Sala x Accorsi

Gustavo Sala, el genio que pasó del under marplatense a las páginas de Comiqueando y de ahí a la conquista del Universo, es hoy uno de los autores más publicados y más leídos en Argentina. Si todavía no lo conocés, agachate y conocelo.

Por Andrés Accorsi

Lo primero que llama la atención en la obra de Gustavo Sala, lo que a todos nos detona el cerebro su humor, su universo bizarro y retorcido donde los tipos se llaman Ricardo, Mauricio o Aníbal, donde puede pasar cualquier cosa y cualquiera puede transformarse en cualquier cosa y terminar penetrado por cualquier otra cosa. Eso es genial y sobre todo es original. Queda claro cuando otros autores más jóvenes tratan de imitar a Gustavo: uno al toque reconoce los “salismos”, porque ya son marcas de fábrica.

Pero el dibujo (el lado menos explorado del fenómeno) es todavía más difícil de imitar. Sala viene de la tradición española de Ibáñez y Vázquez, mezclada en un cóctel obsceno con los autores yankis más guarros, básicamente Crumb y Bagge. A todo eso hay que sumarle la compulsión de Sala por no dejar espacios vacíos, por dibujar hasta el último rincón de la viñeta en un despliegue de agorafobia al que acompaña a la perfección el trazo jugado y potente del marplatense. Cualquiera que lo trate de copiar se cansa a la mitad de la segunda viñeta.

Surgido en el underground de los ´90, con el correr de los años Gustavo se afianzó en un estilo, dejó de hacer algunas cosas, perfeccionó otras, y a algunas vuelve cada vez que no se le ocurre nada mejor. Hoy las guarradas causan el triple de gracia que cuando Sala era “nuevo”, porque se nota que están puestas ahí por un super-profesional, no por un novato que sólo sabe hacer eso y al que si lo sacás de los chistes de pija y concha queda a la deriva. Gustavo vuelve todo el tiempo a la pija, la concha, los fetos abortados, las acabadas en la cara y la gente que caga sandwiches de milanesa o abogados, pero no porque no pueda ir más allá, sino porque adoptó esas temáticas como propias y porque siempre le encuentra la vuelta para que el chiste sea brillante. Incluso cuando probó suerte por afuera de las atrocidades sexuales o escatológicas también le fue muy, pero muy bien.

Otro terreno en el que Sala se florea con inhumana comodidad es el de las historias de dos o tres páginas. A Gustavo tres páginas le recontra-sobran para pelar una idea, desarrollarla mínimamente y encima rematarla con algo gracioso. Mete todas esas viñetas, las llena de detalles, de fondos, de personajes, pero sobre todo de chistes, y en tres páginas cuenta un montón de cosas y te hace reir un montón de veces.

Pero más que sus historietas “largas”, a Gustavo Sala se lo admira por sus tiras, principalmente por Bife Angosto, la tira que hace como cuatro años (o más) todos los jueves, en el Suplemento No de Página/12, y que también aparece en España. En las tiras de Sala tenemos por lo menos un chiste genial por entrega (a veces dos) y para eso es imprescindible variar el repertorio, no repetir siempre la fórmula. Y Sala lo tiene muy claro. Juega con el absurdo, el grotesco, el sexo, la escatología, ciertas bajadas de línea socio-políticas muy finitas (aunque Gustavo dice que de política no sabe nada), un poco de todo. La estructura del chiste también cambia: a veces es un in crescendo hacia el remate en el último cuadrito, una subida lineal. A veces, justo antes de alcanzar la cima, el in crescendo se desactiva de golpe y viene una caída estrepitosa, o un golpe de timón totalmente imprevisto, que remata para otra dirección 100% distinta a la que te imaginabas. Otras, la gracia está en TODOS los cuadritos, no sólo en el último. A veces la gracia es cómo, a pesar de todo lo que pasa en cada una de las viñetas, el protagonista no se inmuta y sigue firme en la suya. Casi siempre lo más cómico es el remate después del remate, un segundo (o tercer) globito en la última viñeta que, con el final del chiste ya manifiesto, dispara una última atrocidad que puede salir para cualquier lado.

Golpe a golpe y tira a tira, Sala construye un código, una complicidad con el lector. A medida que pasás las páginas, te vas sumergiendo cada vez más en el retorcido Universo Sala, y cuanto más creés que conocés sus “reglas” más te impacta cada remate bizarro que no te veías venir. La acumulación, la posibilidad de leer muchas tiras en una sentada, contribuye muchísimo al efecto cómico que -sin querer- Sala edifica semana a semana. El resultado final (los libros) es devastador, deslumbrante y adictivo.

En fin, si te gustan los chistes asquerosos, con pedofilia, necrofilia, zoofilia, incestos y Fabián Gianola, ya sabés que en Argentina hay un historietista de la San Puta, capaz de darte una sobredosis de todo eso y lograr que te rías a carcajadas aunque te estés agarrando un huevo con la puerta. El gran momento por el que pasa hoy Sala da testimonio de cómo con pretensiones mínimas y talentos enormes, también se llega al éxito de ventas, al status de genio entre los fans y al cuasi-unánime aplauso de los colegas. Un ejemplo a seguir, en miles de aspectos.

Andrés Accorsi es periodista especializado en historieta, animación y humor gráfico, con más de 20 años de trayectoria en medios de Argentina y del exterior. Es el fundador y director de Comiqueando, co-dirige la revista Komikku, dirige la Comiqueando Online y postea en su blog diario, 365 Comics por Año, que dio origen a dos libros.

 

 

Arecia_Diciembre

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