Ricarda Cometa: “Hay situaciones musicales a las que sólo se llega improvisando”

El trío experimental, de recorrido reciente por EEUU, Perú y Chile, repasa su comienzo y su presente además de definir cuál es la verdadera libertad que ofrece la improvisación musical.

Por Gabriel Feldman

Ricarda Cometa es un trío compuesto por Tatiana Heuman en batería, y Luciano Vitale y Jorge Espinal en guitarras eléctricas intervenidas. Después de conocerse en un taller de improvisación, probar diferentes instrumentos y enfoques, en el 2013 editaron su disco homónimo a través de Jardinista Rec, el sello de Juampi Subh  de Dario Dubois Duo.

RC asoma como una rareza dentro de la amplia oferta experimental de la Ciudad de Buenos Aires. Dejan de lado la pose sobria que a veces rodea a propuestas que portan el adjetivo experimental para hacer música con pretensiones y que no desprecia a los géneros populares. Logran así un sonido propio, austero y atractivo, que parte de la improvisación y la exploración de técnicas no convencionales, y se adueña con éxito de los ritmos tropicales y del baile.

Creada en el momento de la performance, es una música que reflexiona sobre la relación entre el cuerpo y la expresión sonora, tensando las posibilidades tímbricas y rítmicas como única respuesta posible.

En el 2015 formaron parte de los compilados de música experimental ¡Salgan al sol! del sello limeño Buh Records y de South America is Part of The Problem, una lectura de la ebullición de bandas en el continente hecha por Stereo Neg Records de Brooklyn. En marzo editaron su segundo larga duración, DDDRC, el retrato de las sesiones un poco más voladas que compartieron con Darío Dubois en abril del año pasado como festejo del cumpleaños de Luciano.

AZ: ¿Por qué decidieron que toda su música sería improvisada? ¿Qué sienten que les aporta?

RC: Desde los principios, la idea de Ricarda fue probar, experimentar con el material que teníamos a mano, jugar con lo que había a disposición, y eso era inevitablemente a través de la improvisación. Nos empezamos a conocer tanto tocando así que la banda tomó ese camino sin que nos lo cuestionemos siquiera. Intentamos hacer otras cosas más ligadas a la composición, pero por un motivo u otro no nos terminaban de convencer.

Hay ciertas situaciones musicales a las que sólo podemos llegar improvisando. También notamos que de esta manera nuestros conciertos pueden ser radicalmente diferentes unos de otros: nos sentimos libres de poder cambiar cuando así lo queremos, sin la obligación de ceñirnos a un formato cerrado.

AZ: De todas formas presentan su música en un álbum (con carátula) y la unidad es el tema: ¿Cómo pasan del momento de la improvisación al tema? ¿Qué significado tiene el disco como unidad de comunicación?

RC: A lo largo de estos años los discos (y las sesiones de grabación en general) funcionaron para plasmar momentos en la vida de la banda, estadios en los que nos encontramos en momentos determinados.

En nuestros discos lo que se escucha siguen siendo pequeñas improvisaciones, sólo que éstas se pueden reproducir una y otra vez (aunque nosotros no tengamos ni la menor idea de cómo tocarlas nuevamente). De todos modos, para nosotros es bastante claro que el formato final de nuestras improvisaciones es el “tema”: siempre estamos muy atentos a la forma de lo que vamos creando y a cómo administramos los materiales. Nos sentimos más afines a la idea de improvisar temas que a la de colgar creando paisajes sonoros (¡aunque un poco de cuelgue ocasional nunca viene mal!).

AZ: ¿Cómo salió el nombre “Ricarda Cometa”? ¿Cómo fueron los primeros ensayos?

RC: Ricarda Cometa era el nombre de la bisabuela de Luciano. Nos encanta que el trío tenga un nombre propio, adquiere su propia personalidad. Nuestra idea siempre fue funcionar como una unidad. Los primeros encuentros fueron a fines del año 2009. Tati y Jorge se habían conocido meses atrás en un taller de improvisación, y decidieron juntarse a tocar fuera de ese contexto. A esas primeras sesiones también se sumó Lulo. La comunicación se dio entre los tres automáticamente. En ese entonces Tati tocaba la trompeta, Lulo alternaba entre el contrabajo y la flauta traversa y Jorge tocaba la guitarra (al igual que hoy día). Si bien el enfoque era distinto, reduccionista y texturoso, la improvisación siempre fue nuestro medio, y nuestra inquietud por la música étnica estuvo ahí desde un principio. Luego de tocar en el Festival Tsonami 2011 en Valparaíso, Chile, Tati empezó a tocar la batería y el resto es historia.

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AZ: Me parece que cuando se habla de experimentación o improvisación se piensa en una cosa más hippie, zapada, como sinónimo de “mayor libertad”. Más allá de que una libertad absoluta creativa es utópica, en su música la experimentación parece nacer desde otro lugar, cobra más rigor. ¿Qué significa experimentar para ustedes? De por sí ensayan y no surge por combustión espontánea, ¿tienen un método? ¿Qué herramientas utilizan?

RC: Es cierto que ensayamos con asiduidad, pero más que ensayos nuestros encuentros son espacios de estudio y práctica. Los tres somos muy obsesivos en lo que a estudiar nuestros instrumentos se refiere, y siempre estamos atentos a estudiar y llevar a la práctica diversas complejidades rítmicas que van surgiendo a medida que tocamos. Quizá el costado más “experimental” de Ricarda siempre tuvo que ver con desestimar por completo las nociones más tradicionales de lo que son la melodía y la armonía, para poner el foco en el timbre y el ritmo.

AZ: Una parte distintiva del sonido de Ricarda es la guitarra intervenida con chapas. Economía al servicio de la creatividad. Está completamente legitimado ver a un guitarrista con una pedalera enorme, y tal vez porque hubo mucho guitarrista de rock en plan virtuoso usando un arco de violín, después alguien usa una técnica distinta con objetos, o interviene su instrumento con algo más a mano, y parece que está vendiendo humo. ¿Cómo definirían ese acercamiento al instrumento? ¿Cómo llegaron a eso? ¿Qué músicos sienten afines en esa búsqueda sonora?

RC: Durante la primera etapa de Ricarda Cometa los tres le dedicamos mucho tiempo a la exploración de las técnicas extendidas en nuestros respectivos instrumentos. Uno de los descubrimientos que surgió de esas búsquedas fue una muy interesante reacción magnética que sucede al entrelazar chapas de metal entre las cuerdas de la guitarra, justo a la altura de los micrófonos (bobinas). El sonido resultante es muy percusivo y particular, y aunque dependiendo de cada chapa la definición de las notas y la afinación pueden variar de manera muy drástica, esta intervención permite tocar la guitarra con una técnica bastante parecida a la tradicional. En cuanto a la afinidad con otros músicos, siempre tuvo más peso para nosotros el desarrollo de técnicas personales para poder trabajar sobre ciertas inquietudes, más que desarrollar nuestro sonido a partir de influencias. Desde John Cage y su piano preparado han aparecido infinidad de músicos interesados en indagar un poco más allá, doblando las reglas y creando las propias.

 AZ: ¿Cómo surgió la idea de hacer un disco con Darío Dubois?

RC: Darío Dubois es hace años una de nuestras bandas favoritas de Buenos Aires, y siempre coqueteábamos con la idea de colaborar algún día. Finalmente decidimos juntarnos a grabar sin ensayo previo ni ideas claras, sólo con el planteo de tocar de tres maneras distintas: estilo Dubois, estilo Ricarda y por último una sumatoria de ambos perfiles.  La grabación tuvo lugar en abril del 2015 a modo de festejo del cumpleaños de Lulo (de ahí el nombre del primer track de DDDRC). La música fluyó con una naturalidad tremenda, y el resultado final nos encantó.

AZ: Al tener esta influencia de ritmos latinos pienso en el baile como primera respuesta frente a los sonidos. ¿Cómo piensan las presentaciones en vivo? ¿Cuál sería el mejor lugar para tocar?

RC: Sería un sueño tocar en la selva o en la playa, al aire libre, en un lugar tropical, con gente en trance alrededor bailando y tocando saxos excéntricos de bambú y caracolas. Y después del concierto comer muchas frutas deliciosas.

AZ: ¿Qué música escuchan por placer? ¿A qué discos o artistas escuchan seguido?

RC: Tenemos personalidades bastante diferentes en lo referente a elecciones musicales: en muchas coincidimos y en otras tal vez no tanto. En cuanto a influencias comunes siempre nos entusiasmó mucho investigar músicas tradicionales de diferentes partes del mundo. En el último tiempo estuvimos escuchando algunos temas de música chamánica coreana, y de ese material sacamos varias ideas. Hay una pureza en esos sonidos que nos atrae mucho y nos inspira para improvisar. A la hora de nombrar algunos artistas importantes para nosotros, siempre parecemos reincidir en Joe Arroyo, Los destellos, COSO, Chacalón y la Nueva Crema, Bill Frisell y Super 11, entre otros.

AZ: Tocaron en Chile y en Perú, desde donde llega mucha data, participaron de distintos compilados, individualmente estuvieron en EEUU participando de movidas, ¿cómo ven la situación experimental en Argentina? ¿Se sienten parte de una escena experimental?

RC: La verdad es que en CABA parece haber cada vez más actividad cultural, es decir, se siente como fue creciendo la cantidad de movidas. Pero también eso va variando, en función de la época del año, incluso de la economía del país. Nuestra banda funciona hace como siete años y fuimos pasando por diferentes oleadas de circuitos que tampoco eran muy distinguibles. Siempre hay lazos de amistad y de similitud estética que te van uniendo con amigos que también tocan, entonces de alguna manera se forma una cierta ‘escena’. Pero no sabríamos si visualizarlo como algo fijo.

AZ: ¿Se puede pensar en una escena experimental? ¿Cuáles son las dificultades de hacer un proyecto de este tipo de música en la CABA?

RC: Hay mucha gente que está experimentando en esta ciudad, parece como si se formaran pequeños círculos que se van rozando. Las locaciones a disposición del under no sobran a menos que pagues por tocar. Estamos intentando relacionarnos con otro tipo de lugares para mejorar la calidad de nuestros conciertos. Hace una semana tuvimos una fecha genial en La Casa Nacional del Bicentenario y fue muy placentero tocar con una mejor infraestructura. Sería óptimo que se abrieran cada vez más estos espacios para aquellos que estamos construyendo sonidos diferentes.//z

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