Polvo de Pared, de Carol Bensimon

El nuevo material de Dakota Editora no aporta grandes sorpresas pero sí decididas reflexiones sobre el cinismo de una generación y su literatura light.

Por Sebastián Rodríguez Mora

En los tres relatos que componen este libro, Carol Bensimon despliega un lirismo contenido en el que el costado melancólico de la juventud se revela con una frescura que, aunque no esté desprovista de ironía, mantiene a raya el cinismo de toda una generación.” La cita proviene de la contratapa escrita para esta traducción y edición de editorial Dakota. Es, a todas luces, una lectura convencida, así como una toma de posición respecto a la literatura contemporánea. Ahora definiremos por qué estamos, si no en desacuerdo con lo primero, en abierta lucha contra lo segundo.

Polvo de Pared (publicado originalmente en 2008) es un nuevo embate –disipado, aggiornado- de la literatura intimista que tanto parece identificar a los nacidos alrededor de la década de los ochentas. La anteúltima generación que está escribiendo insiste en escarbar con decidido desgano los pliegues de la infancia desde la primera adultez. ¿Qué embudo temático hay en la niñez como para que el interés derive hacia ahí constantemente? Carol Bensimon (Porto Alegre, 1982, elegida por la crítica como una de las mejores escritoras jóvenes de Brasil) divide sus tres relatos hacia adentro de sí mismos, pisa siempre con cuidado, evita afirmar pero también, es una pena, omite sugerir. Sin ser conciente de ello, el “lirismo contenido” también significa en este volumen total indefinición de tono, fragilidad por momentos intolerable; literatura light que va bien si se le unta un poco de color pastel encima de la tapa.

Polvo-de-pared-Tapa

Tomás sonríe y se viene a sentar al lado mío. Su mochila aterriza antes de que llegue él. Paf en el asiento, y después se sienta. Hola, Alice. Hola. A Tomás le gusta hablar sobre guerreros y elfos, no tengo dudas de que va a empezar pronto, y también sobre Jack, El Destripador, lo cual sería divertido si yo pudiera decir algo sobre historias de detectives y música ruidosa, pero lo que pasa es que todavía no me siento predispuesta a fundar el club de los anormales.” ¿Eso es una reflexión sobre el presente o una reflexión sobre el pasado en presente? El intento de reproducir las inseguridades dentro del discurso de una púber que sufre el distante bullying de la mayoría de sus compañeros está logrado. Pero toda la cosa es: ¿para qué sirve? Sabemos que la literatura es un camino de redención, venganza, curación. Aplaudimos los testimonios heroicos y antiheroicos. Pero quizás sea la época o que envejece y se pone violenta, vengativa, redentora. El aburrimiento sistemático de nuestra generación vomita, escarna o eyacula. El vómito ante el presente neurotizante, el escarnio mediante el cinismo, la eyaculación constante de lo nunca dicho. Del primero tenemos suficiente en la literatura del yo, del tercero también ante la total banalidad del bien y el compromiso líquido. El segundo, aparentemente reservado para las redes sociales, es el que según la contratapa de Polvo de Pared debe ser contenido, mantenido a raya.

El cinismo también está en la beautiful people que escribe Polvo de Pared con el mismo celular que captura fotografías en Instagram y se pronuncia a través de Facebook en contra de las fotografías de niños muertos en las playas europeas que visitarán tarde o temprano. El cinismo de los no cínicos, el de los bienintencionados con las manos y los billeteras llenas de futuro, es el que debe ser mantenido a raya con un decidido corte en la garganta.

El lirismo está cada vez más lejos de la literatura joven y cada vez más cerca del fútbol. Podemos decir que Polvo de Pared observa bien el detalle de las expresiones en los rostros, los barrios de clase media brasileña y por momentos la relación de lo urbano y la Naturaleza. Pero siguiendo la primera oración del párrafo, se puede afirmar que este libro juega sin arcos. Es tiempo de que nuestra generación comience a cuestionarse sobre el teclado para qué sirve lo que estamos haciendo. Si es el cinismo el que nos define, identifiquemos sus poderosos motores. El aburrimiento, el desértico futuro y su degradado presente de cableríos en corto, el otro como potencial enemigo. Ahí habita lo que late y espera a ser escenificado.//z

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