Casualmente, estos epítetos se le otorgarían un par de años después a una mujer llamada Cristina Fernández de Kirchner. Ayelén Cisneros

Romantisísmico (2013)

“Los burócratas del amor”

Después de cierto amague experimental –entre oscuro y bailable- que había significado A propósito (2011), Babasónicos volvió a la senda de su habitual perfeccionismo pop de la mano de Romantisísmico. “Los burócratas del amor”, con su pulso electrónico de tracción a sangre, tal vez sea el track más logrado del disco. Sobre un ritmo machacante de guitarra, bajo, hi-hat y teclados, la viola de Mariano Roger suena como pasada por un Leslie y dibuja una melodía envolvente que anuncia la llegada del clímax: allí es donde, una vez más, Adrián Dárgelos da muestras de su genio como artesano del estribillo y ofrece una letra que invita a hacer reflexiones profundas. Al amor no hay que pagarlo, dice, pero a veces la convivencia de pareja y la rutina pueden enfriar la relación al punto de que todo sea negociable. Matías Roveta

 

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