Ciertos fracasos nunca pasan de moda

The Disaster Artist narra la historia de cómo se gestó una de las peores películas del cine. James Franco y sus secuaces reivindican el fracaso.

 Por Ignacio Barragan

La última película de James Franco tiene algo de quijotesco. The Disaster Artist cuenta la historia del rodaje de una de las peores películas de la historia del cine: The Room, de Tommy Wiseau. Este filme estrenado en el 2003 con la dirección, producción y actuación del propio Wiseau, al contrario de lo que debía ocurrir, se volvió una película de culto. La obra es tan mala que hordas de fanáticos se juntan todos los años en cinematecas independientes para ver lo estrafalario e incongruente de este filme. El fenómeno de The Room es solo comparable con el de The Rocky Horror Picture Show hasta tal punto que quien es ajeno a este esnobismo por el mal gusto no entiende muy bien de que va esta pasión. De todas maneras Franco retoma este movimiento y lo hace accesible a otro tipo de espectadores.

The Disaster Artist es una adaptación cinematográfica del libro homónimo de Greg Sestero donde cuenta su periplo por el rodaje de la película. El autor de esta investigación es un personaje clave ya que actúa en la obra pero principalmente es el mejor amigo de Wiseau desde que se conocieron en unas clases de actuación. Es esta relación entre un hombre fracasado y otro a punto de serlo lo que utiliza James Franco como hilo conductor de la película. Si bien el enfoque esta puesto en los avatares de uno de los rodajes mas disfuncionales de todos los tiempos, es la amistad entre Sestero y Wiseau lo que pareciese darle cierta humanidad a la trama del filme.

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Hasta el día de la fecha no sabemos con exactitud quién es el director de The Room y probablemente esto sea una de los puntos más atractivos de la película. Se supone que proviene de Europa del Este pero se desconoce su edad o de dónde saca el dinero para hacer esta producción. Su aspecto es el de un ya demacrado Ozzy Osbourne aunque en verdad quisiera ser un James Dean y ahí vemos reflejado su quijotismo. Sus expectativas son superadas por la realidad, sus molinos de viento son ese cine de Hollywood ya consolidado que continuamente lo rechaza pero con el que lucha para obtener un lugar.

Hay dos reflexiones inmediatas que se hacen de la película de Franco. La primera consiste en el innegable paralelismo que se puede hacer con Ed Wood (1994) de Tim Burton, de cómo ambas tramas relatan la historia de un fracaso que no solo se niega sino que con el tiempo se reivindica. Y la segunda es mas bien rioplatense ¿Cómo habrá sido el rodaje de Un buen día, la peor película de la historia del cine nacional? Probablemente mas sobria y rustica que la de Wiseau pero no lo sabemos. En definitiva seria interesante especular con un género de cine inspirado en sus fracasos.

En el fondo, la trama de The Room es una de las historias mas tristes que el cine haya visto y es algo que James Franco no logra visualizar. Debajo del mar de risas y equívocos que relata el filme existe la historia de un hombre que fracasa en todos los aspectos de su vida. Alguien que fue dejado por su esposa, traicionado por sus amigos y finalmente decide suicidarse. Eso es The Room mal contado. La película de Franco es mas bien un conjunto de momentos graciosos que rozan la banalidad pero que nada tienen que ver con la obra de Tommy Wiseau ni lo que significa para él. Aunque la película no sea mala sino mas bien lo contrario, es una verdadera pena que no se profundice en la figura central de este fracasado que alcanzo la fama.

Otra cosa interesante a destacar, pero esta vez por fuera de la película, fueron los títulos de las notas periodísticas aparecidos en nuestra prensa. La Nación la califico como “Una película pasional sobre la pasión”, frase espantosa que no merece ser comentada. Mientras que Clarín le puso “The Disaster Artist: Con cariño todo entra mejor” analogía que es mas adecuada a nuestra realidad política que a una lectura del filme.

Más allá de todo esto, James Franco lo logra nuevamente, nos hace reír y eso es lo único que importa. Aunque el quijotismo de Wiseau este ligeramente insinuado y Franco se burle continuamente de su figura, en ese desprecio existe también un homenaje, una especie de amor no correspondido. Quizá como el que siente el director de The Room por el cine.//∆z

Arecia_Octubre

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