Por el lado (no tan) salvaje de la vida

El joven Kurt Vile comprime sus experiencias en Walkin on a pretty daze, un álbum donde llega a la madurez sin perder vigencia, dando por resultado su mejor placa.

Por Nahuel Ugazio

Cabe aclarar que este cronista tiene un especial prejuicio con las canciones de más de 5 minutos de duración, así que cuando ve que el primer tema de Walkin on a pretty daze dura casi 10, se ataja. Pero, ¡sorpresa! (o no tanto) Kurt Vile nos pasa el trapo. La canción homónima en cuestión que abre su nueva producción es una bellísima, hipnótica y blusera descripción de este momento tan especial del nacido en Philadelphia, quien a sus jóvenes 33 años se ve inmerso en una vida sobria, hogareña y de familia. Vile supo comprimir toda su experiencia rockera a través de sus cinco discos solistas, Walkin in a pretty daze viene a ser el de la maduración. Ojo, esto no quiere decir que sea un disco aburrido, monótono o careta, sino que el clima del álbum denota una atmosfera de tranquilidad y confort hogareño, forzado además por el simple y tajante concepto de “ya se las sabe todas”. Vile ya no tiene por qué esforzarse para demostrar que es una de las figuras más crecientes del rock norteamericano, y gracias a esta falta de presión, pudo crear un álbum sin fisuras, en plena libertad, con puntos de salvajismo y sencillez, que dan por resultado su mejor trabajo hasta la fecha.

La ecuación blues + psicodelia vuelve a ser el eje principal de la obra de Vile. Turnando elementos acústicos con eléctricos (y hasta electrónicos), Walkin in a pretty daze mantiene un nivel rítmico y sonoro tan parejo a través de sus 11 tracks, cerrando una temática conceptual. Pasamos del rock más hitero de “KV Crimes” y “Shame Chamber”, a las canciones con caja de ritmo como el caso de “Was all talk”(uno de los puntos más altos), hasta el folk blues mantrico de “Girl Called Alex” y “Too Hard”. “Snow flakes are dancing”es el punto más claro de la psicodelia, mientras que la genial (y larguísima) “Goldtone” cierra el disco que, a pesar de su duración, no pesa, no aburre, y se posiciona como fiel música de fondo para cualquier momento de nuestras vidas. Sólo hay que saber encontrar esos momentos. Kurt Vile está relajado, hace lo que quiere y le gusta hacer, y le sale mucho más que bien.//z

Arecia_Octubre

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