Tics de la revolución, implacable rocanrol

El Otro Yo presentó el flamante 5ta Dimensión el viernes en el Teatro Vorterix. Urgencia punk, resistencia independiente, pop reflexivo y espíritu adolescente convivieron en la noche para redondear un excelente show.

Por Matías Roveta

Fotos de Guido Adler

“Este es nuestro disco número dieciséis desde el ’88, una locura”, dijo un Cristian Aldana seguro de sí mismo y orgulloso de seguir resistiendo en su propia lucha que implica sostener -desde hace más de dos décadas- la prolífica carrera de una de las naves insignia de la producción independiente en el rock argentino: El Otro Yo. Parado frente a su público en el escenario del Teatro Vorterix, donde la banda presentó su último disco de estudio, 5ta Dimensión. Aldana cerró la idea y dio un indicio claro de cómo se completa su cosmovisión sobre la resistencia desde la independencia, eso que él mismo llama “la revolución”: “Hey, todos ustedes, que quieren cambiar el mundo, ¡no se detengan!, los voy a ayudar hasta el final”. El estribillo de “Inmaduro”, un clásico de Colmena (2002), resume perfectamente el segundo paso de esa lucha: apoyar a otras bandas que eligen el difícil camino de la independencia artística, eso que Cristian Aldana hace desde el 2000 al frente de la UMI.

Pero entre consignas éticas y tics de la revolución, en el universo del El Otro Yo hay, además, muy buena música. La dupla creativa de los hermanos Aldana hoy se ve reforzada por dos ex Brujos, y eso no es un dato menor. A los sensuales coros de María Fernanda (“La canción”, ese himno alternativo de guerra que parece ser la versión argentina de “Left of the Dial” de los Replacements) y a la sutileza de su bajo (“No me importa morir”) se le acopla perfectamente el descontrol de Cristian en rabiosas arremetidas de puro punk rock, como sucedió con “Los niños” o “Viajero”. Y a ese combo explosivo, una suerte de Yin Yang del rock nacional, se suma el vasto repertorio de riffs y arpegios de Gabriel Guerrisi –un viejo escudero del rock alternativo de  los ’90- y el pulso firme de la batería de Ricky Rua.

Esa combustión que logran arriba del escenario les permitió transitar con soltura por varios de los géneros que conforman el ADN de El Otro Yo, hecho que se potenció aún más gracias a la excelente acústica del Teatro Vorterix, un verdadero lujo en el circuito rockero porteño: el hardcore punk en “El zumbido”, el grunge circa Bleach (1989) en “69” (en la previa tocó Buenos Aires Karma, otro buen referente), el post punk oscuro en “Dinero 666” y el pop rock maduro que configuraron genialmente en uno de sus mejores discos, Abrecaminos (1999): “Ella se fue”, de esa placa, y “Morir con vos”, una canción de 5ta Dimensión con destino de futuro clásico. “Ahora vamos a tocar una canción que se llama El Otro Yo”, anunció Cristian cerca del cierre con “EOY”, no sin antes bromear sobre el supuesto fin del mundo en este 2012, mientras su hermana y Gabriel Guerrisi afinaban sus instrumentos. Más allá de la profecía Maya, algo es seguro en torno al hipotético fin de la humanidad: va a tener que ser algo muy fuerte, si es que quieren impedir que los hermanos Aldana sigan sacando discos.

Arecia_Octubre

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