Servidores de la emoción

Los ya no tan chicos de Jimmy Eat World siguen dirigiéndose a la parte emocional de sus seguidores con su nuevo disco Damage.

Por Damián Jarpa

Hasta antes del 2001 eran un secreto para pocos, pero gracias el inesperado éxito de su canción “The Middle fue el  pasaporte al mercado grande de la música y los llevó a lugares inesperados. Desde ese entonces los  muchachos se convirtieron en una opción más conservadora del adolescente promedio.

Damage no ofrece algo realmente innovador, sino que sigue en la misma vena que la banda supo construir desde mediados de los noventa: una combinación del más pegajoso emo/power pop mezclado con un poco del sonido post-hardcore, alla Sunny Day Real Estate, quienes plantaron la semilla del sonido y definieron el sub-género.

Un dato no menor es que para esta producción contaron con la producción del multi-instrumentista, Alain Johannes, quien se destacó por ser durante varios años, guitarrista de los otrora stoner Queens of The Stone Age.

Los tópicos de las canciones van desde las responsabilidades adultas, hasta los problemas conyugales y de identidad. Letras que apuntan a la conciencia del hombre, con un profundo mensaje de compromiso que sostienen la calidad compositiva, aunque por momentos se tornan demasiado empalagosas, con mensajes súper positivos y sin lugar  para las metáforas. Las voces están demasiado prolijas, focalizadas en los falsettos armoniosos de su cantante, Jim Adkins.

La incipiente guitarra acústica de la balada “Books of love” y el primer corte “I will steal you back” definen en sí, el sonido del disco. En esas canciones se puede detectar la fórmula que se va a seguir a rajatabla en los súbitos 38 minutos de Damage. “Appreciation” y su riff libre de distorsión, melodioso, entrecortado, adornado con un ganchero estribillo que suena a himno de estadio demuestra que musicalmente están intactos. El bajo suena preciso en todo el disco, rápido y fríamente calculado. Las baterías, estruendosas, se destacan por sus golpes secos.

Hay que valorar el hecho de que la banda siga lanzando nuevo material, pero el defecto llega cuando al querer seguir la fórmula del “éxito”, la escucha puede convertirse en tediosa hacia la mitad del disco, lo que puede crear un sentimiento de fatiga para el oyente más neutral y alejarlo de esa entrega musical y emocional que dio tanto rédito a Jimmy Eat World. Algo que sin dudas habrá que mejorar en los próximos discos.//z

Arecia_Octubre

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