Tiempos violentos

Musicalmente audaces y con un lenguaje propio, en PIDANOMA (su segundo larga duración) Los Random concentraron una fuerza punzante que perfora a algunos y protege a otros.

Por Gabriel Feldman

Frente a situaciones límites hay quienes buscan el resguardo en Dios, delegando en un único sustantivo energías muy poderosas que escapan lo que creíamos conocer, tanto en su origen como en su accionar.

Esto fue una intervención divina, le dice Jules a su compañero,  ¿sabes qué es eso?
Creo que sí, responde Vincent, ¿quieres decir que Dios bajó del cielo y paró las balas?
Exacto. Dios bajó del cielo y paró esas jodidas balas.
Es hora de que nos vayamos.

Ni Vincent ni Jules lo sabían. Se supone que nadie lo sabe excepto Marcellus Wallace. Y hasta dudo que él conozca realmente la naturaleza de lo que guarda su maletín.  Es un misterio que no se había resuelto, pero te voy a decir algo y espero que me creas. Porque te voy a decir la verdad, y no es simplemente lo que vos crees que es, sino sería muy fácil. Es lo que es, ¿me seguís?  En serio te digo, con estas cosas no se jode, porque no se embroma con las fuerzas omnipresentes que dominan esa red invisible que llamamos pasado, presente o futuro y algunos hombres la trazan en línea recta y lo enfrentan como su destino. Lo que está encerrado,que descansa como una fuerza todopoderosa, es PIDANOMA.


PIDANOMA, así en mayúsculas estridentes, es el nombre el segundo larga duración de Random, un trío tucumano bastante peculiar integrado por Raúl García Pose (guitarra y voz), Pablo Lamela Bianchi (bajo) y Marcos Luis Crosa (batería), que desde la música pesada se proyecta hacia una dimensión en donde los sonidos fluyen como una energía punzante que perfora a algunos y protege a otros. Un acercamiento contras las ortodoxias y límites de género convencionales donde la violencia y la densidad se amalgaman con el blues, la música industrial, la psicodelia, la inclinación por los zumbidos y el ruido, y hasta deja lugar para el break beat y el funk.  El resultado es una toda una experiencia corporal, coronada con la participación en “Mee Chango” de Adrián Terrazas Gonzales, saxofonista de The Mars Volta, que le suma una escala en Oriente Medio – los rugidos del mismísimo “Goliath”– y termina de desgarrar las costuras de nuestro universo. Los deformes heredarán la tierra.

Placenteros y abrumadores, liberadores y asfixiantes, a los Random les sale ir de un extremo al otro porque son así: extremos.  En total son cinco pasajes-paisajes, resulta extraño caratularlas de “canciones” por la estructura que eso supondría, grabadas en vivo en la casa donde funciona su sello, Las Tías Records. Incluso por cómo se suceden y la homogeneidad que presentan, pareciera que es una única pista de 62 minutos, trackeada para que prestemos un poco más de atención a las distintas partes, en su mayoría extensas piezas de más de quince minutos. Un único relato que decidieron dividir en capítulos, por así decirlo.


Dos matones entran en un departamento para apretar a los deudores de su jefe. Adentro los esperan tres o cuatro personas, no están del todo seguros; uno de ellos es un hombre suyo, un amigo. ¿Esta es la puerta? Sí, así es, ¿Qué hora es? Son las 7.22 de la mañana, llegaron antes. Todavía no es hora, le dice Jules a Vincent, vamos a hacer tiempo. Se quedan en el pasillo charlando un rato. Vincent, el blanco; Jules, el negro. Ahora sí, hay que meterse en personaje. Tocan la puerta, les abren. Son tres. Roger, Brett y Marvin, su hombre. Los agarraron desayunando hamburguesas. Hola, ¿cómo les va?, dice Jules, ¿nos conocen?, seguí descansando, nosotros trabajamos con su socio Marsellus Wallace, ¿se acuerdan de su socio Marcellus Wallace? Dejame adivinar, vos sos Brett. Jules maneja la situación, mientras Vincent se acomoda en la cocina. El negro sabe lo que hace, tiene el control de todo y los tiene cagando. Disfruta esa situación de poder. El maletín que vinieron a buscar está en la alacena, les dice Roger, en la de abajo, la de tus rodillas. Vincent lo agarra, pone la contraseña – 666 – y lo abre. “Mee Chango” avanza galopante y fantasmal. Una luz dorada le ilumina la cara. ¿Ya estamos contentos?, le pregunta Jules a su compañero, sí, ya estamos contentos.


A diferencia del mail en donde la hora que me marca es confusa e incorrecta, la mensajería de Facebook me delata sin tapujos. Volví a casa casi a la una de la madrugada y con el disco en loop surcando mis oídos, decidí comunicarme directamente con ellos con la intención de poder entablar un diálogo y así desentrañar algunos pormenores de PIDANOMA que me gustaría conocer. Para mí sorpresa me contesta Marcos a los pocos minutos. A pesar de que recientemente se convirtió en padre por segunda vez, conserva energías, “acabo de terminar de dormir a toda la tribu”, me dice, y se dispone a cumplir las tareas administrativas-corporativas que lo ocupan por llevar adelante un netlabel: revisar mails, contestar preguntas, editar videos y arengar la fanpage, entre otras. Del otro lado de la pantalla en Tucumán, mientas todos duermen, descorcha un vino y comenzamos a intercambiar mensajes y vistos.

“Lo grabamos inspirados en Las Tías, mis tías abuelas que vivían antes en esta casa que heredé, y ahí quedaron fotos, cosas, historias. La casa en sí transmitía mucho. Y la verdad que gracias a ellas se pudo lograr y hacer realidad PIDANOMA”, me cuenta.  “Antes se iba a llamar «as tias», pero se iba a confundir con el sello Las Tías Records”. Esa inspiración también se materializó en el arte del disco. El primer contacto visual que tenemos, esas tres monjas en la oscuridad, es una foto que guardaban ellas, recuerdo del sur de Italia de 1918.

Primero Roger, después Brett, Acribillan con mucho estilo a los dos giles que quisieron llevarse algo que no debían. Un día normal en el maravilloso mundo de Jules y Vincent. Pero hay un error en sus cálculos. Todo este tiempo hubo un cuarto hombre con un cañón en la mano escondido en el baño. Eran cuatro en total. Es un testigo auditivo de toda la situación. No quiero morir, dice Brett. ¿Leés la Biblia? Me sé de memoria un pasaje que va bastante bien para esta ocasión, Ezequiel 25:17. Jules lleva años diciendo esa mierda, y si la oís, significa que vas a morir. Desde el baño él todavía no lo sabe y esas palabras le resultan algo curiosas. El arma le tiembla en entre las manos, toma aire y presta atención. Del otro lado de la puerta la acción ya tiene un final escrito, pero el escucha furtivo, ya jugado del todo, toma valor al oír el desenlace pirotécnico que tienen sus ya difuntos amigos y sale a los tiros al encuentro de los dos matones. En una situación normal los hubiera asesinado. No habría forma de que eso no ocurriera. 999.999 en un millón de veces estaríamos en lo correcto. Esta vez no. Y aunque no lo crean y tengan que mirar a su alrededor y palparse, Jules y Vincent están ilesos. Apuntan a su nuevo objetivo y terminan el trabajo. No, no fue suerte, bien lo sabe Jules.Tampoco Dios. Pida nomás.

Por más de que son composiciones que venían preparando hace dos años, poco tiempo después de la salida de Todo.s los colores del (2011), no lograban concretar su grabación. Todo a su tiempo y espacio, se suele decir. El lugar era, no había dudas, su estudio, la casa con esa presencia omnipresente; el momento, ahora (y su salida se correspondió con el nacimiento del hijo de Marcos). La presencia mística de las tías también tiñó las letras y la función de las voces, más cercano a ser un instrumento de cuerdas más, matizando los climas específicos, convirtiendo a Raúl en un predicador, por momentos cercano a los experimentos vocales que arriesgaba Mike Patton en Fantômas.

“La idea de que haya poca voz también da alusión a un rezo. Imaginamos estampitas para cada tema, con una oración respectiva a cada uno. Es un formato católico y religioso justamente porque las cosas que invadían la casa eran de esa índole”. Lo que dio por resultado un clima sepulcral, musicalmente audaz y con un lenguaje que cruza la oración devota y un dialecto propio, lunfardo con el que se entretienen como banda, que ya se podía leer en un texto introductorio que colgaron junto al disco en bandcamp.“La hacemo la sanidá, que nace del fondo de nuestro corazón, porque nosotro lo que queremos es que la gente esté bien, que tenga su resultado, que tenga lo que tenga que hacer. Y para nosotro es la felicidá ma grande en que la gente tenga los resultado, es lo más grande que hay”.

Esta idea se completa con el extracto de frases de un sanador mendocino sampleadas en “Ojotas y medias” («Y bueno, ¿cómo hacemos nosotros? Esto lo trabajamos mentalmente»), algunas oraciones artesanales como «en el bastión de la pastoral, vive incandescente, libera los pies», «aún en un bramido hay de cantor», o el último grito que dice «tome las gotas, se me hinchó la lengua, no siento la mitad de la cara», que junto a otros fragmentos, eran escritos que encontraron sueltos por la casa y terminaron incluyéndolos entre el ruido.

Lo que importaba era transmitir esa energía, que se sienta la fuerza que esas “canciones” maduraron en este tiempo y a la vez la solidez y frescura del trío tocando en vivo. “Todo fue: satura la bata, deja ese zumbido raro, hace de cuenta que son un enjambre de abejas. Dale, grabalo. Y así quedó… todo espontáneo”.

Gaby Feldman
2.15
Marcos, te agradezco la atención a estas horas de la madrugada. Una cosa más, ¿viste Pulp Fiction?//z

Arecia_Octubre

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