Quiero ser un niño de verdad (otra vez)

En el marco de la Bienal, hasta el 7 de junio el grupo Mondongo presenta un Pinocho demasiado real y ya entrado en años: esta vez sus mentiras podrán ser visualizadas a través de un ventanal expuesto al público.

Por Brenda Alegre
Fotos de Matías Alfonzo

En el pasaje de la Avenida Santa Fe al 4000 (Gurruchaga 2465) se vislumbra un pequeño tumulto de gente. Uno creería que nada malo puede pasar con la presencia de la comisaría en la esquina, pero al cuestionar a los presentes sobre lo qué está pasando, afirman que el mentiroso más popular de la historia aguarda detrás de la cortina, ¿no es un delito mentir? Una performance que fue expuesta para la prensa, al día siguiente será juzgada por la subjetividad del público.

Manuel Mendanha y Juliana Laffitte, pareja artística y real, vuelven a utilizar personajes de los cuentos infantiles para inmiscuirlos en la vida cotidiana del adulto. Lo hicieron un tiempo atrás cuando Caperucita Roja junto al lobo, hechos de plastilina, podían reconocerse como personajes de la novela de Vladimir Nabokov Lolita.

En la previa de la performance uno se replantea si es normal que en el 2015 haya hipsters viejos, o para ser sinceros, snobs. Son los amigos de campeón, algunos de ellos con vasos de alcohol en sus manos y calzando zapatillas Topper, hablan de la high society y de cuánto aprecian vestir Chanel. Es vertiginosa la indecisión de permanecer en el lugar escuchando tanta banalidad pero uno recuerda que Mendanha es una persona agradable y los bellos trabajos de Mondongo. Unos minutos después aparece Juana Molina para remontar la situación. Es curioso, pasa inadvertida.

Ya en otro contexto, gran cantidad de personas esperan pronto a develar el misterio que esconde, en una vidriera del barrio de Palermo, “No soy tan joven para saberlo todo”, la nueva obra de Mondongo aquí en La Bienal. Unos segundos después de abrirse el telón una niña rompe en llanto – el impacto fue para todos- quizás porque a la noche tenga una pesadilla pero no cabe duda que será sofisticada.

Tras la cristalera irrumpe un joven con una máscara de Pinocho espejada, es José Fogwillhijo del escritor Rodolfo Fogwill-, quien interpreta al hijo de Geppetto: sus ojos son penetrantes y sus movimientos tan delicados que comprueban que esta obra poco tiene que ver con la rigidez del niño de madera. Se encuentra en un pasillo que simula el Salón de Espejos del Palacio de Versalles puesto en perspectiva. Velas, una escoba de juguete y una torta serán objetos activos que compondrán “una serie de cuadros alegóricos”, según sus creadores.

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Mondongo trabaja desde hace 15 años  y el nombre del grupo partió como chiste entre sus integrantes al hacer referencia a la cantidad de diversos ingredientes que lleva el plato popular argentino, simetría que conllevan las propuestas populares que realizan. Un retrato de Maradona hecho por cadenitas de oro, el del Papa Francisco con ostias o el de Eva Perón con panes son algunos de los trabajos que realizaron. El sello del grupo pone nuevamente de manifiesto la razón de ser del “ver más allá” y da vía libre a la estimulación visual de quienes vayan a ver la performance.

 Convocados por el director del Museo Nacional de Bellas Artes de Neuquén, Oscar Smoljan. Se expone hasta el 7 de junio a las 20 hs, con una duración de 25 minutos. Como si fuera poco, en el sótano del mismo lugar se encuentra “Papelón”, una performance interactiva de Roberto Jacoby y Alejandro Ros que propone una regresión a la niñez, un espacio que se asemeja a un pelotero hecho por bollos de papeles que dejan de oficiar como lienzo para las piezas graficas e invitan al público a zambullirse y nadar bajo el efecto de luces y música que acompañan muy bien al lugar.//z

La entrada es libre y gratuita. Más información sobre la agenda de la Bienal 2015 aquí.

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Un comentario en “Quiero ser un niño de verdad (otra vez)

  1. Muy interesante los felicito a Brenda y Matias por su gran aporte a la cultura de la ciudad y también agradecerles a Manuel y Juliana por contar su gran arte.

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