Otro acto de amor

Para Multi-Love, los Unknown Mortal Orchestra sacrifican parcialmente la estética lo-fi y entregan su disco más satisfactorio a la fecha.

Por Emmanuel Patrone

No sabemos si existe un ensayo que propone dibujar paralelismos entre las relaciones de las personas con la música y de éstas mismas con otras en un ámbito romántico. Si no es así, el ensayo plantearía lo siguiente: en primer lugar, uno puede amar monogámicamente a cierta banda, cierto artista, hasta cierto género musical con fidelidad, jurando amor eterno y evitando la intrusión de otras bandas, artistas y géneros. También puede uno dedicarse a la poligamia musical, ir de un lado al otro degustando, probando, disfrutando de varias manifestaciones sin llegar a entablar una relación estable. Por último, el ensayo propondría que la relación más sana que puede tener uno hacia la música es un tipo de relación poliamorosa. No hay que confundir con la poligamia: en una relación musical poliamorosa hay una fidelidad, un respeto y una dedicación férrea a más de un artista, de una banda, de un género, de un estilo. El verdadero melómano, entonces, practicaría esta última cosmovisión romántica.

Si algo nos enseñaron los muy buenos álbumes predecesores de Unknown Mortal Orchestra (en adelante, UMO) es que Ruban Nielson, líder del trío, es un practicante del poliamor sónico, en el que su cariño por la psicodelia, el soul, el funk, el rock experimental y el pop en sus diversas vertientes empapan cada segundo de sus trabajos, sin dejar escapar de vez en cuando cierto dejo de goce irónico. Sin embargo, esa pizca de ironía no resulta en productos deshonestos, víctimas del más insincero collage posmoderno. Desde su título, Multi-Love, el tercer disco de estudio de UMO, aunque no hable definitivamente sobre eso, se escucha como la prueba más acabada de la multiplicidad de las simpatías de Nielson al servicio de nueve canciones.

Lo primero que llama la atención de Multi-Love, comparándolo con los álbumes anteriores de UMO, es su producción. Mientras que el lo-fi era una de las vedettes de aquellos primeros dos discos, que llevaba a que las canciones suenen como reproducidas por un cassette que fue consumido por los rayos del sol, aquí las canciones suenan más luminosas, con más detalles que de costumbre, aunque algunos instrumentos -sobre todo la batería- sigan sonando compactas y lejanas. La mayor predominancia de los sintetizadores es un acierto, logrando aportar nuevas dimensiones al sonido sin llegar a sonar como juguetes caros que se entrometen en la configuración sónica de la banda en un afán de parecer más “modernos”.

Pero más allá del traje más pulido del sonido, lo que siempre terminó conquistando en UMO (desde aquel primer single de hace un quinquenio, “Ffuny Ffriends”) fueron las canciones. El track homónimo al disco gusta desde las primeras notas de sintetizador, antes de la explosión de batería y la melodía llevadera y extrañamente pegadiza. Más adelante, pisan el acelerador del soul y se codean con el mismísimo Sly Stone en “Can’t Keep Checking My Phone” y “The World is Crowded”. Por allí también se asoman al funk en “Like Acid Rain” y la siempre infalible psicodelia en “Stage and Screen” y “Puzzles”. El único momento en que están apunto de tropezar es en “Extreme Wealth and Casual Cruelty”, que amenaza con rizar demasiado el rizo de la lisergia enfiebrada pero termina siendo salvada por un final que la saca del fango del tedio.

Multi-Love es el disco más satisfactorio de los UMO hasta el momento, uno que sacrifica el truco lo-fi -por lo menos parcialmente- pero no los sentidos melódicos y rítmicos. En otro acto de amor, Ruban Nielsen deja que sus canciones, por una vez, brillen sin necesidad de andar ensuciando el terreno.//z

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