Pensá en verde.

Por Matías Roveta

Nadie duda de la posición vanguardista en el frente de batalla del Rock combativo que ocupa Green Day, ni de su trascendencia como una de las bandas más importantes en la actualidad. Tampoco se tienen reparos en afirmar que Green Day es uno de los pilares contemporáneos dentro de la Cultura Rock, un grupo que traspasó la barrera del Punk y se convirtió en banda de estadios, con un sonido universal y de Ópera Rock, manteniendo viva una actitud rebelde, contestataria e idealista desde sus letras anti-sistema, en tiempos donde el Rock de ideales parecía destinado a la extinción. Nadie duda de esto, mucho menos sus integrantes, quienes asumen su condición de Rockstars: “Con American Idiot lo aceptamos por primera vez, esto es lo que somos. Dejamos de lado la fantasía adolescente de querer ser Pete Townshend. Cuando asumimos eso, nuestras convicciones se volvieron mucho más poderosas, nuestro mensaje se volvió intelectual y nos volvimos más sólidos como compositores”(1) dice su líder Billy Joe Armstrong.

En tiempos actuales, hablar de Green Day poniéndolos al nivel de monstruos del Rock como U2 o The Rolling Stones no tiene nada de raro y nadie debiera incomodarse por ello, pero resulta realmente llamativo cómo Green Day llegó a convertirse en lo que es. Quizás ni el más optimista podía pronosticar este presente cuando allá a mediados de los 90’ el trío surgido de Berkeley irrumpió en la escena del Rock. Aquellos punkies descontrolados que tocaban un Punk agresivo, crudo y de tres acordes, con letras que hablaban del aburrimiento adolescente, de la masturbación o de mirar TV, devinieron en esta monumental Ópera Rock, con sonidos y arreglos que integran casi cuatro décadas de música (en sus últimos dos discos hay sendos homenajes a Queen, The Doors, Hendrix o The Beatles), y una lírica ideologizada, cargada de mensajes antibelicistas, con denuncias hacia el Estado, gobiernos o la Religión.

Los integrantes de Green Day eran unos chicos de apenas 20 años cuando abrazaron la masividad al editar el genial Dookie (1994). Con este disco, instauraban y consolidaban un nuevo estilo -el Pop Punk-, tomando como legado lo mejor de las melodías pop de los Ramones, con sus armonías vocales (que luego se convertirían en marca registrada de Billy Joe y Mike Dirnt, bajista) y la furia y agresividad de los primeros Pistols, fusionándolo todo y logrando una síntesis superlativa. Se convirtieron en millonarios de la noche a la mañana (vendieron la astronómica cifra de 16 millones de copias y disfrutaron de toda suerte de excesos). Era absolutamente lógico que sus letras tocaran temáticas casi infantiles y que su música no tuviera grandes ambiciones: eran solo adolescentes. Sin embargo, el éxito, la fama y el dinero rápido, los condenó. Sufrieron la crisis de la mediana edad (antes de los 30 estaban todos ya casados con hijos) y estuvieron al borde de la separación a fines de los 90’. Quizás todo ello dejaba entrever que ese estilo de vida y esos lujos no eran su objetivo, que algo dentro de ellos no estaba bien, o al menos que algo permanecía insatisfecho artística o espiritualmente y que tenían más para decir. Tardaron varios años en darse cuenta de ello, pero cuando lograron sus obras conceptuales del Siglo XXI, abrieron una nueva y genial etapa en la vida de la banda.

Analizar en perspectiva su trayectoria permite visualizar un notable progreso y cómo disco a disco fue madurando su arte. El ingreso del baterista Tré Cool, luego de Kerplunk (1992), generó esa base sólida junto a Dirnt que permitió grabar la placa más exitosa, Dookie. Luego lanzaron Insomniac (1995). Disco un tanto alejado de la fusión Punk-Pop, es una obra más oscura, con letras pesimistas y un sonido denso y abrasivo. Según Mike Dirnt, el álbum era “una descarga hacia las críticas de fans y seguidores”(2)- que los tildaban de comerciales y de haber traicionado sus ideales reflejados en la obra anterior.. El paralelismo con Nirvana fue inevitable cuando luego del descollante éxito de Nevermind (1992), con el ingreso de Dave Grohl en batería, la banda de Cobain editó In Utero (1993), atravesado por una atmósfera agresiva.

En 1997 Green Day lanzó al mercado Nimrod, un disco en el cual, sin alejarse de su estilo Punk-Pop con canciones como “Hitchin’ a ride” o el lado B “Sick”, se permitieron incorporar nuevos sonidos y estructuras, como lo son “King for a day”, con arreglos de trompetas y trombón, “Walking alone”, con pasajes de armónica, o “Good Riddance (Time of your life)”, una balada acústica con sección de cuerdas y guiños a los Beatles. Es quizás su disco más elaborado y experimental, y ocupa un lugar de añoranza en el corazón de sus seguidores.

Su sexto trabajo, Warning (2000), fue muestra de una clara madurez y crecimiento como compositores y consolidó a Billy Joe en su rol de letrista. Hay una clara evolución musical en canciones como “Warning”, donde hay críticas a la cadena de montaje, a los countries y a la policía: “¿Soy yo o es el policía el verdaderamente peligroso?”, reza la letra; o “Minority”, donde escribe desde el lado de los marginados y de las subculturas. Armstrong ya da indicios de lo que se venía…

Las letras y los ideales contestatarios, que comenzaban a aflorar con Warning, terminaron de explotar con American Idiot (2004) y 21st. Century Breakdown (2009) en una majestuosa y formidable Ópera Rock. Estas placas reflejan intentos Punks de emular el Tommy (1969) de los Who o The Wall (1979) de Pink Floyd. En varias entrevistas, Armstrong declaró que antes de comenzar a componer American Idiot, les contaba a sus compañeros su idea: componer la Bohemian Rhapsody del siglo XXI. En cierto modo lo logró. La música de estos dos discos es más global, con arreglos y estructuras que trascienden los propios límites del Punk. Sus letras son un arsenal de críticas a Bush y su Gobierno Imperialista. Hoy en día cualquiera puede criticar a la administración Bush (de hecho es moneda corriente hacerlo), pero lo interesante era hacerlo en ese momento, en tiempos donde Bagdad ardía por una hipócrita Guerra y Saddam Hussein era el enemigo público número uno. Otros temas abordados por las letras de estas placas, como la religión (“East Jesus Nowhere”), los medios (“American Idiot” y “Holiday”), la guerra (“21 guns”), o el Estado (“21st. Century Breakdown”) con ácidas críticas hacia ellos, convierten a estos discos en obras conceptuales.

Dicho esto, será entonces una buena oportunidad ir al Pepsi Music para ver en vivo a esta gran banda que atraviesa un buen momento y que significa, para nosotros, una de las mejores visitas internacionales del año.

 


(1)Revista Rolling Stone,Abril de 2005,número 84:”Green Day y la rebeldía de no ser jóvenes” por Matt Hendrickson.

 

(2)- Idem (1)


 

Un comentario en “Pensá en verde.

  1. groso show, uno de los mejores que ví, me creí como quinceañera que para ellos fue tambien el mejor show que hicieron (igual que lo hicieron los pibes de brasil y la semana que viene los de chile 😛 )

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