Rodrigo Abd: “Como fotógrafo uno tiene que ponerse en la piel del otro y en la piel de todos”

El fotógrafo argentino de Associated Press ganador en 2013 del premio Pulitzer explica el ansia de libertad total de su oficio, algunas anécdotas extremas en Guatemala o Afganistán y las enseñanzas que deja la experiencia de la guerra.

Por Lucas Villamil

Rodrigo Abd quería empezar el 2016 en Buenos Aires junto a toda su familia, pero en lugar de eso le tocó celebrar las fiestas en la mitad de la selva colombiana junto a un grupo de guerrilleros. Pocos días después, las fotos de los miembros de las FARC abriéndose paso en la montaña y bañándose en un río con las ametralladoras colgando de una rama salieron en muchos diarios de todo el mundo, ilustrando las notas sobre el proceso de paz en Colombia. El trabajo de Abd estaba hecho y, ahora sí, podía volver a juntarse con su mujer y su hija. Saltar con naturalidad de una realidad a otra, ganarse la confianza de la gente y contar las historias que lo conmueven es lo que hace día a día este fotógrafo argentino de la agencia internacional Associated Press (AP), que hace dos años ganó un premio Pulitzer por su cobertura de la guerra en Siria.

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AZ: ¿Cómo se hace para llegar a esos lugares en medio de la tensión del conflicto y lograr que la cámara parezca invisible?

RA: Es una combinación de factores. Uno es la cantidad de tiempo que uno tiene para dedicarle a este tipo de historias, algo que me parece clave. Difícilmente uno pueda hacer una buena foto el primer día que se encuentra con una historia. Los primeros días son para establecer un vínculo de entendimiento mutuo con la gente, explicar uno qué es lo que quiere hacer y escuchar la opinión de los otros al respecto. Muchos de mis colegas no disponen de esos días porque tienen que ir a cubrir otras cosas. En segundo lugar, creo que es importante que te interesen esos temas. Yo me hago esa pregunta antes de empezar a dedicarle mucho tiempo a una historia. Si me interesa, no estoy pensando en horarios, noches o madrugadas, sino que dedico todo a esas historias, y cuando uno le pone tanto empeño generalmente salen mejores fotos. La invisibilidad de la cámara tiene que ver con estar y que los protagonistas no estén tan pendientes de lo que vos hacés, que te vean como uno más.

AZ: ¿Hace falta una habilidad social especial para moverse en esas situaciones?

RA: Honestamente, no siento que sea algo tan complicado. Sí creo que uno tiene que estar dispuesto a no tener sábados, no tener domingos, a la incertidumbre. Son lugares donde vos también te exponés mucho, es más cómodo estar en la oficina. No siento que la habilidad para hacer fotos sea un talento especial sino que es parte de un oficio que uno va incorporando pero que no tiene mayor misterio.

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AZ: Pero te habrá tocado encontrarte con dificultades importantes para hacer tu trabajo.

RA: A veces la dificultad no es tanto llegar a un lugar sino encontrar la historia. Por ejemplo, en el medio de la ciudad de Guatemala está lo que llaman La Mina, que es un lugar increíble, como la cola de un basurero que cuando viene la época de lluvia es un torrente que filtra toda la basura y termina en un lugar en el que se acumulan todos los metales. Es tierra de nadie, está autorregulado, y el primer día que fui un tipo me apuró, estaba todo mal en un lugar en el que a uno lo pueden enterrar y no se entera nadie. Fue un momento complicado, pero son pequeñas barreras que uno tiene que ir rompiendo porque no son definitivas. Volví muchas veces al lugar después de ese encuentro y al final se me abrieron las puertas para trabajar ahí, y la relación con este hombre terminó siendo genial. A fin de año llevé tamales y coca a la mina y terminamos todos comiendo juntos, terminé trabajando con mucha tranquilidad, más allá de que podía venir un alud de basura en cualquier momento y enterrarnos a todos. Si la historia te gusta te las terminás ingeniando para volver. Esto no quiere decir que todas las historias terminen bien, muchas historias nunca terminan.

AZ: Cuando podés quedar enterrado bajo un basural o estás en medio de un bombardeo, ¿sigue habiendo lugar para disfrutar lo que hacés?

RA: Si, eso es lo que más disfruto. Una vez que estoy en el trabajo, porque es lo que me mantiene vivo, con las bases con las que yo decidí hacer esto: estar en la calle, estar con la gente, relacionarte, aprender, ver las cosas de primera mano en lugar de verlas en un noticiero. Lo que a mí siempre me pesó y me sigue pesando es la burocracia que hay en todo laburo, no tener la libertad absoluta para decidir dónde quiero estar en cada momento. Dependo de una estructura con prioridades y gente, y todo ese entramado burocrático no me gusta. Todo lo demás lo veo como parte del trabajo, uno tiene que estar preparado para que le pasen estas cosas. No llegué al punto de que un traspié me haga querer dejar la calle por un trabajo más de oficina. En algún momento puede pasar, es un trabajo donde uno expone mucho el cuerpo, y cada vez cuesta más.

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Abd se crió en Adrogué y empezó a trabajar como reportero gráfico en el diario La Razón en 1999. Cuando estalló la crisis de 2001 decidió desarrollar sus propios proyectos contando historias vinculadas a los conflictos sociales del momento, y unos años después surgió la posibilidad de empezar a trabajar para AP, pero se tenía que mudar a Guatemala. Y allá fue. Vivió doce años en ese país de Centroamérica, metiéndose con las maras y con los funebreros. Después llegó el turno de viajar a Afganistán, Libia, Haití, Siria… Sus fotos, disponibles en su web personal, son retratos crudos de la violencia y el dolor que se reciclan sin parar en diferentes partes del mundo.

AZ: Después de ver la devastación de la guerra y volver a la tranquilidad del hogar, ¿no es inevitable ponerse cínico?

RA: Al contrario, después de ser parte de tanto drama, al volver al hogar uno pone todo en perspectiva. Nos enquilombamos la vida con cada estupidez… Y uno mira al costado a las cosas que le tocó cubrir y ve a gente que sigue luchando, viviendo y peleándola a pesar de todo lo que le pasa, sin tener nada.

AZ: ¿Y no hay lugar para la culpa?

RA: También existe la culpa, preguntarse hasta dónde sirve lo que hacemos, si vale la pena, si tiene sentido el periodismo en general… Son replanteos muy profundos. Yo creo que igual vale la pena, por más que no cambiemos el mundo ni el transcurso de los eventos, porque aportamos a que haya un mejor conocimiento de los dramas que atraviesan a la gente en distintos lugares del mundo.

AZ: ¿Qué pasa cuando empezás a tomar partido por alguna posición en medio de un conflicto que estás cubriendo?

RA: Siempre uno cuando trabaja está volcando todo lo que siente y lo que conoce en esas imágenes. Pero para mí tomar parte militante no tiene mucho sentido, siento que el periodismo tiene que ser completamente crítico ante cualquier situación, uno como fotógrafo tiene que ponerse en la piel del otro, y en la piel de todos. Uno tiene que tener la capacidad de mirar la historia, de entender a las dos partes y hacer un análisis crítico de la situación en general. Creo que cuanto más crítico es uno, mejores fotos puede hacer, porque uno no está haciendo campaña para nadie. Y a su vez, cuanto uno más tiempo está investigando algunos temas, menos sabe, porque hay países que son súper complejos. El fotógrafo que era solo un apretador de botones ya no existe más, hoy tiene que estar cada vez más preparado, estar muy informado, leer todo tipo de publicaciones.

A man teaches Bilal, 11, how to use a toy rocket propelled grenade in Idlib, northern Syria, March 4, 2012. Photo by Rodrigo Abd

En 2013, Rodrigo Abd ganó el premio Pulitzer por su cobertura de la guerra de Siria junto a sus compañeros de la agencia AP. Para ese entonces él ya estaba instalado en Lima, su base actual, y viajó solo a Nueva York a recibir el premio porque su mujer estaba por dar a luz a la hija de ambos.

AZ: ¿Cambia algo cuando ganas un premio tan importante?

RA: Al principio está bueno, es un reconocimiento y uno dice “vamos bien”. Pero después, cuando volví a trabajar me pesaba un poco. Pensaba que todo el mundo iba a esperar que yo hiciera unas fotos buenísimas, y las fotos eran una cagada como todo lo que venía haciendo. Me parece que esa es la lección interesante, un premio no te coloca en un mejor lugar fotográficamente, no vas a hacer mejores fotos por tener un premio. Es un reconocimiento y nada más. En realidad uno siempre empieza de cero, siempre están los mismos interrogantes y frustraciones al ir a cubrir una historia.

AZ: Si tuvieras libertad total para elegir, ¿qué historia te gustaría cubrir ahora?

RA: Me parece que lo de Colombia es muy interesante. Me gustaría poder ir a Colombia todas las veces que quiera y cubrir todo el proceso de paz. Pero allá siempre hay gente de la agencia y yo estoy sujeto a cualquier cosa que pueda tener que cubrir. También me hubiese gustado ir a cubrir el conflicto en Ucrania, o el ébola, pero mi hijita estaba creciendo y yo todavía no estaba en plan de ir a ese lugar. Pero me encantaría ir a África.

AZ: ¿Qué proyectos personales y profesionales tenés para el futuro?

RA: Yo siempre tengo proyectos paralelos. En Afganistán aprendí a hacer fotos con una cámara de madera, y también en algún momento hice fotos con triples posiciones. Y en algún momento me gustaría dedicarles tiempo a estos proyectos que tal vez no tienen lugar en el trabajo para la agencia pero que me dan mucho aire. Además, por primera vez estamos pensando en volver a la Argentina. Una hija te cambia la vida y querés que tenga abuelos, primos… La familia de ambos está en Buenos Aires, tenemos amigos y yo tengo hasta un equipo de fútbol; solía ser un delantero ligero. Pero a la vez también me gustaría seguir viajando.//z

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